De lentes cuadrados, mirada fina y pelo azabache que le enmarca la cara, Renee Goust es la creadora de La Cumbia Feminazi y El Patriota Suicida. No es combativa, pero tampoco se guarda nada. Lanza dura su crítica, con la tonada precisa y una justa medida de sutileza. Sus letras son firmes y denotan reflexión. Un análisis del contexto que la rodea, de los males que le aquejan, de lo que le incomoda. Sabe a quien se dirige.

  • Nombre: Renee Goust
  • País: México/Estados Unidos
  • @ReneeGoust
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  • Una frase: La música es un medio de expresión bellísimo que nos permite llegar al corazón del receptor de forma muy especial.
  • Se define como: Cocinera de canciones criada en el desierto de Sonora.

“El poder de una buena tonada es muy grande”, lo sabe desde pequeña. Tomó clases de piano, aprendió a tocar la guitarra de forma autodidacta y escribe canciones desde los once años. Junto con su hermano organizaba conciertos caseros para su familia. Fue directora del coro de su preparatoria en Nogales, Arizona, con 17 años de edad, y estudió canto en la Universidad de Guadalajara, dijo Goust a Distintas Latitudes. Todo una carrera artística. Hace nueve años se mudó a Nueva York, donde es jefa de cocina en un reconocido restaurante español en Brooklyn, lo que no le impide seguir tocando, componiendo y cantando.

Hay que poca/ pero que poca sensibilidad hay que tener/ para tomar algo tan cruel/ tan históricamente hiriente/ y pretender usar para imponerse/ ya mero casi le atinaste, al apodarme feminazi/ pero un detalle te falló, la que camina por las calles con miedo soy yo, canta Goust en La Cumbia Feminazi.

Cada vez que compone una canción y que la canta, Goust tiene un público singular y diverso: “Le canto a los fantasmas que me persiguen, a las realidades alternas hermosas que imagino, a todas las mujeres que sienten sin fuerza su voz, a los hombres que quieren llorar y sienten que no deben, a los niños y niñas que se sienten distintxs y que no saben cómo encajar, al destierro, a la soledad, y al gran amor de mi vida”.

Goust encuentra en la música “un medio de expresión bellísimo que nos permite llegar al corazón del receptor de forma muy especial”. Ese es el punto para la artista de por qué la música es un vehículo de activismo efectivo; “logra tocar a gente en sitios donde se acostumbra poco la lectura, por ejemplo”, agregó. Así es que ha escrito canciones sobre amor, salud mental, feminismo, migración, homofobia, desamor, el clima, problemas de adaptación social y el uso excesivo de las redes. Ella escribe cuando algo le inspira o le causa conflicto. Escribe sobre la vida.

Ha pesar de que ha recibido bastante odio por tocar temas feministas, no se lo toma personal; entiende que es un proceso, y que hablarlo es el primer paso para generar un cambio. Le da mucha alegría que cada vez se escuche más las voces de mujeres en diversos géneros musicales: “mujeres rudas, delicadas, rebeldes, peinadas, despeinadas, con o sin maquillaje”. Para ella, el potencial está en que “diversificarnos nos hace fuertes y permite ver lo coloridas que somos como género, o lo grises, lo blancas, lo negras. Vienen muchas grandes (Violeta Parra, Mercedes Sosa, Chabuca Granda, Chavela Vargas) pavimentando el camino desde hace décadas para que podamos hoy expresarnos así”.