El grupo de Trabajo Sexual en Primera Persona no tiene una tarea fácil: pretenden encontrar, visibilizar, escuchar y viralizar las voces que nunca se escuchan. La de las trabajadoras sexuales. Y lo están logrando. Se paran, de forma crítica y empoderada, contra el abolicionismo y la “industria del rescate”. Pero más allá de las críticas, pretenden lo más simple: demostrar que muchas trabajadores sexuales eligen su oficio como una salida laboral que también disfrutan.

  • Nombre: Trabajo Sexual en Primera Persona
  • Ciudad/País: Buenos Aires, Argentina
  • @leonorsilvestri
  • Página de Facebook
  • Una frase: “Entre todxs nos vamos haciendo nuestro mundo ferminista putón sin vergüenza”.
  • Se define como: proyecto feminista autónomo y autogestivo de viralización de entrevistas a Trabajadoras Sexuales para visibilizar y compartir sus vidas y su oficio de manera empoderada y alegre que permita expresar voces usualmente acalladas.

La cámara apunta a Stella D’Vita, que se desenvuelve franca y experta. De fondo, en un espejo resaltan en amarillo y rosado: prostíbulo, pornstar, XXX, orgías… En el video se intercalan imágenes donde conviven consoladores con forma de pene, ollas, pelucas de diferentes colores, y sartenes. Las palabras “puta”, “slut”, “whore”, “sex worker” se plasman en cada azulejo, en cada rincón.

La locación de la entrevista es la casa de D’Vita (o su lugar de trabajo o ambos), una trabajadora sexual trans especialista en sexualidades diversas. Ella se arregla el pelo, usa mucho las manos, y da la cara sin ningún rastro de vergüenza. Dice que se especializa en “de todo un poco”, léase: “prefiero ser pasiva”, “algo de sadomaso”, “lesbiamos” (juega con mujeres a ser una pareja de lesbianas), y “mucha fantasía”.

“Me adapto a los clientes”, dice la trabajadora sexual como cualquier otro trabajador hablando de su oficio. Lo más importante: disfruta lo que hace.

Putas empoderadas, libres y visibles

Así como a D’Vita, la producción de Trabajo Sexual en Primera Persona ha entrevistado a Georgina Orellano y a Naty (una trabajadora sexual paraguaya cuyo departamento privado fue allanado nueve veces), Maria Riot (actríz porno local), y esperan su entrevista “algunas asistentes sexuales que trabajan con diversidad funcional, camgirls, trabajadores VIP, bailarinas y escorts”, y pretenden extenderse “a todo el personal que depende de la economía que genera el trabajo sexual”, dijo Leonor Silvestri a Distintas Latitudes.

Silvestri (escritora y profesora de filosofía), junto con Mai Staunsager (artista visual y diseñadora gráfica independiente), y Diego Tamayo, son el trío encargado de realizar y registrar las entrevistas, con el apoyo de Ammar, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina.

Su principal objetivo es el de darle voz a las trabajadoras sexuales para que demuestren “las ventajas y lo bueno que tiene la profesión que eligieron, desde un punto de vista descriminalizador, no punitivista, no victimista y no patologizador, y contra la moral hegemónica que confunde el trabajo sexual y la Trata de personas con fines de explotación sexual”, dijo Silvestri.

Si bien comenzaron hace menos de un año, ya tienen muy marcado su camino como proyecto. Silvestri lo dejó en claro: “sentimos necesario hacer hablar en lenguaje visual porque muchas personas eligen el trabajo sexual como salida laboral, no debido a traumas, falta de opciones o de manera impuesta”. En realidad, algunas lo desean y les da grandes beneficios.

Para este trabajo, Silvestri aseguró que no han recibido ningún apoyo económico, funciona gracias a sus “voluntades” y el “amor al arte”. Entienden su trabajo “para y por las trabajadoras sexuales”, “entregándoles y devolviéndoles algo más que revictimización y escarnio”. Para esto, “no es necesario más que ganas, paciencia y tiempo”.

“La estigmatización y la persecución” que sufren quienes ejercen el oficio es la principal barrera que identifica el grupo: “muchxs no quieren dar testimonio público y nosotras no queremos filmar sin rostro, porque de eso ya hay harto”, agregó Silvestri. De todas formas, entienden a quienes no se quieren exponer “producto del hostigamiento, la indiferencia, y la hegemonía del discurso abolicioniosta”.

Silvestri se refiere al “abolicionismo” como una “práctica que aterroriza”, y pacta con “la industria del rescate y sus aparatos represivos para erradicar a lxs trabajadorxs sexuales en labor mancomunada con el aparto legal/jurídico/médico”. También entiende que oponerse al trabajo sexual es perder la pespectiva de género, así como la de clase y migración, ya que “muchas mujeres emigran hasta nuestra región, o no pertenecen a las clases sociales que gestan los discursos abolicionistas que solo benefician a la clandestinidad, la deportación, el cierre de fronteras…”.

Trabajo Sexual en Primera Persona es un proyecto para “encontrarnos, organizarnos, hermanarnos y generar espacios de contención ante tanta discriminación, estigmatización y hostigamiento que vivimos las trabajadoras sexuales, quienes trabajamos junto con ellas, y demás personas que dependen del trabajo sexual para satisfacer su derecho inalienable a un ejercicio de la sexualidad segura y placentera”, dijo Silvestri.