El 2 de agosto es un feriado religioso en Costa Rica. Es la celebración católica más grande del país, pues es el día de la Virgen de los Ángeles, considerada por la Iglesia la “patrona de Costa Rica”. Desde varios días antes, peregrinos de todos los rincones de Costa Rica caminan hacia la ciudad de Cartago, antigua capital y donde se encuentra la Basílica de los Ángeles, sitio donde se mantiene la imagen de esta virgen, conocida popularmente como “La Negrita”.

En esta fecha, cientos de miles de personas se aglomeran en Cartago. Y la Iglesia aprovecha para hacer pulso político, introduciendo sus posturas sobre temas polémicos en la misa de celebración de la fecha. Este año, la polémica se avivó cuando el obispo de Limón, provincia del caribe costarricense, hizo un llamado a que las niñas víctimas de violación no aborten, y digan “sí a la vida”.

“Los invito a visitar la Posada de Belén (un albergue del Iglesia Católica) que nació para acoger y acompañar a las niñas que les fue robada su inocencia y que a pesar de todo dijeron, ‘sí a la vida en el vientre’. Esas muchachas son un ejemplo de la fuerza sobrenatural de las madres, que no es otra cosa que la gracia de Dios en sus vidas, que las empuja a dar siempre más de sí, tener valor y a conservar la fe a pesar de los problemas y dificultades”, dijo el obispo en la homilía.

Este discurso no viene de la nada. Desde finales de marzo pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo un llamado a que el Estado de Costa Rica legalice el aborto en caso de violación, incesto, o cuando el feto tiene una malformación incompatible con la vida extrauterina.

Además, recién la semana pasada, el Comité para la Eliminación de la Discriminación con la Mujer (CEDAW), emitió recomendaciones en la misma línea, y recordando que el país tiene pendiente reglamentar el cumplimiento del aborto terapéutico, que ya es legal, pero que no se aplica como debería.

En Costa Rica el aborto está prohibido y penado. Sin embargo, el Código Penal en su artículo 121 hace una excepción, que se conoce como aborto impune o aborto terapéutico. Este artículo señala que: “No es punible el aborto practicado con consentimiento de la mujer por un médico o por una obstétrica autorizada, cuando no hubiere sido posible la intervención del primero, si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y éste no ha podido ser evitado por otros medios”.

Actualmente, el país tiene pendiente reglamentar el cumplimiento del aborto terapéutico, desde una perspectiva integral de la salud, que incluye la salud mental y psicológica de la madre.

Larissa Arroyo, abogada feminista de la Asociación ACCEDER, conversó con Distintas Latitudes sobre este discurso de la Iglesia.

“Las declaraciones de la Iglesia Católica en la homilía del 2 de agosto, no solo son preocupantes, sino que son muy graves. Por un lado, desconoce que la responsabilidad no debería caer en las víctimas de violación, sino en los victimarios”, dijo Arroyo.

“El discurso que dieron debió haber estado dirigido a reafirmar un compromiso para promover un cambio social y cultural que permita que los hombres reflexionen alrededor de su papel en la sociedad. Desde asumir la paternidad, renunciar a las masculinidades tóxicas, y eso implica necesariamente dejar la cultura de violación, que hemos perpetuado hombres y mujeres, pero que son las mujeres, y particularmente las niñas, las víctimas de esta violencia”, agregó.

La romería hacia Cartago por el día de la Virgen de los Ángeles siempre ha tenido connotaciones políticas, en particular debido a la confesionalidad del Estado costarricense, que tiene como religión oficial la Católica Apostólica Romana.

Todos los años el presidente o presidenta asiste a esta homilía, junto con sus ministros y ministras. De la misma forma hay participación de diputaciones. Usualmente, quien ejercer la presidencia incluso daba un discurso durante esta misa. Este año, por primera vez, la Iglesia excluyó el discurso presidencial, y señaló que a futuro este no será parte del acto.