Ningún otro conversatorio del Foro Centroamericano de Periodismo (ForoCAP) tuvo la casa a reventar. Era miércoles, 5 de la tarde y empezaron a llegar las cámaras de televisión, las “selfies”, las caras sonrientes al Museo de Arte. También llegó el alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, para discutir sobre la violencia en El Salvador, junto con el historiador Roberto Turcios; el director de comunicaciones del International Center for Transitional Justice, Refik Hodzik; y el periodista de El Faro, Carlos Martínez.

Como los asientos no fueron suficientes, los asistentes escucharon con atención, de pie en el fondo del salón, a los panelistas discutir sobre si la situación de conflicto de El Salvador es una guerra o no, y cuál es la opinión del alcalde.

Desde una perspectiva histórica, Turcios enumeró las razones por las que el conflicto en El Salvador tipifica como guerra: el ejercicio continuado de la violencia que tiene como objetivo el exterminio del enemigo, la practica sistemática del terror, y que la seguridad de la población está afectada por el fenómenos de las pandillas.

“Necesitamos un conocimiento más profundo de nuestra propia sociedad, porque si después de 25 años de los acuerdos de paz nos seguimos preguntando si hay guerra o no, nos dice bastante de El Salvador”, agregó el historiador.

Sin embargo, a Nayib Bukele no le gusta ver el conflicto como una guerra. La bandera del discurso del alcalde es el de la transformación social a través de la cultura y de la reorganización del espacio público, principalmente enfocado en los jóvenes. “Hay que reconstruir el tejido social y no con violencia”, dijo. Por eso, cuando desde el público le sugirieron que la reorganización social del centro histórico de San Salvador no era más que una “medida paliativa”, el alcalde contestó: “lo que es un paliativo es reprimir la violencia con violencia, pero nosotros le vamos a dar a la sociedad deporte, cultura, becas, posibilidades, inclusión social. Que la gente empiece a pensar diferente, a no querer ser marero por prestigio, sino querer ser arquitecto”.

La conversación reflejó que para entender la situación de violencia que se vive en el país actualmente, es inminente ver el problema de las pandillas dentro del conjunto de la sociedad, y no olvidarse del pasado dictatorial. Así lo explicó Hodzic: “Hay que saber cómo lidiar con la deshumanización y violencia que nació en el corazón de la dictadura de la década de los 80’”. La deshumanización de las personas se da cuando la violencia se normaliza. Es necesario buscar las raíces de esa violencia que se viene desarrollando de hace más de 25 años.

Por eso, si no se castiga al torturador de la dictadura o se repone a las víctimas es difícil “lograr un proyecto como el que plantea el alcalde”, agregó Hodzic. Por su parte, Bukele entiende al conflicto armado de El Salvador como un “conflicto social de proporciones épicas”, es consciente que hay que reparar a las víctimas de la dictadura, pero “nuestra visión principal tiene que ser mirar para adelante”.

Abordar la violencia en El Salvador es tan amplio y complejo que necesita de un profundo análisis histórico. “El de las pandillas es un fenómeno que nos llega de los Estados Unidos, y se relaciona con las deportaciones masivas de salvadoreños de inicios de 2000. Es un fenómenos complejo que hay que abordarlo de diferentes ángulos para incidir en las políticas públicas y no estar hablando de otra guerra dentro de 20 años”, agregó Turcios.

La  mesa donde participó Nayib Bukele, con gran participación
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La mesa donde participó Nayib Bukele, con gran participación

Nayib Bukele: a puro carisma

Con una retórica atractiva y envolvente (y aplausos programados) el alcalde de San Salvador explicó el reordenamiento del centro histórico que ya tiene tres semanas de iniciado y que busca reubicar a los vendedores ambulantes. Un proyecto que se intenta hace 30 años, pero nunca se había concretado. Bukele festeja que en esas tres semanas no hubo ningún incidente en el centro, como forma de justificar su plan contra la violencia del país. Trae en su discurso experiencias de diferentes ciudades de Latinoamérica, como Medellín, que han apostado a desterrar la violencia a través de planes culturales y reordenamiento del espacio público, entre otras medidas.

Sin embargo, Bukele es un personaje bien polémico en El Salvador. Joven, millonario, afiliado a un partido de izquierda por puro pragmatismo. Así lo retrató el texto de la salvadoreña Virginia Lemus publicado en Distintas Latitudes, en el que lo cuestiona por su pertenencia al ámbito de la publicidad política, y su falta de preparación para el puesto que ocupa. Consultado por Distintas Latitudes, una vez finalizado el conversatorio, el alcalde se refirió a las críticas que le hacen, sobre todo en el texto mencionado: “La libertad de expresión es válida en el siglo XXI, ir en su contra es un error, pero en el texto hay ataques religiosos y hacia mi familia. Hay derecho a decirlo, pero no a atacar a una persona por su etnia, religión, por tener apellido raro, o por como se viste. Para mí, no cabe tomar esas críticas como serias”.

Con respecto a una futura presidencia de Bukele en El Salvador, dijo que “nunca pensó en llegar a ser presidente”, como tampoco pensó en ser alcalde de San Salvador. “No podría hipotetizar sobre una futura presidencia”.