La madre de Agustín Acevedo es contadora y su padre futbolista. Este joven escritor nació en Uruguay, pero a los seis meses se fue a La Coruña, España, porque a su padre lo habían contratado allá, donde estuvo jugando por un año. Después toda la familia volvió a Montevideo por un par de meses y luego emprendieron un viaje a Guadalajara, donde habían contratado a su papá en el equipo de futbol Tecos. Él regresó a los cinco años de edad a Montevideo, mientras que su padre tuvo varias contrataciones en diferentes puestos en Tecos. Vivió varios periplos durante seis años, en los que el pequeño Acevedo viajó constantemente a visitarlo, pero ya sin dejar su querido Uruguay.

Agustín Acevedo es uno de los 23 autores de toda América Latina y el Caribe que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una red digital de escritores latinoamericanos. Distintas Latitudes conversó con él y esto fue lo que nos dijo.

Psicólogo, escritor y periodista, ¿qué fue primero?

Escritor. La psicología es mi medio de vida. Me gusta hacerlo, me gusta tener algo tangible y ver que a la gente le hace bien, porque a veces los académicos están un año haciendo un paper. No es tan práctico como ser ingeniero, que lo ves en concreto, pero sí puedes observar cambios en el paciente y eso me gusta. También me atrae la idea de no depender de la escritura, esto me neurotizaría mucho, pues sería como pensar si vende el libro, si alguien está interesado en publicarlo. Lo escribo y tengo la confianza de que está bien. No me mueve mucho. No me siento definido por si soy algo o lo otro. Empecé a escribir de niño y en esa época mentía mucho, y la mentira tiene como una especie de creación, me gustaba eso. El primer cuento que escribí, con el que dije: «Esto es un cuento serio», fue a los 16 años, y era un cuento sobre cucarachas.

¿Los animales son un tema recurrente en tus escritos?

Mis cuentos están repletos de referencias a animales, de perros. El terreno de mi infancia, con las visitas a la casa de mis abuelos al balneario de Atlántida en los veranos, es un terreno insoslayable, siempre termino volviendo ahí. En la infancia hice el principal reservorio de imágenes y de ahí juegas con las posibilidades de permutación. Lo que escribo son variaciones de eso; por ejemplo, de las hormigas… Es cierto, hasta el día de hoy me dedico a matar hormigas, no era capaz cuando era chico.

¿Quién te impulsó en la escritura?

Lo importante sucedió cuando escribí ese cuento, a los 16. Escribí un par más; entonces, mi abuela se los envió a Omar Prego, que fue un escritor importante, y éste me llamó para que lo viese. Él era el esposo de la concuña de mi abuela. Su casa quedaba a media cuadra de mi liceo; entonces todos los viernes salía del liceo y me iba a la casa de Omar, y empezábamos a hablar. Él fue el primero que me introdujo a Cortázar, siendo un niño. No sé si fue tanta influencia en la escritura, pero sí era tener a alguien que te escuchara, que te corrigiera… Para mí fue reimportante esa época. Él fue quien me presentó la idea de que existe algo como ser escritor en Uruguay. Para mí ser escritor era como algo de película, y de pronto estabas con uno. Después tomó más la posta María Angélica que Omar, al punto que mi primer libro de poesía me lo editó ella. Así nace mi primer libro, Caja Negra, cuando tenía 21 años. Hoy en día lo leo y no me siento tan cómodo, había unas cositas interesantes. En esa época de los 16 escribía un cuento por semana. Hoy en día no me gustan mucho los cuentos que escribí en esa época, pero me sorprende la capacidad para estar produciendo. Era un mundo sin tanto internet.

¿Quizá era tanto tiempo libre?

Creo que tenía demasiado tiempo libre. Me acuerdo que me ponía a ver MTV sin saber que estaba viendo. Hoy en día no podría hacer eso, mis tiempos libres tienen que servir para algo. Incluso si estoy durmiendo es porque me hace bien, así puedo producir.

Cuando uno vuelve a esos escritos del pasado, pasa eso: que no nos gustan, ¿no?

A mí me pasó que hasta que escribí un cuento del libro Eucaliptus ahí fue como decir: todo lo que escribí antes fue parte para llegar a este punto. A partir de ahí no hay ni un sólo cuento del que me arrepienta haberlo escrito. Fue como encontrar un estilo, algo mío concreto, específico que me gusta hacer. Y ya no me ha pasado ese ir y venir que antes tenía.

¿El género que más te gusta es el cuento?

Sí… ahora que todas las editoriales quieren novelas. Pero he tenido una muy buena racha con los cuentos. A mí me gustan mucho, además de que todos mis escritores favoritos son cuentistas; tengo pocos escritores favoritos que sean novelistas, o incluso los novelistas que me gustan también son cuentistas. Mis cuentos tienen como muchas cosas sueltas, no es el típico cuentito de principio, desarrollo y final, ordenadito que va hacia un lado, y en eso es más como tirando a la novela, en realidad, la estructura.

¿De qué libro puedes decir: «Me marcó»?

De chico Cortázar me fascinó, me enseñó mucho de la estructura de un cuento de forma clásica. Por ejemplo, Carver me marcó a nivel de escritura, descubrí una forma de escribir a partir de ahí. Luego la senda que abrió Carver, después la complemente con una escritora norteamericana, Amy Hempel. Fue como ser más minimalista todavía y darle una vuelta de tuerca a las atmósferas y cómo se escriben los sentimientos de los personajes. Yo no soy minimalista, pero para mí fue una referencia. Después no sé si influyó en mi escritura, pero sí soy muy fan de Bolaño. Pero creo que no escribiría con el estilo que lo hago si no hubiera leído a Carver en su momento. Sobre todo para los finales, porque siempre he creído que éstos deben ser importantes, que pase algo muy contundente o que debe haber una vuelta de tuerca. Los cuentos pueden ser lo que está fuera del cuento y no el cuento.

¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?

Sería un mentiroso si no dijera que tengo un proyecto de escritor. Yo quiero ser escritor y he elaborado mi escritura alrededor de esta carrera, pero yo creo que gran parte de lo que escribo es un poco para ordenar los pensamientos y un poco para darle sentido a lo que a mí me pasa. Creo que hay una dimensión ahí de la escritura que deja otra densidad de las cosas que uno vive. En escribir hay unas ganas tremendas de que me entiendan, de lo que me pasa, aunque mi escritura no es muy autobiográfica.

 

¿Piensas en tus lectores?

Creo que en algún sentido sí. No es una escritura plenamente autista. Cuando escribo soy más analítico de lo aparente. Soy mucho de revisar el texto, no de «ya lo escribí para el mundo», hay un trabajo de revisión. Obviamente no es sólo la intención de complacer al lector, porque es muy raro imaginar escribiendo para uno mismo.

¿Escribes a mano?

No, en realidad no. Saco ideas a mano. No me gusta el celular para escribir. Lo hago en la computadora, porque suelo borrar mucho. Yo creo que los poetas son los que más escriben a mano.

¿Cómo es tu relación con la escritura?

Los mejores cambios que me generaron en la forma de escritura fue justamente la no ficción. Yo escribía reseñas y me gustaban, pero de ahí me picó el bicho del periodismo y cubrir cosas, y publiqué en una revista. Y ahí trabajé con el mejor editor que he tenido.

¿Cómo es ser escritor en Uruguay?

Me ha pasado que he tenido muchos amigos músicos y he disfrutado del feedback directo, de lo que la gente recibe. Y en la literatura eso no te pasa, es por facto que te llega. Lo que veo es que nos leemos entre escritores, como que no tenemos un público. Antes de ganar el Premio Nacional de Literatura en 2015, yo decía: «Tengo que ganar este premio, porque es la única oportunidad que se me ocurre similar para dejar de ser la banda que toca para bandas amigas». Y en la escritura me sentí un poco así, que entre amigos nos comprobamos los libros, y ahora ya hay más gente que me lee, que me conoce. Cuando empecé a escribir no conocía escritores, asumía que debía haber, me llegaban por ahí. Y luego editoriales que empezaron a publicar a generaciones de escritores jóvenes. Otro aspecto importante fue que se publicaron tres antologías de cuentos, donde se mostró lo que había en la literatura uruguaya. Uruguay es como muy relevante por muchas cosas, sobre todo por su mercado, pero en la parte literaria queda de pronto olvidado.