María Soto y otras mujeres de la comunidad Ixil celebrando la declaración de culpabilidad de Rios Montt, dictador Guatemalteco responsable del genocidio de la población indígena Ixil en los 80s (Creative Commons, Wikimedia).
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María Soto y otras mujeres de la comunidad Ixil celebrando después de que Rios Montt, dictador Guatemalteco, fuese encontrado culpable del genocidio de la población indígena Ixil en los 80s (Creative Commons, Wikimedia).

Hace un par de semanas, Guatemala saldaba una deuda con sus mujeres indígenas asaltadas sexualmente durante la guerra civil. Esta semana, les quedó en deuda nuevamente con una reforma electoral que sigue sin reconocer la paridad para mujeres e indígenas. “¡Traidores!”, les gritaron activistas feministas a los diputados, en el Día Internacional de la Mujer (ayer, 8 de marzo).

Los datos históricos de Guatemala revelan que las mujeres e indígenas han sido poblaciones con índices altos de violaciones a los derechos humanos. Una reforma electoral, aprobada esta semana en el Congreso, buscaba reconocer la paridad en la aspiración a puestos públicos, mediante cuotas, lo cual encontró una férrea oposición, que culminó en el rechazo. Esto en un país donde la población indígena representa el 39% según el Instituto Nacional de Estadística de Guatemala, y las mujeres, obviamente, la mitad de los habitantes.

La dinámica electoral actual de Guatemala contó con un total de 2.336 candidatos a alcaldes. De estos, solo 144 fueron mujeres, es decir, solo un 6.16%. Para empeorarlo, el proceso culminó con apenas 11 mujeres electas.  Ahora, el desafío es lograr la integración a la participación democrática en un contexto en el que los partidos políticos no están obligados a darles un espacio.

Puedes tener un mejor vistazo de la participación de las mujeres en procesos electorales de Guatemala con la recopilación de datos del artículo de  “Sin suficiente mujeres, todavía”, de Karin Tres  para Plaza Pública.