Libertad Morada es una colectiva de acompañamiento de abortos seguros en Ixtapaluca, Estado de México. Luna, su fundadora, acompaña para que las mexiquenses que decidan interrumpir sus embarazos no lo hagan solas, pero también para luchar por la despenalización del aborto en la entidad. Esta es su historia.


 

Texto: Perla Miranda y Astrid  Rivera
Foto: Perla Miranda

 

Pienso el día de mañana
poder acompañar a alguna mujer
que decida abortar
quisiera que cualquier mujer
pueda llevar a cabo la decisión que tomó
que se sienta cómoda
como yo me sentí
y acompañada.
Hoy elijo contarlo. Edith Galarza

 

Con orgullo, Luna empuña su paliacate verde del que resalta la leyenda “Aborto legal, seguro y gratuito”, lo extiende y presume, después lo ata a su muñeca y levanta el brazo para exigir que en el Estado de México se despenalice el aborto, no le importa no estar en una manifestación, sino en un “mercadito feminista”, instalado en el Jardín Municipal de Ixtapaluca, para ella cualquier momento es bueno para exigir que las mujeres sean libres de elegir si son madres o no.

El cubrebocas no permite ver su rostro por completo, pero su cabello rojo y el delineado característico en sus ojos permiten que sus compañeras de la colectiva “Libertad Morada” la identifiquen a la distancia, entre puestos de ropa, zapatos y bisutería de donde cuelgan cartulinas moradas y verdes con mensajes como “la maternidad será deseada o no será”, “no es un tianguis, es una protesta” y “juntas, libres y sin miedo”. La mujer de 24 años cuenta como se convirtió en acompañante de abortos seguros en casa.

“Para mi acompañar significa amor y ternura radical. Hace tres años tuve un proceso de aborto, pero fui a la Ciudad de México, a raíz de esto empiezo a conocer la lucha por el aborto en Latinoamérica y me intereso por acompañar a otras mujeres para que no pasen por un aborto solas, porque a pesar de que yo fui a una clínica, fue pesado, justo por el estigma, por la criminalización hacia una mujer que decide no maternar”, relata.

Luna se enteró que estaba embarazada poco después de terminar una relación violenta, no creyó que fuera el momento de ser madre; sin embargo, el aborto no fue su primera opción porque creció en una familia que equiparaba esta decisión a un asesinato, entonces buscó información en internet y en la primera clínica ILE que encontró sacó una cita.

“La educación sexual y el aborto como opción no te llega, como morra de la periferia son situaciones que no contemplas. Tenía mucho miedo porque no estaba segura de querer hacerlo, cuando llegamos a la clínica era una puerta muy grande, te dan un folio, afortunadamente no me tocaron grupos pro vida porque sino no sé qué hubiera hecho, solo pensaba en la educación que me habían dado, en lo que me dijeron, que no abortara porque si lo hacía era una asesina y en la escuela el vídeo que nos ponían de épale, épale mi piernita”, dice.

Luna fue candidata para una aspiración manual, cuando estaba en la sala de procedimientos sintió coraje contra su ex pareja, contra los anticonceptivos que fallaron y lamentó pasar por el proceso sola.

“Aunque sabes que es tu decisión, tu cuerpo y eso te calma un poco, el estigma es tan grande que cuando pagué sentí la mirada de juez, como si la chica que me cobró pensara que era una más a la que le cobraría un aborto. Después de la aspiración todo salió bien, pero me deprimí, tuve un choque de ideas muy fuerte, por eso decidí convertirme en acompañante, porque es necesario que como mujeres sepamos que no estamos solas”.

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El nombre de “Libertad Morada” no fue lo que llamó la atención de Joseline cuando buscó páginas de colectivas feministas que acompañaran abortos, lo que le interesó fue que este grupo de mujeres se sitúa en Ixtapaluca, municipio mexiquense del que ella también es vecina.

En otoño de 2020, Joseline supo que estaba embarazada, el Estado de México continuaba en semáforo naranja por covid-19, lo que hacía más difícil que la estudiante de enfermería saliera de su hogar para practicarse una Interrupción Legal del Embarazo en la capital del país.

“Cuando me enteré, tenía dos semanas de haber terminado una relación de cuatro años, le comenté a él y me dijo que no lo molestara, el aborto no fue mi primera opción, pero estoy por terminar mi carrera de enfermería, además con todo lo de la pandemia, las mujeres embarazadas eran vulnerables, eso me dio miedo, no podía salir de casa sin permiso de mi mamá y tampoco había motivo para hacerlo, por eso busqué ayuda en internet hasta que encontré la página de Luna, de Libertad Morada, y lo que más me sorprendió fue que era de Ixtapaluca, ahí supe que no estaba sola”, asegura.

En efecto, lo primero que Luna le dijo a Joseline fue que no estaba sola, que no tenía que pasar por un aborto sin acompañamiento, le contó sobre las Clínicas ILE en la CDMX, pero al no ser viable, le detalló el proceso de aborto seguro en casa usando misoprostol

“Me dijo más o menos los pasos, me explicó que tenía que comprar cierto medicamento, que costaba entre 600 y 800 pesos y le dije que me diera chance porque en ese tiempo apenas contaba con 300 pesos, pero me dijo que no me preocupara, que no me iba a dejar sola y me ayudó a conseguir las pastillas, me explicó de nuevo el procedimiento y el día que lo hice estuvo muy pendiente de mí, es algo que no se olvida y que se agradece muchísimo, porque sabes que alguien te respalda y no te juzga, en realidad yo no sé qué hubiera hecho sino hubiera encontrado la ayuda de Luna”, destaca.

Para Fernanda Díaz de León Ballesteros, gerente del Programa de incidencia y acceso comunitario en IPAS México, el surgimiento de redes de acompañamiento cobra relevancia porque garantizan un derecho que el Estado no está haciendo efectivo.

“Es a partir de su acompañamiento que garantizan a las mujeres su libre derecho a decidir sobre su cuerpo sin la dependencia de la prestación de un servicio de salud en una instalación médica, el avance científico y la disponibilidad de llevar a cabo un procedimiento en casa de manera bastante segura ha permitido que esas redes se fortalezcan en el rol de dar información para que una mujer decida cuándo y cómo llevar a cabo una interrupción de un embarazo de una forma segura”.

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Días después de abortar, Luna no sentía dolor físico, pero sí estaba triste, decepcionada de su decisión, a pesar de que nunca se consideró “provida”, no creyó que en algún punto de su vida se sometería a una ILE.

“Afortunadamente tuve oportunidad de ir a terapia, entendí que hice lo que hice con las herramientas que tenía, tardé mucho en desactivar este sentimiento de culpa, imaginé el otro lado, cómo sería mi vida y cómo he evolucionado, ya no me siento culpable, de pronto si decía la cagué, pero ahora me siento bien conmigo, salí de una relación violenta y no estoy con un niño sufriendo precariedad, comprendí que hay más mujeres que lo hacen y es nuestro derecho el decidir si sí o si no tenemos un hijo”.

Libertad morada nació en agosto de 2020, una de sus primeras acciones como colectiva fue colgar mantas en los puentes peatonales en Ixtapaluca para exigir la despenalización del aborto en el Estado de México. Al presentarse con las demás integrantes, Luna dijo que era acompañante de mujeres que desean abortar de manera segura.

“En cada acompañamiento que hago le dejo claro a las morras que la decisión que tomen es la correcta, si quieren abortar está bien, si quieren ser madres, pues entre todas armamos el baby shower y acompañamos a maternar, porque lo importante es tomar la decisión completamente seguras y a sabiendas de que no estamos solas, esta idea de ir paso a paso con nuestras semejantes es lo que nos mueve, hermanarnos y saber que no nos vamos a juzgar, nos hace más fuertes”.

En su experiencia como acompañante, Luna admite que se involucra emocionalmente con las jóvenes a las que asiste en la práctica de un aborto seguro con misoprostol, en cada uno de los acompañamientos afirma que su misión es cuidar a las mujeres que le piden ayuda, ser empática y reforzar la idea de crear una comunidad de apoyo y sororidad.

“Todos los acompañamientos me llegan de la misma manera, lo más importante para mí es que sepan que no están solas, que no deben pasar por un aborto solas, no porque sea algo que cambié tu vida, porque también debemos desmitificar eso, un aborto es un proceso por el que una mujer pasa o no y cualquiera de las dos situaciones está bien, pero creo que es necesario que en el Estado de México, en donde por años hemos sido criminalizadas, tejamos redes y empecemos accionar para exigir y hacer valer nuestros derechos”.

A casi un año de que inició su etapa como acompañante de abortos seguros en casa, Luna resalta que lo más complicado además de los estigmas que rodean al aborto, es conseguir el misoprostol, no solo porque los encargados de las farmacias se nieguen a venderlo, sino por los precios que varían de una farmacia a otra.

“Me ha tocado que cuando pregunto cuánto vale el miso, los que atienden me ven con cara de, ¿para qué lo quieres? Y sé que no me pueden decir nada porque es un medicamento de venta libre, pero no tendríamos que pasar por esas miradas juzgonas, también es muy difícil costearlo, porque acompañar en el Estado de México también implica reconocer nuestra realidad, es muy raro que una chica tenga los 600 a mil pesos que cuesta la caja, son mujeres que viven en la precariedad, adolescentes o mujeres que no tienen un trabajo fijo y se dificulta el conseguir dinero para los ultrasonidos o el miso”.

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Lo único que Joseline sabía sobre el aborto en el Estado de México es que no estaba despenalizado como en la CDMX, en su familia le dejaron claro que era algo malo y que si se embarazaba debía hacerse responsable. Tomar la decisión de abortar en su casa fue muy difícil, la idea de que su mamá se diera cuenta era su mayor temor, pero conforme avanzó en su proceso, lo más tortuoso fue imaginarse en la cárcel por la decisión que tomó.

“El baño está a lado del cuarto de mi mamá, cuando aborté iba a cada rato al baño y me preguntó qué tenía, inventé que algo me cayó mal, me dijo que me llevaría al doctor y me negué, fue vivir con ese estrés tan fuerte, pero luego vino lo peor, porque cuando empecé a sangrar me dio miedo que algo saliera mal, en qué haría si tenía que ir a un hospital, si alguien se daba cuenta y me denunciaba, entonces el miedo a mi mamá cambió por el de imaginarme presa”.

A meses de concluir su formación como enfermera, Joseline está satisfecha con la decisión que tomó, pero no siempre fue así, pasaron meses para que la culpa se esfumara, para que dejara de preguntarse si hizo lo correcto, por eso agradece el surgimiento de redes de acompañamiento y en especial de Libertad Morada.

“De lo que me siento muy orgullosa es de ver la lucha constante de otras mujeres por hacer valer nuestros derechos, yo sé que para muchos está mal abortar, que no está bien visto, pero de mi parte te puedo asegurar que si necesitas mi apoyo te lo daré, porque es tu cuerpo, tu decisión, tu vida y lo que tú quieras hacer siempre será lo correcto y no me importa como me vean, yo hablaré del aborto fuerte y claro porque es un tema que no podemos evadir, no podemos ocultarlo, está presente y debemos esforzarnos porque no siga en la clandestinidad”.  

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Esta investigación fue apoyada por la iniciativa Reproductive Health, Rights, and Justice in the Americas, de la International Women’s Media Foundation’s. 

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