El lunes 15 de mayo, el periodista y escritor Javier Valdez, especialista en el cubrimiento del narcotráfico en México, cofundador de Ríodoce y colaborador de La Jornada, fue asesinado por un comando armado a plena luz del día en Culiacán, Sinaloa.

Ante este hecho que conmocionó de manera profunda al gremio periodístico -no sólo mexicano, sino a nivel continental-, se le pidió al Consejo Editorial Regional de Distintas Latitudes una reflexión sobre el clima de violencia e inseguridad que viven cientos, miles de periodistas en México.

En pocas palabras, se les pidió contestar: ¿por qué, en un contexto así de caótico, violento e inseguro, valdría la pena seguir haciendo periodismo? ¿Por qué más jóvenes deberían seguir soñando en ser periodistas en México? ¿Qué decir ante estos hechos? A continuación reproducimos las respuestas que han llegado desde Argentina, El Salvador, Chile, Colombia y Costa Rica. 

Es muy difícil dar argumentos acerca de por qué valdría la pena seguir haciendo periodismo en este México arrasado y violento, porque lo que está en juego es el bien supremo de la vida. Pero lo que veo es que, en la otra mano, hay también un bien supremo en juego: la verdad. El primer bien supremo es individual y el segundo, social. Y mientras no haya un apoyo social a los individuos, responder esta pregunta dependerá de cada uno de ellos. Como la verdad, la historia presente y el conocimiento no pueden depender del valor redentor de individuos valientes pero amenazados, hacen falta pilares poderosos para que se erija su fortaleza. Mientras tanto, si el Estado mexicano no apoya y no protege a los periodistas, el país está a ciegas. Hoy por hoy, los periodistas mexicanos que alumbran en esta oscuridad, anónimos y cotidianos, son los héroes del gremio en toda América Latina.

Javier Sinay, Argentina, integrante del Consejo Editorial de Distintas Latitudes

 

Cuesta mucho decir algo ahora, sobre todo desde el punto en que estoy parado. Aquí en el sur no nos jugamos la vida cuando hacemos periodismo. Por eso las muertes de Javier, Miroslava y los otros cientos se ven como una muestra extrema de la barbarie y la impunidad que hoy reina en ciertas zonas de México. Enrabia, da pena y nos frustra a todo un continente. Es un sistema completo que parece podrido. Duele porque se llevan a los que pelean contra ese sistema, a los que no tienen miedo, a los que necesitamos porque sin ellos la esperanza se pierde y gana el miedo. Hay todo un continente que estará con ellos y que no dejará que la verdad muera a balazos.

Juan Pablo Figueroa Lasch, Chile, integrante del Consejo Editorial de Distintas Latitudes

 

“El problema es que para mí solo la furia es la paz”, dice un verso de Roque Dalton, poeta salvadoreño. A Roque también lo mataron, lo mataron sus propios compañeros de guerrilla por disentir, por pronunciarse, por expresarse. Pienso en ese verso y pienso en la furia. En periodismo la furia no es otra cosa que insistir y resistir haciendo más y mejor periodismo cada día. Y ante el caos, la violencia, la inseguridad y la impunidad los periodistas debemos mantenernos furiosos, haciendo ese periodismo que revela y rebela con hechos y circunstancias lo que urge ser corregido, señalando dónde la justicia debe hincar sus dientes. México enfurece, dentro y fuera. En México debe convocarse la furia, la furia cansada, la furia joven, la furia renovada, porque solo la furia del periodismo será paz ante el dolor por Javier Valdez y por todos los que han caído.

Élmer Menjívar, El Salvador, integrante del Consejo Editorial de Distintas Latitudes

 

Plomo, exilio y silencio. La trinidad mafiosa se abatió, una vez más, sobre el periodismo mexicano. Y los disparos que acabaron con Javier Váldez, retumban con un eco desagradable en Colombia. En mi país, es difícil no sentir la situación como propia. Aquí ya perdimos la cuenta de cuántos han caído, cuántos se han ido, cuántos han callado. ¿Y todo para qué? La impunidad reina. La situación en las regiones aún es crítica. Los corruptos se rifan los presupuestos y compran las elecciones. Los sicarios siguen sueltos. ¿Todo para qué? Hay quienes no se rinden. No son mártires, ni mucho menos héroes. Los mueven fuerzas inexplicables, vitales e inatajables: saber, entender, contar. Son solo periodistas. ‘Pinches’ periodistas, para quienes, como lo escribió Javier Váldez en una de sus últimas columnas, “la pluma y la libreta eran rutas de escape, terapia, crucifixión y exorcismo”.  Y eso, nadie lo puede detener.

Nathan Jaccard, Colombia, integrante del Consejo Editorial de Distintas Latitudes

 

Ojalá en México #niunomás caiga víctima de la atrocidad del crimen, pero tampoco #niunomás sea indiferente a tanta muerte, la que es pública -y la otra tan atroz- la que persiste anónima. Ojalá haya un #másymás de gente, sumando fuerza y valor porque el poder de quienes quieren la paz- tarde o temprano- debe imponerse a la bala del mercenario. Que el “no es conmigo” no nos alcance, no nos contamine, ni a ustedes ni a nosotros, a quienes, desde cualquier punto de Latinoamérica, nos amarga su dolor. ¿Por qué valdría la pena seguir haciendo periodismo en México? No me atrevo a responder, pero para quienes asumen el riesgo no solo el aplauso y la admiración deberían de ser suficientes. También el cuidado atento, el apoyo del resto del gremio y la colaboración- por ejemplo, entre universidades, medios y otras organizaciones-. Quizás eso ayude y refuerce la unión con la cual rugirle a la violencia de estos días.

Hassel Fallas, Costa Rica, integrante del Consejo Editorial de Distintas Latitudes