La séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo organizado por el periódico digital El Faro, comenzó el lunes 15 de mayo con una entrevista al periodista Raymond Bonner, quien contó al mundo la masacre de El Mozote, una matanza de casi un millar de campesinos perpetrada por las Fuerza Armadas en diciembre de 1981 en El Salvador.

La masacre, llevada a cabo por el batallón Atlácatl (formado por la CIA en la Escuela de las Américas, en Panamá) ocurrió como parte de un operativo de contrainsurgencia, realizado los días 10, 11 y 12 de diciembre de 1981, en los cantones de El Mozote, La Joya y Los Toriles, en el norte del departamento de Morazán.

Según las investigaciones posteriores de la Comisión de la Verdad aproximadamente 900 hombres, mujeres y niños campesinos salvadoreños fueron asesinados en El Mozote y los cantones aledaños. Se la considera no solo el mayor acto de violencia contra población civil cometida por agentes gubernamentales durante la Guerra Civil de El Salvador, sino también la peor masacre en el Hemisferio Occidental, en tiempos modernos.

La reconocida periodista mexicana Blanche Petrich, también reportera de guerra y fundadora del periódico La Jornada, inició la conversación diciendo que la recuperación de la memoria es otra forma de combatir el silencio y por eso el ForoCap 2017 inauguró sus actividades con Bonner.

“Estamos hablando del periodismo que se hace en un contexto de guerra, nosotros los reporteros no nos percatamos en el momento en que estamos trabajando, que en ocasiones nuestros reportajes pueden convertirse en un documento de valor histórico que perdura a lo largo de los años”, expresó.

Bonner era un periodista principiante reportando para el periódico New York Times. Con 40 años decidió retirarse de su profesión de abogado para comenzar a contar historias.

“Para los periodistas interesados en El Salvador y que comenzábamos a cubrir este conflicto, tuvimos la versión de primera mano por Bonner en New York Times. Yo no lo conocía sino hasta hoy pero en aquellos años él fue mi héroe porque contó lo que no se estaba contando, un hecho tan grave porque hasta ahora esa masacre no ha sido superada a pesar de lo sangrienta de nuestra historia reciente. Es ahora un documento histórico”, dijo Petrich para presentar a Bonner.

Después de 35 años de reportear por el mundo, Bonner no se atrevió a dar la entrevista en español, e incluso dijo estar olvidando el inglés de tantos idiomas y países recorridos en busca de historias que relataran conflictos, tragedias e impunidad.

Bonner reflexionó que su cobertura comenzó cuando los miles de salvadoreños asesinados en comunidades eran invisibles, pero Centroamérica estaba en el centro de la política internacional.

“Esta era la historia del momento. Centroamérica era lo más importante para la política exterior de EEUU, la embajada de EEUU era grande, grandes eran los presupuestos, mucho más que en India y en Medio oriente”, comenzó relatando.

Bonner llegó, hizo periodismo, vio los muertos y buscó sobrevivientes. Hizo lo que tenía que hacer, buscar la otra parte de la historia y esa parte era la guerrilla ¿Cómo contar la parte de quienes eran el enemigo para los Estados Unidos? Era una verdad incómoda para su país, y quizá para el periódico en el que trabajaba.

“El gobierno americano delimitó en este territorio la afrenta contra el comunismo. Como periodista no era reportero para el gobierno americano ni contra el gobierno americano, no somos un brazo del gobierno.

¿Cómo puedes ser periodista y no querer cubrir la otra parte de la historia? Cuando queríamos ver el otro lado teníamos que enfrentar a la guerrilla lo que nos habían dicho el FMLN, conducir a las montañas, ir tierra adentro.

No había escuchado reportes de la masacre en ese tiempo”, contó.

En su viaje a El Mozote, después de conocer indicios de la masacre, Bonner llamó a Alma Guillermoprieto, del Washington Post, y los dos medios publicaron en simultáneo la historia de El Mozote el 27 de enero de 1982. Casi de inmediato, otros medios hicieron eco de aquella historia y diseminaron la información por el mundo. “Cualquiera diría que estaba loco al compartir esta historia con mi competencia”, dijo Bonner, en alusión a que al enterarse de las versiones sobre el crimen ejecutado por el Batallón Atlacatl, decidió invitar a su colega de la competencia a investigar en conjunto. “Pero me alegra haberlo hecho, porque simultáneamente el Washington Post y el New York Times estábamos dando la noticia”.

“Yo vi los cuerpos, vi El Mozote y hablé con sobrevivientes, no estuve allí en el hecho pero yo puedo hablar de la duda periodística, pusimos en la historia a alguien que dijo cómo pasaron las cosas. Pero el gobierno y los críticos me condenaron, el Wall Street Journal me maldijo en un editorial”, dijo.

Bonner no hizo énfasis en lo que personalmente e incluso políticamente eso pudo implicarle, viniendo del país que financió al ejército salvadoreño que masacró en El Mozote a 900 personas pero también a decenas de miles de salvadoreños civiles y líderes religiosos como Rutilio Grande, monseñor Oscar Arnulfo Romero y los jesuitas de la Universidad José Simeón Cañas.

“Haces el reporteo investigativo, reporteo duro, no lo he pensado en realidad”, respondió cuando Petrich le preguntó si se sintió reinvindicado después que la masacre fue documentada e investigada, por ser él quien la descubrió.

“Uno siempre se pregunta si vale la pena escribir todo esto. Después de la publicación no hubo justicia. Y ahora tenemos los refugiados sirios, el genocidio, ninguno de nosotros periodistas se siente satisfecho. Lo hice porque no sabía hacer nada más, vas, lo escribes, no puedes hacer más nada, excepto seguir escribiendo historias, ir a la cama cada noche, levantarte y seguir escribiendo”.

En el espacio de preguntas del público, Bonner fue cuestionado sobre sii ahora haría algo diferente. Bonner dudó, dijo si actualizara la historia buscaría a soldados del Batallón Atlacatl, alguno querría hablar y sería una gran historia.

Finalmente, Bonner fue simple en sus respuestas, sin magnificar demasiado su trabajo de reporteo. Dijo que se rigió por los principios del periodismo y que todo lo que se dio fue a partir de eso. Aseguró que no sufrió censura ni autocensura.

“Historias sobre elecciones me trajeron más problemas que la historia de El Mozote. Tuvieron que pasar masacres, el asesinato de una americana, los jesuitas, las monjas, para que la sociedad americana y los periodistas pusieran atención a lo que sucedía en El Salvador”. Bonner evadió las preguntas que querían sacar lo más personal. Dijo que era incómodo para él, sin embargo recordó que cada vez que cubría un conflicto, la historia salvadoreña le había marcado tanto que siempre resonaban en él las palabras de Monseñor Romero: “En el nombre de Dios, cese la represión”.

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“Yo vi los cuerpos, vi El Mozote y hablé con los sobrevivientes”