Lo obvio al pensar en rock sudamericano es recurrir al tópico de los grandes grupos y compositores argentinos que no pueden faltar en ninguna recopilación: Spinetta, Fito Páez para los más conocedores y Cerati, Soda Stereo y Enanitos Verdes para los que tienen gustos un poco más populares son la referencia lógica.

Sin embargo, desde finales de la década de los 80, un puñado de grupos chilenos se ha esforzado por dar un paso adelante en el mundo del rock a nivel internacional, posicionando una propuesta fresca, de fuerte carácter social y que no olvida sus raíces, mismas que incorpora en forma de ritmos e instrumentos.

Herederos de grupos como Quilapayaún y célebres cantautores como Víctor Jara, asesinado durante la dictadura de Augusto Pinochet, los rockeros chilenos se abren paso a través de una sociedad que, apenas liberada del régimen militar, buscó alcanzar nuevas alturas en el desarrollo social, económico y cultural.

Uno de los grupos más importantes de esta época y que aún sigue vigente es Los 3. La banda nació en la ciudad de Concepción con los músicos Roberto Titae Lindl, Francisco Molina y Álvaro Henríquez, quienes durante la década de los 80 comenzaron a preparar el germen del grupo. Sin embargo, éste sólo se verá completo hasta 1989, cuando se incorpora Ángel Parra, nieto de la legendaria cantautora Violeta Parra. Desde entonces esta agrupación es uno de los pilares del rock chileno, responsable, en buena medida, de la profundización cultural y musical de los grupos modernos de esta tendencia.

Los integrantes de Los 3 -que, desde su inicio, casi siempre han sido más de tres-, se caracterizan por su preparación musical: Lindl colaboró con la Orquesta Sinfónica de Austria y la Orquesta Sinfónica Juvenil de su país; Parra tuvo estudios en California y París; y Henríquez tuvo contacto con distintos grupos teatrales que le ayudaron a fraguar un personaje con el que salía a escena durante sus presentaciones.

Contemporáneos de otro importante grupo de rock chileno, La Ley, Los 3 (también llamados Los Tres o Los Tr3s) tenían un marcado carácter underground, lo que les llevó a tocar en centros universitarios y bares de todo el territorio chileno. De hecho, la presentación de su primer disco fue realizada en 1991 en el restaurante Le Trianon.

Como se dice en el flamenco, desde entonces ya apuntaban maneras. Su rock suave, con referencias al jazz, al rock más clásico y a la cueca, ritmo tradicional chileno, se dejaron notar en su álbum debut, el cual llamó la atención de la multinacional Sony, disquera con la que trabajarían sus álbumes posteriores.

Su segundo álbum, titulado Se remata el siglo fue producido por Mario Breuer, quien buscaba un contrapunto entre esta agrupación y La Ley. El experimento no satisfizo del todo a los integrantes del grupo, quienes explotarían todo su potencial en La espada y la pared, su disco posterior, del que se desprenden dos de sus grandes temas clásicos: Déjate caer Tírate, temas que, años después, serían reinterpretados por Café Tacvba en su EP tributo Vale Callampa.

Su empuje los llevaría a ser el primer grupo chileno en ser invitado por la cadena de televisión MTV para grabar un concierto acústico. Este álbum, de hecho, sería considerado como uno de los 35 discos fundamentales de la música popular chilena en un estudio realizado por El Mercurio, uno de los diarios más influyentes de Chile.

El interés de Los3 por su música tradicional se cristalizaría en 1996 con la creación de La Yein Fonda, álbum consagrado a las cuecas y cumbias andinas chilenas. Para este proyecto reclutaron a célebres músicos como Pepe Fuentes, Ester Zamora y Rafael Traslaviña.

Sin embargo, su siguiente disco se consideró un fracaso comercial. Aunado a esto, y a los planes de internacionalización que incluían la mudanza de sus integrantes a México, terminó por resquebrajarse la resistencia del grupo.

“Jamás nos mudaríamos a México. No se nos pasa por la cabeza darle filo a Chile porque sea un país muy chico”, destacaron los integrantes del grupo, que anunciaron un receso indefinido en abril del 2000.

Un lustro después reaparecerían, paradójicamente, en México. Su regreso a los escenarios se realizó en el Vive Latino de aquel año, teniendo como invitados a dos integrantes de Café Tacvba.

Desde entonces han publicado Hágalo usted mismo, álbum de 2006, y Coliumo, de 2010. Además realizaron 30 & Tr3s horas Bar, un espectáculo multidisciplinario que cuenta con la participación del Ballet de Santiago de Chile.

Una de las principales características de este grupo es su apertura a la inclusión de nuevos integrantes en la banda, como colaboradores externos, sin alterar la alineación original.

Desde sus orígenes se han destacado como un grupo multidisciplinario, en el que la música es el vehículo de expresión principal, pero que suele acompañarse de danza, teatro y diversas expresiones gráficas.

Es difícil bosquejar las influencias del rock sudamericano moderno entre las decenas de grupos que han surgido, crecido y muerto a lo largo de todos estos años, pero sí es posible afirmar que ciertos rasgos y referencias de otros ritmos que se suman al rock se deben, en buena medida, a esta longeva agrupación chilena.

Aunque en materia de gustos siempre podrá haber mejores y peores evaluaciones según el interés personal de cada quien, el rock de Los Tr3s sigue teniendo un carácter fresco y anclado en las formas clásicas, que no en la nostalgia. Es, sin duda, una de las piedras angulares del rock latinoamericano que aún sigue vigente, con la misma profundidad de sus años primigenios.

 

Sus letras cargadas de un dramatismo inocente y hasta cómico, su lirismo lleno de imágenes sicodélicas que se acompañan de otro tipo de referencias, los hacen un grupo único e indispensable para todo buen melómano latinoamericano.