Cuando tenía tan sólo veintidós años y una novela publicada en Anagrama, la escritura de Andrés Neuman ya era una sólida propuesta. Actualmente ha destacado por su interés en la minificción y, por supuesto, la poesía. Ahora, es uno de los autores que dirigen el rumbo de la poesía. Patio de locos no es la excepción, pues se lee entre sus páginas una nueva forma de hacer versos.

Desde el inicio de los movimientos vanguardistas, la poesía comenzó a explorar nuevos caminos, nuevas maneras de robarle versos a la vida. Atrás quedaron los valores literarios que consagraron siglos y siglos de poesía. Por ejemplo, antes de los movimientos de vanguardia nunca hubiéramos pensado poetizar la velocidad o el avance de la tecnología; la estructura poética también se vio afectada. La métrica en los versos, la organización de las rimas y las imágenes poéticas tomaron un rumbo distinto.

Andrés Neuman demuestra estar consciente de lo anterior y la responsabilidad que conlleva escribir un poemario en nuestros días. Patio de locos conjunta no sólo las formas actuales de escribir; también es una reflexión sobre el ser humano, la literatura y el mundo.

 

Los versos de Neuman se desarrollan, como el título del poemario indica, dentro de un patio donde los locos habitan. No es un manicomio como se podría deducir; tampoco hay referencias explícitas que ubiquen al lector dentro de un hospital. Sin embargo, hay camillas e inyecciones, enfermeras un doctor nube que se encarga del cuidado de los locos.

Esta oposición de locos y cuerdos, los enfermos y sus médicos, es el conflicto que predomina dentro de Patio de locos. A esta división de polos opuestos se agrega un tercer elemento, el narrador que continuamente se encuentra dando su punto de vista literario acerca de los sucesos ocurridos en el patio.

La presencia de un narrador dentro de un poemario es difícil de encontrar. Es decir, no es la voz que va dirigiendo las acciones sino un personaje más en los versos. Es fácil distinguirlo, debido a que, mientras los poemas avanzan, él opina, busca describir lo que va sucediendo sin mucho éxito y aprovecha para ir al baño. Existen dos características que distinguen al narrador de Neuman: por un lado, se encuentra dentro de las acciones y es un observador constante; por otro, las situaciones salen de su control.

Con esta conjunción de elementos, el lector podrá notar desde las primeras páginas que Neuman busca oponer la visión de la literatura frente a la vida tradicional. Cuando el narrador se percata del estado de los locos afirma sorprendido: “¡eso se llama asombro!”, sin embargo, el doctor acompañado de la razón se opone con un tono neutral: “eso se llama valium”.

Aunque se puede adoptar esta división para dirigir la lectura hasta el final, no sería suficiente. Cada uno de los locos solicita una atención particular. Por ejemplo, el loco rubio se encuentra en situaciones cotidianas y refleja la importancia de éstas; cuando es presentado por primera vez se encuentra en el baño, está orgulloso de su labor, con “su carita/ de plenitud, de esfuerzo”. Por otra parte, un tercer loco siempre se encuentra interesado por la premonición del escarabajo, probablemente es la representación del pensamiento dogmático, eso no lo sabemos. Así, desde otro loco hasta el loco astuto, son invitaciones para descubrir sus identidades, miedos e intereses.

El celador, la enfermera y el doctor nube son el conjunto opuesto que compone Patio de locos. Ellos representan la razón dentro de un espacio lleno de locura, son las formas de actuar acostumbradas. Ellos cumplen con su trabajo y con ello hacen el bien. Sin embargo, al estar conviviendo con locos es imposible no verlos interactuar. Cada que esto ocurre, los personajes y el lector van descubriendo que la locura dista mucho de ser la falta de razón.

Cuando la mirada se centra en la hechura de los versos, Patio de locos se redescubre lleno de referencias irónicas que ponen en duda la labor del poeta. Siendo poemas realizados con verso libre se espera, inmediatamente, la ausencia de rimas, empero, cuando estas aparecen son un pretexto para insertar la broma: “se altera el narrador ¡todo me rima!/ se recuesta en el catre/ y como es natural echa a correr”. Este tipo de referencias, no sólo hacen evidente la nueva forma de hacer poesía, también otorgan a la literatura una mayor libertad.

Una de las cosas más complicadas de llevar a cabo cuando se escribe es decir y hacer lo dicho. En diversas ocasiones, Neuman lo realiza e inserta un elemento que, hasta ahora, era poco común en la poesía: “la tarde agujereada/ va cayendo/ apunta el narrado buscando el haiku”

La ausencia de puntuación es un elemento que resaltará al ojo del lector preocupado por la forma. Es interesante notar que no se encuentran puntos, comas, punto y coma o dos puntos. En la poesía anterior al tiempo de las vanguardias, éstos eran un recurso importante para definir el ritmo del poema; esto no quiere decir que sean poemas carentes de él; al contrario, cada poema lo posee y es éste el que va dirigiendo el sentido de la lectura. Por otra parte, abunda el uso de paréntesis, signos de interrogación y admiración que introducen la presencia del narrador o enfatizan la importancia de algunos versos.

Patio de locos sobresale por su innovación expresiva, su continua reflexión sobre la literatura, el interés por penetrar en la subjetividad del loco y el manejo del narrador como un personaje más. Es un poemario que invita a la relectura, si lo que se busca es penetrar en un mundo donde la locura y la razón son divididas por una línea casi imperceptible, donde pueden confundirse y, al final, no dejan de ser caras opuestas de una misma moneda.

Neuman se planta con seguridad frente a la poesía y no cabe duda que su escritura se inserta en este nuevo horizonte poético donde aun hay caminos no recorridos, o bien, asuntos que todavía es preferible no explicar: “hay cosas que se aplastan si se explican” dice el narrador.