(Nota del editor. Este texto fue redactado por el autor a mediados de julio. Aunque estos movimientos han perdido la fuerza que tuvieron hace unos meses o semanas, las reflexiones aquí vertidas -creemos- siguen siendo vigentes para estimular algún tipo de debate.)

Durante la primavera de 2011 aparecieron dos protestas que buscaban generar un cambio en sus respectivos países: el 15-M, en España, y la Caravana del Consuelo, en México. Sus alcances específicos eran (o son, porque las manifestaciones siguen activas) diferentes; mientras que los miembros del 15-M tienen como una de sus consignas buscar la “democracia real”, la Caravana del Consuelo espera que el gobierno federal cambie su estrategia de combate al crimen organizado. Pero tienen otros puntos en común, como la utilización de medios pacíficos, el impacto que han tenido en las redes sociales de internet o que, a fin de cuentas, su objetivo no es ir contra sino luchar por algo. Protestas en otras partes y momentos comparten más o menos esos mismos rasgos. La novedad en el 15-M y en la Caravana del Consuelo, y donde probablemente estaría su contribución más notable a los procesos políticos actuales, es que ambas protestas permiten ver con mayor claridad que en otros casos la posibilidad de que haya un cambio mucho más profundo en la relación entre gobierno y gobernados.

Una de las mayores novedades de la teoría y práctica políticas modernas es la idea de que los hombres son capaces de cambiar las circunstancias del entorno público en el que viven.[1] Se ha usado y abusado de esa idea en gran parte de los acontecimientos políticos desde hace, al menos, dos siglos y medio, como en las guerras de independencia de las colonias americanas y africanas, en los movimientos liberales europeos del siglo XIX o, incluso, en los regímenes nazi y soviético. En todos esos casos se puso en práctica la idea de que la acción de los hombres es suficiente para construir condiciones distintas a las existentes. Así, la intención del cambio político se deriva de la necesidad de obtener algo nuevo, de defenderse ante una situación que se juzga adversa o de resguardar algo ya existente y que se ve de algún modo amenazado.

Las protestas relacionadas con el 15-M pueden entenderse como acciones de protección frente a un ambiente perjudicial. Una semana antes de las elecciones autonómicas y municipales[2] en España, un grupo de personas, sobre todo jóvenes, organizó protestas y campamentos en las principales ciudades del país, entre ellas Madrid, Barcelona y Málaga. Reclamaban que no querían pagar mediante aumento de tarifas en los servicios financieros, malas condiciones laborales y reformas gubernamentales “antisociales” una crisis cuya culpa recaía en los dos principales partidos, “divorciados” de la sociedad, y los banqueros y grandes empresarios, “los poderosos”. En las elecciones autonómicas y municipales, aunque el Partido Popular (PP) y el Socialista Obrero Español (PSOE) conservaron los dos primeros lugares, otros partidos, como el Convergència i Unió (CiU) y la coalición Bildu obtuvieron triunfos novedosos en Barcelona y el País Vasco, respectivamente.[3]

En cuanto a la Caravana del Consuelo, luego de que se encontrara a su hijo muerto en el interior de un coche, junto a otros seis cadáveres, como ocurre con homicidios relacionados con el narcotráfico, el escritor mexicano Javier Sicilia organizó una serie de manifestaciones en varias ciudades del país. Primero, exigió que si las autoridades no tenían capacidad para ofrecer seguridad a los ciudadanos, se “largaran”. Después, comentó que denostar a los gobernantes no era productivo. Luego, se realizó la Caravana: al recorrer varias comunidades del país, incluyendo las más afectadas por la violencia vinculada a los combates entre las Fuerzas Armadas y organizaciones criminales, y entre sí, recogió testimonios de gente que de algún modo ha padecido esa inseguridad. El clímax llegó en una reunión a finales de junio de 2011 entre esas víctimas y el Presidente Felipe Calderón y varios miembros de su gabinete, con el objeto de dar elementos que permitieran reorientar las acciones que se han seguido en el combate al narcotráfico en México.[4]

Luego de la gran atención que recibieron en los medios, de la constante difusión que tuvieron en las redes sociales de internet, y de sus respectivos apogeos con la victoria no contundente del PP y el PSOE, por un lado, y del diálogo con el Presidente Calderón, por el otro, una pregunta que se antoja inmediata es si el 15-M y la Caravana del Consuelo ya lograron sus propósitos y si, por ello, tuvieron éxito. Una primera respuesta es negativa. Podría decirse que los manifestantes no buscaban necesariamente un cambio en la política (del sistema de gobierno), sino de políticas, de decisiones y acciones gubernamentales relativas al ámbito gubernamental. En España, quienes participaron en las manifestaciones del 15-M querían que los políticos dejaran de poner en práctica medidas que obstaculizaban el desarrollo profesional de los ciudadanos, haciéndoles cargar con el peso de una serie de crisis que ellos no habían gastado.

En México, la intención de Javier Sicilia y de la gente que lo apoyó y acompañó en la Caravana era entregar testimonio al gobierno federal de que sus acciones contra el crimen organizado causaban mucho daño a la sociedad, para que se cambiaran y terminara con los altos niveles de violencia relacionados con el combate al narcotráfico. Sin embargo, en España los dos principales partidos políticos tienen como principal preocupación prepararse para las próximas elecciones nacionales (programadas para marzo de 2012, pero que podrían adelantarse al otoño de 2011), y en México, salvo la promesa de que se dará seguimiento al diálogo entre las víctimas de la violencia y el gobierno federal mediante una reunión en septiembre, no se concretó ningún acuerdo.[5]

No obstante, en un contexto más amplio, ambas protestas, incluso desde su misma organización, cumplieron con propósitos que iban más allá de sus objetivos iniciales, pero cuya realización completa aún queda pendiente: un cambio en la relación entre gobierno y gobernados. Esto se alcanza a percibir no tanto en sus consignas, medios o metas (pocas o muchas) alcanzadas, sino en el espíritu de las manifestaciones. En ambos casos, se suponía que representaría un gran avance el que los políticos escucharan las opiniones, perspectivas o, en última instancia, las quejas de la sociedad. Idealmente, los protestantes esperarían que ello se convirtiera en materia prima para la toma de decisiones gubernamentales. Notablemente, el que en estas protestas convergieran varios grupos sociales (estudiantes, empleados de los sectores público y privado, amas de casa, habitantes de grandes ciudades o zonas rurales) y que no se identificaran inmediatamente con algún partido u organización política, les otorgó un sentido de representatividad y autenticidad.[6]

Es decir, aunque las protestas comenzaron por ser contra algo, unas políticas, sus acciones y discursos las han vuelto más bien a favor de algo, una nueva forma de política. Y, según muestra la experiencia de las sociedades que se enfrentan al cambio político, la construcción de nuevas relaciones de poder es donde generalmente se cometen los mayores excesos contra la población o, cuando existe, se pierde o pervierte el sentido democrático, que busca una mayor distribución de beneficios y participación en el uso del poder.

Sin embargo, de lo anterior no se sigue necesariamente que las manifestaciones del 15-M y la Caravana del Consuelo contribuyan inmediatamente a construir regímenes democráticos en España y México. Más allá de cualquier duda, las protestas indican claramente que las sociedades mexicana y española son libres de organizarse y de expresarse, ambos elementos fundamentales de cualquier sistema democrático. Faltan muchas cosas, principalmente el que explícitamente se propongan (sobre todo el 15-M) tener un acercamiento más formal y sistemático con el gobierno, no en la calle, sino en un lugar donde se pueda entablar un diálogo con el gobierno, como sucedió con los participantes en la Caravana del Consuelo. ¿Qué tanto convendrá al gobierno y a los políticos abrirse a la participación de la sociedad en sus procesos de toma de decisiones?

Independientemente de los cálculos sobre costos, riesgos y beneficios que hacen los partidos sobre una participación más activa de la sociedad en la solución de los problemas públicos (les daría más legitimidad, conseguirían más apoyo electoral, pero también quedarían mucho más expuestos a ser vigilados, y estar sujetos a la presión de más grupos de interés complica las negociaciones políticas), la pregunta a la que lleva la observación de manifestaciones como el 15-M y la Caravana del Consuelo es sobre los alcances de la participación de los ciudadanos en la formulación e implementación de políticas. Sin duda, que las personas involucradas en algún problema se acerquen a las autoridades de su comunidad para señalarles el asunto y exigirles atención fortalece el carácter democrático de la vida pública. Pero, ¿corresponde a los ciudadanos proponer soluciones específicas y ponerlas en marcha, o ésa es más bien tarea de los funcionarios y servidores públicos, entre cuyos deberes está la atención de los problemas de una comunidad?

Dicho de otro modo, manifestaciones como el 15-M y la Caravana del Consuelo llevan a pensar sobre lo deseable, conveniente o adecuado de una nueva relación entre el gobierno y los gobernados. En estos dos casos, las acciones de protesta contra algo tienden a ser para algo. Revisar lo que corresponde a las autoridades, por un lado, y a los ciudadanos, por el otro, en la atención de los problemas de la comunidad es una de las discusiones que deben tenerse con más cuidado para mejorar la vida en el espacio público.


[1] Esto es en contraposición a la idea de que los cambios de una sociedad están más allá del control de la voluntad de los hombres, ya que, más bien, se deben a una compleja interacción de factores políticos, económicos y sociales, lo mismo domésticos que internacionales. Sobre la idea del cambio como resultado de la acción de los hombres véanse, por ejemplo, Alexis de Tocqueville, La Revolución y el Antiguo Régimen, trad. de Jorge Ferreiro, México, FCE, 1996; Barrington Moore, Jr., Social Origins of Dictatorship and Democracy. Lord and peasant in the making of the modern world, Boston, Beacon Press, 1966; Michel Crozier y Erhard Friedberg, L’acteur et le système. Les contraintes de l’action collective, s.l., Éditions du Seuil, 1977.

[2] España tiene 4 niveles de gobierno: nacional, de comunidades autónomas, provincial y municipal.

[3] La prensa española cubrió con mucho detalle las protestas del 15-M y los resultados electorales, que se interpretaron como una derrota al PSOE, a la cabeza del gobierno nacional y que perdió todas las comunidades autónomas donde hubo elecciones. Véanse, por ejemplo, “La manifestación de ‘indignados’ reúne a varios miles de personas en toda España”, El País, 15 de mayo de 2011 (consultado el 11 de julio de 2011: http://www.elpais.com/articulo/espana/manifestacion/indignados/reune/varios/miles/personas/toda/Espana/elpepuesp/20110515elpepunac_12/Tes), Carlos Hidalgo, “Miles de personas protestan en Sol por la situación social y política”, ABC, 18 de mayo de 2011 (consultado el 11 de julio de 2011: http://www.abc.es/20110517/espana/abci-miles-manifestacion-201105172021.html), Fernando Garea, “El PP, con más poder autonómico que nunca”, El País, 23 de mayo de 2011 (consultado el 11 de julio de 2011: http://politica.elpais.com/politica/2011/05/23/actualidad/1306112865_987293.html).  Además, está el sitio de los manifestantes: www.democraciarealya.es

[4] Rubicela Morelos Cruz, “En Morelos, asesinan a hijo del poeta Javier Sicilia y a seis personas más”, La Jornada, 29 de marzo de 2011 (consultado el 11 de julio de 2011: http://www.jornada.unam.mx/2011/03/29/politica/018n1pol), Rubicela Morelos Cruz, “’Lárguense si no pueden hacer su trabajo’, exige Javier Sicilia a Calderón y Adame”, La Jornada, 2 de abril de 2011 (consultado el 11 de julio de 2011: http://www.jornada.unam.mx/2011/04/02/politica/010n1pol), Alonso Urrutia, “Cambia el Ejecutivo la sede para el encuentro con Sicilia”, La Jornada, 23 de junio de 2011 (consultado el 13 de julio de 2011: http://www.jornada.unam.mx/2011/06/23/politica/008n1pol), y Mario Arriagada y Andrés Lajous, “Caravana del Consuelo: La marcha que camina al revés”, Nexos, julio de 2011 (consultado el 4 de julio de 2011: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2099372),.

[5] Además, en cuanto a España, muchas de las medidas que adoptó el gobierno nacional para enfrentar la crisis se derivan de compromisos con organizaciones supranacionales, notablemente varias vinculadas a la Unión Europea, y que independientemente del partido que gobernara, tendrían que ponerse en marcha. Véanse Carlos Cué, “Rajoy reivindica su estrategia de bajo perfil y pide elecciones anticipadas”, El País, 24 de mayo de 2011 (consultado el 13 de julio de 2011: http://www.elpais.com/articulo/espana/Rajoy/reivindica/estrategia/perfil/pide/elecciones/anticipadas/elpepiesp/20110524elpepinac_5/Tes), Anabel Díez, “El PSOE pugna por una sola candidatura”, El País, 24 de mayo de 2011 (consultado el 13 de julio de 2011: http://www.elpais.com/articulo/espana/PSOE/pugna/sola/candidatura/elpepiesp/20110524elpepinac_1/Tes), y Claudia Herrera Beltrán y Alonso Urrutia, “Calderón debe pedir perdón por los 40 mil muertos: Sicilia”, La Jornada, 24 de junio de 2011 (consultado el 11 de julio de 2011: http://www.jornada.unam.mx/2011/06/24/politica/002n1pol)

[6] Paul Almeida, “Defensive Mobilization: Popular Movements against Economic Adjustment Policies in Latin America”, Latin American Perspectives, 34 (2007), pp. 123-159 (especialmente pp. 129-130).