Cuba tiene de los índices de acceso a la educación más altos de América Latina, e históricamente ha sido la utopía de las izquierdas de la región. Sin embargo, ¿se han materializado estos ideales en protección a los derechos de las personas LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersex)?

El panorama, de momento, no es de mucho avance. De acuerdo con Maykel González Vivero, activista LGBTI cubano, en el país los avances han sido pocos, y las visiones sobre el activismo son contradictorias. Incluso las perspectivas con respecto a si existe o no persecución a las personas defensoras de los derechos humanos de la población LGBTI.

“Nos hemos erosionado mucho en estos activismos, con pocos frutos. Por eso yo creo que estamos obligados a una actitud más totalizadora con respecto a los derechos humanos: no se puede hacer activismo por los derechos LGBTI sin incluir en la agenda al derecho a la libertad de expresión, a la asociación, a la información. La limitación de estos derechos impide en Cuba la construcción de rutas efectivas para el activismo LGBTI”, dijo González Vivero a Distintas Latitudes.

En cuanto a persecución, el activista señala no hay arrestos ni otras formas de violencia policial, pero sí tiene evidencias de acoso de la policía política y de estrategias para desalentar a los defensores de derechos humanos fuera de la institución oficial que se ocupa del activismo LGBTI, que es el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), dirigido por Mariela Castro.

“El discurso estatal sobre los derechos LGBTI se genera en Cenesex, con reducidos alcances en la opinión pública, y se ha mostrado hasta ahora excluyente de otras opciones originadas en la sociedad civil”, dijo González Vivero.

Entorno político

En Cuba hay activismos autorizados y desautorizados, dice Maykel. Un ejemplo de esto se dio en 2015, cuando un pequeño grupo (diez personas, incluyendo al activista) decidieron celebrar el Día del Orgullo LGBTI en una plaza pública. Solicitaron autorización en el gobierno municipal, aunque se trata de un procedimiento no reglamentado en Cuba. Fue concedida tácitamente. Pero ese día la plaza estuvo custodiada por tres autos de policía y quién sabe cuántos agentes vestidos de civil.

Tenemos evidencias de blogs de contenido LGBTI cerrados por los administradores de servidores estatales. Algunos defensores que trabajan fuera del control de Cenesex han sido entrevistados por la policía”, dijo González Vivero.

Esto, a pesar de que el Partido Comunista de Cuba ―único partido del país― se ha posicionado oficialmente, en documentos programáticos, contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género. Al menos ha hecho declaración de principios sobre el tema.

Otra limitación política del movimiento LGBTI cubano es que, según González Vivero, es pequeño y disperso. En 2012 y 2013 se tuvo un pico significativo: surgieron algunas organizaciones, otras trabajaron con éxito. Actualmente se está más bien en un momento de baja.

“Se debe, supongo, a la imposibilidad de asociarse en el país. En Cuba no funciona el Registro de Asociaciones ni se cumple la Ley de Asociaciones. Los grupos LGBTI, como tantos, trabajan en una zona ilegal, sin personalidad jurídica. Este escenario ha propiciado la extinción de algunos grupos y la decadencia de la mayoría”, explicó.

Uniones e identidad de género

En Cuba no existe ninguna ley o proyecto de ley conocido para regular las uniones entre personas del mismo sexo. Desde hace una década se habla de un nuevo Código de Familia que debería refrendar las uniones de personas del mismo sexo, no el matrimonio igualitario. Sin embargo, los grupos activistas no han tenido acceso al anteproyecto y pareciera que el asunto no está siendo debatido por el Parlamento.

“La vulnerabilidad de las organizaciones LGBTI ―su ilegalidad― impide hacer lobby en la Asamblea Nacional del Poder Popular o gestionar campañas públicas”, recordó.

Así las cosas, de momento las parejas del mismo sexo no tienen ninguna protección en la isla. Ni siquiera fueron incluidas en las estadísticas del último censo de población y viviendas (2012), a pesar de la denuncia de algunos activistas, incluyendo a González Vivero.

“Originalmente la metodología del censo demandaba la cuantificación de nuestras parejas. A la larga prevaleció la homofobia estructural y los manuales fueron tachados, uno por uno”, explicó.

En Cuba una persona trans tampoco puede cambiar su nombre y sexo registrales, salvo que se haya sometido a cirugía y haga reconocer el acto por un tribunal. No obstante, Cenesex sí ha conseguido que el Ministerio del Interior admita fotos según la identidad de género para los documentos de identificación. De paso, tampoco existe una ley de identidad de género ni se habla de un proyecto en la materia.

Protección

Cuba no cuenta tampoco con una ley contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

De acuerdo con González Vivero, de momento solo existe una norma contempla la protección de los derechos de las personas LGBTI en el país: el Código de Trabajo. En est se prohíbe la discriminación por orientación sexual en el ámbito laboral. Se quiso prohibir igualmente la discriminación por identidad de género, pero esa mención no fue admitida.

A pesar de ello, no se ha investigado si hay un cumplimiento real de la normativa vigente en el tema.

Reformas urgentes

Teniendo en cuenta este panorama, ¿qué reformas legales y culturales harían falta para que en Cuba mejoren las condiciones de vida para las personas LGBTI? Para González Vivero, todo está por hacer.

Sin embargo, puntualiza que urge una ley antidiscriminación que garantice, sobre todo, la protección de menores LGBT sometidos a acoso escolar.

“Este año la Jornada por el Día contra la Homofobia, organizada por Cenesex, promueve el respeto a la orientación sexual e identidad de género en las escuelas. Que sepa, ni el Ministerio de Educación ni el Ministerio de Educación Superior tienen disposiciones o estrategias para impedir el acoso escolar de cualquier tipo. En Cuba, pese a la universalidad del acceso a la enseñanza, las personas trans no pasan de la secundaria básica”, concluye.