México, Perú, Chile, Argentina, Costa Rica… ahora Panamá.

Proyectos mineros se desarrollan -o están por hacerlo – en América Latina a pesar de que varios de ellos ponen en riesgo la sustentabilidad de los territorios en los que se ubican y han generado rechazos más que evidentes por parte de grupos indígenas, quienes ven amenazada su forma de vida y los recursos naturales de los que viven.

En Panamá la crisis se desató el lunes 30 de enero, cuando indígenas exigieron al gobierno que se prohibiera por ley toda operación minera en sus zonas y territorios, tal como el presidente Ricardo Martinelli había prometido.

El gobierno desoyó la petición, lo que desembocó en violentos choques entre grupos indígenas con la Policía Nacional. Éstos ya han dejado un muerto y al menos 39 heridos graves y se ha cancelado el diálogo que el Gobierno de Panamá mantenía con los inconformes. En específico, grupos de la etnia Ngäbe-Buglé reclaman que el Parlamento unicameral incluya la prohibición de la minería y de las hidroeléctricas tanto en sus territorios como en las áreas limítrofes de su comarca.

Dado que las negociaciones políticas con los inconformes no prosperaron, el Ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, dijo que ahora el Gobierno concentrará todas sus energías en devolver la normalidad a la zona afectada por el conflicto. Para ello varias unidades antimotines de la Policía Nacional han iniciado un operativo para despejar las barricadas y obstáculos que desde hace seis días mantenían los indígenas en la Carretera Interamericana.

Según reportan medios locales e internacionales, estas barricadas habrían provocado un caos carretero sin precedentes en la zona, con filas de autos de más de 15 kilómetros, turistas extranjeros atrapados y camiones con cientos de toneladas de alimentos y productos detenidos, lo que ha ocasionado desabastecimiento en la capital del país.

El gobierno ha reconocido oficialmente la muerte de un indígena, identificado como Gerónimo Montezuma, quien recibió un disparo de arma calibre 38, sin embargo, ha negado que la Policía haya sido responsable de este deceso.  En total se han registrado 39 heridos, siete de ellos policías, y 41 indígenas detenidos.

El deceso de Montezuma se registró cerca de la localidad de San Félix, donde grupos de indígenas incendiaron el cuartel de la Policía Nacional e intentaron penetrar en la sede del Banco Nacional, según datos oficiales y periodísticos.

“La Policía Nacional no está usando armas letales (…) esta persona (Gerónimo Montezuma) no pudo haber muerto por policías antimotines”, aseveró Mulino en declaraciones a medios locales.

Por su parte, el ministro de Salud, Franklin Vergara, declaró pasado el mediodía que los manifestantes impedían el traslado del cadáver de Montezuma hacia la morgue de David, capital de Chiriquí, para confirmar la causa de la muerte, que según los primeros reportes, fue una herida de bala en el pecho.

Según expresa una nota de RPC Radio, la portavoz indígena Omaira Silvera dijo que durante el despeje de la vía internacional los policías antimotines “usaron balas, perdigones”, y provocaron un número no determinado de “heridos, detenidos y muertos”. Información vía redes sociales indica que hay decenas de detenidos, entre ellos varios indígenas menores de edad.

Medios locales mostraron imágenes de la Policía lanzando bombas lacrimógenas contra los manifestantes, que mantenían barricadas con rocas, neumáticos incendiados y troncos.

A esta hora, el Gobierno panameño asegura que la Carretera Interamericana está ya completamente despejada, aunque se mantiene tensa la zona. Grupos de inconformes han expresado su intención de obstruir de nuevo ésta y otras vías de comunicación.

La Policía Nacional señaló que turistas de nacionalidad costarricense, nicaragüense, argentina y canadiense que habían quedado atrapados en la vía, en lo que calificó como un “secuestro”, fueron evacuados “sin novedad”.