Fotos brindadas por Nada Crece a la Sombra. Autor: Alessandro Maradei. 

“La cárcel no es la solución”. Así empieza Denisse Legrand en conversación con Distintas Latitudes, en un café del centro de la ciudad de Montevideo. Denisse es la coordinadora de Nada Crece a la Sombra, una iniciativa que busca aportar herramientas para convivir en sociedad a las personas privadas de libertad. También es gestora cultural y está terminando un posgrado en intervenciones pedagógicas en contextos de encierro de la Universidad de San Martín, Buenos Aires.

Los comienzos del proyecto se remontan a 2014, en cárceles de adultos (de hombres y de mujeres) con talleres de rap. Proderechos, una organización social activista, es la gran impulsora de la iniciativa y pretendió, mediante los talleres, ingresar a las cárceles el debate de ese momento, el “No a la baja” (un plebiscito que pretendía bajar la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años y que nunca prosperó). Pero “la realidad nos explotó en la cara”, recordó Legrand. La cárcel es un dispositivo violento, que no rehabilita a ningún ser humano.

Para 2016, se formó un grupo de 25 personas que decidió trabajar en dos cárceles para adolescentes de entre 15 y 18 años: Cerrito, centro de máxima confianza donde los adolescentes comparten la comida, habitación y baño; y Colibrí, un centro de máxima seguridad con encierro carcelario. Durante ocho meses el trabajo fue financiado con recursos de Unicef, Programa de Justicia e Inclusión, Instituto Nacional de la Juventud, Open Society Foundations, y el Ministerio del interior de Uruguay.

Psicólogos, sociólogos, músicos, raperos, profesores de educación física, jugadores de fútbol, trabajadores sociales, gestores culturales, educadores sociales conforman el equipo de Nada Crece a la Sombra. Implementaron cuatro talleres de rap, huerta, fútbol y radio; y han probado con talleres de títeres, serigrafía, muralismo y candombe. Para Legrand, “los talleres son una excusa, un espacio socioeducativo que nos permite vincularnos con los adolescentes, el centro y el sistema en general desde otro lugar”. También aclaró que los talleres no tienen un perfil laboral, más bien buscan fortalecer las habilidades sociales para que las personas puedan sostener un trabajo.

Los acompaña un equipo de registro fotográfico y audiovisual. “Entendemos que hay una tensión entre el adentro y el afuera. Si la opinión pública no cambia su percepción sobre los que están privados de libertad, difícilmente se puedan crear políticas sociales que generen más derechos”, explicó la coordinadora. También crearon un espacio de investigación y producción de conocimiento: “hicimos una investigación basada en historias de vida. Nos preguntamos, ¿qué sucede en la vida de estos adolescentes para que en algún momento se vinculen con el delito? Porque el delito es una decisión. ¿Pasa la necesidad? ¿Pasa la identidad? Si entendemos esto, tenemos más pistas para ver qué políticas hay que construir”, agregó.

DESDE EL “ADENTRO”

La línea de trabajo que atraviesa todos los talleres es la convivencia en sociedad, la clave es romper el ciclo de violencia que ata a los adolescentes. Cuerpos violentados desde pequeños, a los que se les pretende brindar espacios alternativos, un “escenario donde la persona pueda verse y sentirse desde otro lugar. Y sacarse algunos pegotes que tienen en la cabeza de ´yo soy delincuente´. Eso te lo hace la cárcel también. Primero sos preso, segundo sos persona y después tenés algún tipo de talento”, dijo Legrand. Son presos para toda la vida, aunque salgan en libertad. La lógica de Nada Crece a la Sombra invierte las tres claves: primero sos una persona; segundo tenés algún talento, aunque no sepas cuál; tercero, estás transitoriamente privado de libertad. “Hay una diferencia grande entre ser preso y estar preso. La cárcel te genera que sos un preso, por eso para nosotros es importante laburar el carácter de temporalidad”, agregó la coordinadora.

Una forma de romper con el círculo de violencia, es que los adolescentes tengan nuevos modelos de masculinidad como referencia. El equipo reveló datos que, según Legrand, son “shockeantes”: “prácticamente la totalidad de los adolescentes había pasado por algún tipo de violencia de género con su familia y el padre fue el responsable”. Los talleres implican que puedan ver “otros modelos de ser varones”, “otras formas de manejar la violencia”, “otras formas de relacionarse con las mujeres”, y “ver mujeres líderes”.

“También sabemos que nosotros no somos sus referentes porque no vivimos la misma realidad. Pero sí lo son varones como los de la Usina Cultural Matices de la cárcel de Punta de Rieles, también privados de libertad, pero que decidieron formarse y construir identidad alrededor de la cultura. Estos son los varones líderes, las nuevas masculinidades”, explicó Legrand.

Los mismos adolescentes crearon canciones y videos para mostrar al “afuera”. “Es importante que se pongan en un lugar diferente, en el de productores. No es lo mismo decir ´que los maten a todos´, a decir ´que maten a Cristian que hizo este video, que tiene esta cara y esta voz´”, agregó Legrand. Para ella, Nada Crece a la Sombra seguirá yendo a las cárceles en los próximos años, pero apuestan a que haya una reforma del sistema penitenciario adolescente, y promover políticas sociales que generen un verdadero cambio. En fin, que en un futuro, ya no sea necesario tener que ir para el “adentro”.