Por Lisette Arévalo Gross (Ecuador, 1992), integrante de la 2da generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas

[Este texto es parte del especial “Lxs calientes en América Latina” que incorpora reportajes, crónicas e investigaciones desde 12 países de la región]


Una mujer sin ropa con un arnés blanco que cubre solo la mitad de su torso y deja sus pechos descubiertos se sienta en una silla de madera en la mitad de un teatro en Bogotá. Es 2009 y Cayetana Salao fue a ver la función performática y postpornera de Rocío Boliver —conocida como La Congelada de Uva— una mujer rubia, delgada, de pelo corto con rodilleras y coderas negras. De a poco, La Congelada de Uva comienza a cocerse su vagina con hilo negro y aguja, dirigiendo el acto hacia el público para que todos puedan verla. Termina de cocerse y ata a los hilos tres extensiones de pelo, las cepilla, las teje en una sola trenza y ata una campana de bronce. Comienza a caminar entre el público balanceando la campana de un lado al otro ‘talan-talan-talan’ y mientras sangraba seguía caminando, moviendo la campana que colgaba de la trenza cocida en su vagina. Después, ella dijo que a las mujeres se les dice que no deben usar su vagina, que no deben mirarla, tocarla, hablar de ella y “que ella como postpornera va a usar su vagina para todo”, cuenta Cayetana quien desde ese momento comenzó a fijarse en el postporno. “Me emocionó un montón ver cómo ella pudo entrar muchos conceptos en un acto tan simple. Pienso que el post-porno desde lo simple puede ser muy potente”, dice Cayetana mientras recoge su pelo largo y lacio detrás de su oreja izquierda y agarra la taza de té de la mesa. Cayetana y LaNin son de las primeras mujeres en realizar actos postporno en Ecuador para desarmar la violencia de la sexualidad y la carga que genera la idea del control, del deseo y del placer.

El postporno es un movimiento artístico y político que critica las políticas machistas y conservadoras de la sociedad. Varias artistas como La Congelada de Uva o La Fuminante cuestionan con sus performances cómo la sexualidad de la mujer es callada, cómo la mujer es objeto pero no sujeto de placer, cómo existen varias formas de tener sexo sin que haya violencia o dominación de la mujer como lo muestra el porno comercial. Para LaNin, activista ecuatoriana por los derechos de las mujeres y derechos sexuales y reproductivos, el postporno “puede ser súper político pero yo creo que te tiene que producir placer, atraer verlo y tiene que ser político al mismo tiempo”. Según la escritora española María Llopis en su libro El Postporno era eso, este movimiento “se centra en cuestionar la industria pornográfica y la representación de nuestra sexualidad que hoy en día se hace en los medios”. Es ver a la sexualidad femenina como un ser activo, es cuestionar a los discursos machistas que someten a la mujer en varios aspectos: sexo, independencia económica, políticas públicas, religión.

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Cayetana Salao (izquierda) en uno de sus actos performáticos. Imagen tomada de https://inrainbows.jimdo.com/

Desde el 2005 Cayetana ha trabajado con varios colectivos de mujeres relacionados al tema trans y lésbico haciendo arte escénico, performance en la calle, rap feminista, y formó su propia metodología postpornera. “Yo ya venía trabajando el cuerpo y siempre me he sentido mal sobre cómo la gente mira mi cuerpo, desde niña eso siempre ha sido así cosa que ha influenciado montón en cómo me he construido esta personalidad”, cuenta Cayetana. “Entonces cuando empecé a hacer teatro transformista y luego teatro drag siempre mi indagación se concentró en cómo devenimos mujeres, cómo el cuerpo es ejercitado de ciertas maneras para tener ciertas actitudes y estar alienado para ciertas características de debilidad, de belleza”. En el 2008, junto a varios compañeros, organizaron la primera fiesta postponera en Quito para recaudar fondos para un proyecto de fotos postporno. Esa noche, Cayetana y su amiga Valeria hicieron un acto para mostrar que, “aunque los hombres se sientan muy machos y tengan un pene pequeño, siempre quieren someter”. Valeria, desnuda, tenía un arnés amarrado a su pelvis con un dildo pequeño y en sus manos tenía un látigo. Ella se acercaba a Cayetana —que estaba desnuda pero con sus senos censurados con dos cintas negras en forma de cruz— y le enrollaba el cuello con el látigo. Habían momentos de fusta, de golpes, y luego Cayetana se desataba y le quitaba el dildo para que Valeria, de alguna forma, se descubriera mujer quitándose la censura, las etiquetas de macho. La intencionalidad detrás de su acto lo explicaron al final para asegurarse de que el mensaje llegue a los espectadores que por primera vez se enfrentaban al postporno en un país donde el 80% de los ecuatorianos es católico.

Hay una brecha entre lo que este movimiento comunica y cómo lo recibe un público que desconoce su intencionalidad. Cayetana cuenta que la convocatoria de la fiesta fue agresiva y que llegaron cantidades de personas que ya no podían controlar. “Eso, evidentemente, genera momentos violentos entre alguna gente y hubo a un par de personas que tuvimos que ubicarles un poco”, dice con el brazo apoyado sobre el sillón construido con piezas de bicicleta reciclada en el barrio de la Floresta en Quito. Por ejemplo, en la fiesta uno de los asistentes intentó besar a Valeria cuando ella se acercaba con el látigo y, aunque hablaron con él para que no la toque, él insistió y tuvieron que sacarlo de la fiesta. A otros que ya conocían y sabían que eran personas violentas simplemente no les dejaban entrar. Que el mensaje llegue al público y no sea erotizado banalmente es, a veces, un desafío. “Yo pienso que el postporno no es un dispositivo de erotismo sino que algo es político”, explica Cayetana. El postporno envía más mensajes que estímulos a quienes lo ven como, por ejemplo, una mujer que se define a ella misma como pornoterrorista que hace un performance con su novia de las dos menstruando para cuestionar la idea de que la menstruación es algo sucio y ajeno al placer. Todo depende de la mirada y cómo se lo propone. Lo mismo pasa con las fotos que Cayetana y un grupo de compañeros hicieron en el 2010 a raíz de la recaudación de fondos en la fiesta postporno.

Calendario de postporno

Marzo: una mujer de pelo corto con una camiseta en la que se lee la palabra “Lesbiana” es jalada por un médico mientras del otro extremo le jala su pareja. La imagen critica a las personas que llevan a sus familiares a las clínicas de deshomosexualización porque creen que su sexualidad debe curarse. Septiembre: se ve la foto de una vagina y una mano que está sacando un rosario con la frase “saquen sus rosarios de nuestros ovarios”. Diciembre: se ve a Cayetana desnuda, comiendo un hotdog mientras otra mano le mide el vientre con una cinta métrica con la frase “saboreando mi propio cuerpo”. Las invitaron a exponer su trabajo en la exposición artística Bienal de Cuenca en Ecuador, pero decidieron no hacerlo porque lo que querían era generar una crítica desde una postura política y no artística. El colectivo que organizó la fiesta se disolvió y Cayetana comenzó a trabajar en sus propios proyectos postporneros lejos de la calle y más enfocada en una producción en video. “Yo no quiero ser artista, no quiero entrar en los circuitos del arte fetichizado, yo quiero ser artista política, artista de las calles, de momentos sociales”, explica Cayetana y añade que para ella lo más importante es que haya una narración detrás de su acto y no solamente la exacerbación de los cuerpos de forma banal.

Junto a su compañera LaNin realizaron el video Lúbricas, un video que en el 2016 se proyectó en La Muestra Marrana, un festival de videos postporno que ese año se presentó en Quito —años anteriores se había presentado en México y en Colombia. Cuando comenzaron a grabarlo Cayetana estaba en Bolivia y LaNin en Ecuador. Hicieron sus grabaciones por separado y después las unieron para mostrar cómo cuerpos que están separados físicamente pueden encontrarse en la virtualidad. El video explora la sexualidad femenina a través de tomas de una vagina, cuerpos desnudos nadando en una piscina, manos tocándose los senos, una mujer moviéndose de arriba a abajo. Cómo ellas lo explican en la descripción de su video, se descubrieron lúbricas en medio de aquellas prohibiciones del patriarcado. Según explica LaNin, “lo principal son los versos y las rimas porque es la esencia de este postporno en que las imágenes se volvieron un complemento y no lo principal”. Por eso, en partes, hay oscuridad en el video mientras las rimas continúan:

Tus manos, tus gestos, me queman por dentro

Gemidos, aullidos, que salen desde el bosque

Va creciendo la furia erótica de la manada

Serpiente con dragona

Para LaNin, el postporno le permite trabajar en contra de la violencia pero desde una postura distinta. Ella es activista por los derechos de las mujeres y los derechos reproductivos en Ecuador por lo que está en constante contacto con mujeres que viven violencia a las que da seguimiento y brinda apoyo. Ella dice que se metió en el mundo del postporno porque le permite seguir luchando contra la violencia pero desde “el lado de lo rico, lo positivo, lo agradable y lo que te puede construir y crear oportunidades”. Con el trabajo que está haciendo con Cayetana, espera reproducir y despertar emociones que despierten seguridad en quienes lo miren. Recuerda que una vez, cuando estaba haciendo un taller en la provincia de Cotopaxi en Ecuador, muchas mujeres le preguntaron qué es un orgasmo. “Me sentía súper incómoda explicándoles eso. Saber, además, que su sexualidad trae historias de violencia detrás”, cuenta LaNin. Dice que una de las señoras le confesó que pensaba que cuando la golpeaban se quedaba embarazada, que la mayoría de las mujeres no sabían lo que era el placer sexual.

LaNin y Cayetana cuestionan la heteronormatividad de la sexualidad presentando diferentes cuerpos, hablando sobre el placer femenino, sobre la sexualidad, el placer real y no obligatorio ni comercial. Para ellas, la sexualidad femenina en Ecuador y en el mundo es muy callada y ellas quieren resaltar la conversación sobre  cómo “experimentar tu sexualidad es transgresor dentro de una sociedad que te dice que todo el tiempo que no pienses en tu cuerpo nunca porque solo puede ser objeto pero no sujeto”, comenta LaNin. Ahora ellas quieren seguir produciendo más videos para contribuir a la representación de sexualidades que por lo general no aparecen en los medios y en el imaginario colectivo como personas con alguna discapacidad, afros, indígenas. “Queremos ser esa flecha que rompa este cielo tan pacífico, tan normativo y curuchupa y crear piezas artísticas que incomoden, que generen discusión, que generen crítica y que inspiren a otras y otros”, dice Cayetana. Cuando se le pregunta si hay más personas que se dediquen al postporno en Ecuador responde que no sabe porque pueden haber personas que hagan actos postporno pero no se identifiquen como tal y eso hace que se reciba de distinta forma sus actos. Mientras tanto ellas seguirán creando sus productos para abrir más el campo de la producción postpornera en Ecuador.