A nadie le queda duda: el espíritu del rock viene de la cultura anglosajona. Sin embargo, como ocurre con casi todos los productos de dicha cultura, se ha propagado por el mundo, donde ha tenido recepciones desiguales y maneras de apropiación muy particulares. En Latinoamérica existe una gama diversa, que va desde la imitación pura a la reformulación y mestizaje del género, producto de los intercambios culturales, la globalización y la influencia de grupos originarios de Norteamérica y Europa –Reino Unido, de manera más evidente-. Pero si pensamos en Cuba y su contexto (en el cual la influencia exterior es restringida y la anglosajona técnicamente satanizada) nos enfrentamos a una duda casi natural: ¿se puede hacer rock en Cuba? La asombrosa respuesta es: sí. Aunque, claro está, habría que especificar que la isla no siempre tuvo un régimen comunista, de manera que durante los años 50 y 60 tuvo un desarrollo musical semejante al del resto de Latinoamérica, con sus versiones locales de grupos norteamericanos famosos (como Los Zafiros, unos Platters caribeños que mantienen cierta vigencia en la memoria popular, a pesar de que su discografía es escasa y difícil de conseguir). Más tarde, con la Revolución y a raíz del embargo económico impuesto por los Estados Unidos, el rock fue etiquetado como un género imperialista y, por consiguiente, censurado, con lo cual la evolución que tuvo en la isla se vio entorpecida: se convirtió en música marginal y subversiva en el peor sentido de la palabra, es decir, opuesta a la soberanía y el nacionalismo que se pretendía defender en los primeros años revolucionarios.

El rock, por su origen e idioma, desapareció de los medios de difusión, dejando el campo libre a otras expresiones, nacionales o extranjeras, que acapararon la atención del público y continúan gozando de mayor popularidad, como la salsa y otros ritmos tropicales. Podemos decir, entonces, que el rock cubano existe, que siempre ha existido, pero que durante más de veinte años fue invisible y reprimido, hasta la década de los noventa, cuando se realizó un homenaje a John Lennon en La Habana –después de que la música de los Beatles estuviera vetada y fuera conocida por los cubanos mediante grabaciones filtradas clandestinamente-. Actualmente, un parque en el Vedado lleva el nombre del compositor y uno de los puntos turísticos más famosos de la capital es precisamente la estatua en su honor, con quien la gente conversa, se toma fotos y que ha sufrido ya en varias ocasiones el robo de sus célebres espejuelos.

¿Cómo es, entonces, el rock cubano: una forma de expresión marginal y crítica, o un género aceptado e incorporado al repertorio popular? Ambas, respondo contundentemente. Y lo explico a continuación, con dos de los ejemplos más conocidos.

La ilustración es cortesía del mexicano Enrique Sañudo ([email protected])

Moneda Dura: no se confunda, que yo no soy un callejero

Mi conocimiento de la música cubana actual, en particular de Moneda Dura, se lo debo a la influencia de amigos de mi edad, que fueran mis anfitriones en la isla y que me quemaron el segundo disco de la agrupación: Mucho Cuida’o. Al escucharlo noté que ya conocía un de las canciones, “Lola”, que sonó en las radiodifusoras mexicanas durante algún tiempo, pero que no tuvo mayor impacto. Ese disco sigue siendo –lo confieso- uno de mis favoritos: me sorprendía la picardía de las canciones, la carga sexual evidente (pero no tan burda como en otros géneros) y el uso del lenguaje local y del humor característico de los cubanos. Era rock-pop, y era audible, pero tenía algo muy propio, una denominación de origen (la llamada “cubanía”) Recuerdo que, cuando dije que me había gustado la música del grupo, uno de mis amigos exclamó: “claro, porque eres universitaria y Moneda Dura es música de universitarios”.

Eso parecía ser la opinión generalizada: todo el mundo parecía conocer a la banda, su vocalista protagonizó una película co-producida por Cuba y España y ganadora de múltiples premios, sus discos eran producidos por EGREM y sus videos eran programados en “A Moverse”, el programa musical más importante de la televisión nacional (¿el único?).  Y, sin embargo, Moneda Dura también tenía cierta fama de ser una banda contestataria, que criticaba al sistema y padecía la censura.

A primera vista parecía que sí: las letras de Nassiry Lugo –líder de la agrupación- ponían el dedo en varias llagas: las condiciones de vida y la delincuencia de barrio en “Romerillo” (“yo nací en La Habana pero en un lugar sin brillo, un barrio muy sucio que le dicen Romerillo, con gente que de noche está despierta y que anda rondando si hay una ventana abierta”), o en “Mala Leche” (“las cuatro de la tarde, la guagua que no llega, la gente que no deja de hablar y que se desespera, las gotas de sudor que caen por mis ojeras… te cuento de otro día normal”); la prostitución y el turismo sexual en “Callejero” (“la señora pasaba los cincuenta pero le gustaba que yo no llegara a treinta; me dijo ‘vengo a tu país a vacilar y quiero que me pongas esta noche a guarachar, tú me dices después cuánto te tengo que pagar’”); las limitaciones a la libertad de movilidad, adquisitiva y de acceso a la información en “Mi Televisor” (“ayúdeme doctor que ya no tengo remedio, necesito que usted me recete alguna medicina que quite los sueños […] y de pronto me pongo a pensar y usted sabe que a veces pensar es peligroso […] mi televisor dice que todo está bueno y más bonito que ayer”). Sin embargo, como hemos dicho, la música de Moneda Dura goza de difusión nacional: a pesar de que constantemente se rumora que algunos de sus videos han sido vetados, éstos se transmiten por televisión y reciben premios, además, no es raro que el grupo se presente en universidades de toda la isla. Así, no podría distinguirse del resto de los artistas apoyados por el Estado (llamados “oficialistas” por los detractores del sistema cubano).

¿Por qué un grupo supuestamente contestatario es tolerado y difundido dentro de un sistema famoso por su intolerancia? Podemos aventurar una hipótesis: Moneda Dura propone la reflexión sobre ciertos asuntos, pero su perspectiva sobre ellos no se aleja demasiado del discurso oficial. Ante la delincuencia, se propone la educación como solución (“no me estés mirando raro y reflexiona por qué el barrio es tan malo: hace falta más conciencia, todo para evitar la delincuencia”); ante el bajo nivel de vida, la solidaridad y la cordialidad (“si estamos en lo mismo no me ofendas […] dime por qué no nos tratamos como hermanos, me late el corazón cuando me dicen cubano”); ante la necesidad económica, la dignidad nacional (“señora parece que le dijeron que aquí la gente corre cuando uste’ enseña el dinero y piensa que por eso los cubanos somos menos, pero viene a guarachar a Cuba: le gusta cómo se lo hacemos […] y uste’ se va a su casa sin probar mi sabrosura porque con su dinero no se compra mi locura”). Aunque en entrevistas Lugo ha señalado que su intención es invitar a la reflexión y que sus temas han padecido la censura, también ha aclarado que el propio gobierno admitió haber cometido un error y volvió a difundir la canción “Mala Leche”. “Mi Televisor”, por su parte, presenta señalamientos más directos sobre el aislamiento y las limitaciones que padece la población de la isla, sin embargo, el tono fársico que por momentos asumen la canción y el video diluyen un poco la crítica.

No se puede decir tampoco que Moneda Dura se trate de un grupo propagandístico, alineado con los intereses del gobierno. Lo que sí resulta evidente es que se encuentra en una línea a veces borrosa, un límite ambiguo que le ha permitido subsistir durante más de diez años y grabar seis discos de discreta trascendencia internacional.

Porno para Ricardo: cómo joder a un comunista y la “peligrosidad pre-delictiva”

Como suele suceder, por cada banda exitosa hay decenas en la marginalidad. En Cuba existen grupos de rock en técnicamente todas las vertientes, que constituyen una rica escena underground, que  consideraríamos impensable por las condiciones en las que ha surgido y se ha desarrollado. Dentro de ella existen bandas cuya música está orientada directamente a la disidencia y algunas otras cuyas letras no comprometen ninguna ideología, pero que transgreden en otros sentidos, como cantar en inglés. Muy posiblemente, el producto de esta zona oscura de la música cubana quedaría al alcance de unos cuantos iniciados, si no fuera porque algunos de ellos gozan de una celebridad triste al convertirse en objeto de la represión gubernamental. Un ejemplo de ello es Gorki Águila y la banda Porno para Ricardo.

La historia oficial de esta banda señala que se fundó en 1998, sin miras a la disidencia, pero sí con una intención de criticar a un sistema que pretende negar el placer al individuo (idea de la cual se deriva su nombre). La notoriedad de la banda y su oposición al gobierno surgen de un incidente que el líder protagonizara, en el cual agentes de la policía lo incriminaran por posesión de droga; este evento le supuso a Águila dos años de cárcel y, presumiblemente, la vigilancia constante del Estado, que ha redundado en un nuevo intento de encarcelamiento por el cargo de “peligrosidad pre-delictiva” (evitado por el apoyo recibido de instituciones internacionales) y en la difusión a nivel mundial de la existencia de la música disidente en Cuba.

Porno para Ricardo es en todo opuesto a Moneda Dura: sus letras son explícitamente críticas, su sonido es duro, su actitud es punk… En su discografía no hay lugar para las baladas lacrimógenas ni para las bromas inocentes. Sus letras están cargadas de un sarcasmo contundente y feroz, que se burla de las instituciones, de la música popular aceptada por el Estado y, evidentemente, de la ideología en la que el sistema se sustenta: como muestra, dos temas: su versión de “La Internacional” y “Cómo joder a un comunista”.

Evidentemente, poco pudieron decirme respecto a este grupo mis amigos cubanos cuando les pregunté. Nadie dentro de Cuba los conocía, a pesar de que tienen técnicamente los mismos años de trayectoria que Moneda Dura. Curiosamente, su presencia en Internet y su fama internacional es superior a la de dicha agrupación: PPR tiene página en Wikipedia (Moneda Dura en cambio tiene una página en Facebook) y cuenta con dos sitios, el oficial (pornopararicardo.org), cargado del sentido del humor característico de la banda, en el cual funcionan todas las secciones excepto la que permite leer las letras, ver las partituras y comprar los discos, la cual ha sido hackeada. Por otra parte, tienen un sitio no oficial, en el dominio cubaunderground.com. En éste aparece toda la información sobre su discografía y se explica cómo funciona la banda, es decir, básicamente gracias a los donativos internacionales, que se aprovechan para comprar instrumentos, crear un estudio de grabación y producir los discos y videos.

El rock en Cuba es una expresión joven, quizá allí más que en otros países en los que se ha forjado ya una cierta “tradición” (si cabe el oxímoron); por ello, sigue buscando una identidad, experimentando y creciendo, incluso contra la corriente. Sin una trayectoria definida o una evolución natural, y sometido a las severas condiciones de censura, además de las restricciones que imponen en sí las carencias que se viven en la isla –en el caso de los músicos: de equipo, instrumentos y detalles tan absurdos como un cable o una cuerda de guitarra-. El rock en Cuba aún tiene mucho por definir: si puede existir en la oficialidad o en la marginalidad, si esas opciones valen la pena, si su obligación es denunciar o distraer y, futurizando, de qué estará hecho una vez que no haya Revolución, ni disidentes que le huyan ni Comités que la defiendan.