Por Victoria Mujica, desde Montevideo

En 2010 se inauguró el centro de reclusión considerado el más avanzado de Uruguay. En él, los reclusos estudian, trabajan y se focalizan en no reincidir cuando se reinserten en la sociedad

El 13 de diciembre de 2010, una luz de esperanza se encendió en la ciudad de Montevideo. La Cárcel de Punta de Rieles, ubicada a unos 15 kilómetros del centro de la ciudad, abrió sus puertas y, con ello, una nueva oportunidad para la rehabilitación de reclusos.

Del total de presos en Uruguay, que según datos del Ministerio del Interior son aproximadamente 10,000 (de una población de 3 millones 400 mil), 500 están en esa cárcel “modelo”. En Punta de Rieles no hay hacinamiento, el edificio está cuidado y no hay intentos de fuga. La tasa de reincidencia se ubica alrededor del 2%, contra una media nacional del 50%.

El secreto para lograr esto se basa en una teoría muy difundida sobre la rehabilitación, que comenzó a implementarse en cárceles europeas, hasta llegar a Uruguay: evitar el tiempo libre, que generalmente lleva a aprender a delinquir mejor, en lugar de prepararse para reinsertarse en la sociedad y no reincidir, algo que sucede con la mayoría de los reclusos en el país.

Los reclusos de Punta de Rieles provienen de otras cárceles de Uruguay. Sus delitos son cualquiera, menos los sexuales y los relacionados con el narcotráfico.

Dentro de esta “pequeña ciudad”, como la define su director, Luis Parodi, hay talleres y emprendimientos industriales creados por los reclusos o por ex reclusos, que mantienen el vínculo con el lugar. Existe un área de las bloqueras, ladrilleras, chapa y pintura, herrería y quintas.

Los reclusos trabajan ocho horas por día y algunos estudian, en la búsqueda de culminar sus estudios secundarios. También cuentan con gimnasio, cancha de fútbol, biblioteca con libros que fueron donados, sala de informática y una policlínica. Reciben atención psicológica, una instructora les enseña yoga, y además de practicar fútbol, la Asociación Uruguaya de Rugby colabora con la organización de campeonatos y la enseñanza de este deporte.

Los presos circulan libremente dentro de los muros desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Se reúnen en el patio, trabajan en la huerta, en las industrias, compran sus provisiones y hasta van a la peluquería. Pueden utilizar celulares, y muchos de ellos están las 24 horas del día con las celdas abiertas. Eso sí, la condición imprescindible para permanecer en Punta de Rieles es tener una conducta intachable.

Dentro del recinto hay aproximadamente 30 emprendimientos. Cualquier recluso puede abrir su propio negocio. Todos están vinculados de una u otra forma y el funcionamiento de estos emprendimientos se da gracias a la existencia “del único banco del mundo que no cobra intereses”, contó Parodi en entrevista con radio El Espectador de Montevideo.

La entidad financiera de Punta de Rieles, cuya comisión administradora está conformada por funcionarios de la prisión y presos, ofrece créditos para hacer realidad las ideas y consigue financiación extra mediante el cobro de impuestos. Sin embargo, como en el mundo afuera de esos muros, “si el negocio no funciona, se cierra y listo”, agregó el director.

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Se puede ser mejor

La psiquiatra Paula Sarkissiances docente de medicina legal, especialista en drogas y en violencia, desde el año 2013 trabaja en vinculación directa con las personas privadas de libertad, en el Servicio de Asistencia Integral de la Asociación de Servicios de Salud del Estado.

En entrevista con la radio El Espectador, la licenciada dijo que “los mismos reclusos que están con cortes (armas blancas) en el Penal de Libertad, acá (en Punta de Rieles) pasan caminando y están todo el día trabajando”. La especialista es crítica del modelo que aplican otras cárceles, que se basa en una vida de encierro y ocio. “Acá aprenden oficios. Vinieron sin saber nada y ahora les enseñaron a soldar o lijar”, afirmó.

Para mediados de este año, está previsto que se inaugure un nuevo centro en Punta de Rieles, más amplio, para más de 1960 personas, 100 de las cuáles están en carácter de ingreso para diagnóstico, evaluando si es posible su radicación allí o su eventual traslado a otro de los centros penitenciarios.