Uno de los principales problemas que experimentan las sociedades en las que no ha habido alternancia en el poder es el frecuente olvido del hecho que el poder reside en el ciudadano y no en las instituciones estatales o los individuos que las detentan. Mientras más tiempo ha permanecido una misma manera de gobernar, más probable es que ésta se antoje intocable para el electorado y considere “normal” que los funcionarios abusen del poder que les ha sido dado en préstamo y nada más que en préstamo, aunque el propio electorado lo ignore.

Como buena ejemplificación de este hecho, la sociedad salvadoreña suele aludir a un periodo de veinte años en los que prevaleció el enfoque neoliberal y nacionalista de la derecha; obviando por completo que antes de ello hubo dos gestiones (Álvaro Magaña, presidente costituyente; y José Napoleón Duarte, primer presidente elegido en comicios “limpios” prácticamente desde 1927) “civiles” pero maniatadas por el poder militar y que antes de eso hubo una dictadura militar de cuarenta años y antes de eso dinastías cafetaleras y antes de eso, la corona española. Sin embargo, en todos estos momentos históricos los funcionarios -ya sea de elección directa o no- han mantenido su calidad de intocables a pesar de los vaivenes sociopolíticos que ha vivido el país. Tanto su comportamiento como la sensación de impotencia ciudadana respecto a los funcionarios públicos han permanecido inmóviles en toda la historia política de El Salvador.

Si bien la alternancia en el poder se dio en 2009 y los resultados no han sido los esperados -tanto por las falsas expectativas (¿auto?) infundadas en la ciudadanía como por el alineamiento fáctico del presidente Funes con la derecha local- lo que diferencia a esta gestión de sus predecesoras a los ojos de la ciudadanía es que ésta se permite hoy denunciar más abiertamente aquello que considera incorrecto y exigir que sea corregido. Sin tener conciencia aún que el verdadero poder reside en manos ciudadanas y que son éstas quienes lo ceden a las instituciones, el salvadoreño es ahora más proclive a externar su descontento ante las instancias estatales, quizá porque ha comprobado poco a poco que su voto puede incidir en el rumbo que sigue el país.

Si bien los enrocamientos en las instituciones públicas han cambiado de actores, la práctica persiste. La insatisfacción del ciudadano que se siente por fin con derecho a reclamar es mucha y la intransigencia de los funcionarios públicos, a pesar de no ser los mismos de los últimos veinte años, permanece incólume. Sin embargo, el reconocimiento del derecho a reclamar no equivale necesariamente a que estos reclamos serán escuchados. Ante los virtualmente nulos medios de empoderamiento ciudadano que brinda la sociedad, un periódico digital ha tomado la iniciativa de recoger el sentir ciudadano, sazonarlo con humor y hacerlo llegar al supuesto centro del poder: el aparato estatal.

#TuIdeaEF es una iniciativa del periódico digital El Faro para abrir su plataforma a sus lectores; brindar un espacio en el que el ciudadano usuario de Twitter pueda escribir en 140 caracteres su propuesta al Estado en sus órganos Ejecutivo, Legislativo, Judicial y un apartado especial para las municipalidades, esto durante todo el mes de octubre. Al concluir, el consejo editorial escogerá doscientas de estas propuestas, las volverá cómic y hará entrega de ellas a los funcionarios en el mes de diciembre de 2011. A una hora después de haberse hecho pública esta plataforma, a la cual se accede ya sea desde el sitio web de ElFaro.net o aquí (http://tuideaenuncomic.elfaro.net/pages/home), ya se habían recibido ciento ochenta propuestas ciudadanas.

Por supuesto que ante una ciudadanía con tal sensación de  impotencia como la salvadoreña, el espacio ha presentado en cuestión de horas desviaciones bastante serias. Periodistas de otros medios están instando a utilizar esta plataforma como un “espacio de catarsis” aun cuando esto se presta a mucho insulto gratuito por parte de la ciudadanía; el cual, justificado o no, distancia a la plataforma de su intención original. Habría que considerar también qué tan beneficioso es pedirle propuestas a un ciudadano común sin estudios en formulación de políticas públicas (cosa que se desvirtúa cuando se comprueba que la mayoría de los funcionarios dedicados a hacerlo tampoco poseen tal instrucción). Han habido cuestionamientos también respecto a cuál es la diferencia entre esto y el populismo en una sociedad tan adepta a los caudillos, mas esta ola de preguntas se ha alzado a menos de doce horas de hecho público el proyecto, lo cual es a claras luces evidencia del impacto mediático del mismo.

Como salvadoreña no puedo engañarme: sé perfectamente que las ideas que se rescaten y se tiñan de humor no van a hacer que el comportamiento de los diputados, ministros, alcaldes y el mismo presidente cambie. Tampoco se llevarán a la práctica. Sin embargo, considero que el objetivo del proyecto se habrá cumplido cuando se confronte a los funcionarios públicos al masivo descontento que sus acciones causan, a la solemnidad que será apuntalada con humor y, por qué negarlo, a la oportunidad de carcajearse de la saturación de discursos reciclados con las que nos toca vivir.

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Díganos:

1) ¿Ya participó o cree que es un proyecto sin sentido?

2) ¿Qué propondría?

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