Texto: Tania Chacón

Ilustración: Alma Ríos

#EntrevistasLATAM, conversaciones a partir de 10 preguntas con personas que están transformando la región.


A mediados de 2018, Agustina Besada se montó en su velero llamado Fanky y comenzó una expedición por el Atlántico. El objetivo de su aventura era tomar muestras para estudiar y generar conciencia sobre la contaminación en el océano por plásticos.

La expedición fue la primera etapa de Unplastify, una iniciativa dedicada a educar y facilitar soluciones para reducir los plásticos, de la cual Agustina es la codirectora. La segunda etapa consistirá en compartir los hallazgos con la intención de llegar a acciones de impacto que generen cambios. El equipo de cuatro mujeres que conforman Unplastify quiere hacer esto a través de charlas, talleres, trabajo con escuelas y organizaciones, promoción de políticas públicas, entre otras actividades.

Tras completar la expedición, la argentina de 33 años fue nombrada exploradora de National Geographic y ha estado realizando actividades para la campaña ¿Planeta o plástico? de la organización.

Para conocer más detalles de su expedición, sus hallazgos y posibles soluciones al problema de los plásticos platicamos con Agustina Besada.

¿De dónde vino tu interés o pasión por documentar la contaminación de plásticos?

Trabajo en gestión y revalorización de residuos hace años. Sobre todo durante mi trabajo en un centro de reciclaje en Nueva York fue que el tema del plástico se volvió mi foco de estudio y decidí dedicarme a trabajar en que este material no llegue a ser residuo en primer lugar.

¿Qué fue lo más impactante de tu experiencia en el centro de reciclaje en Nueva York?

Una de las cosas que aprendí en el centro de reciclaje es la cantidad de trabajo y energía que se necesitan invertir para que los materiales valiosos descartados sean reciclados. Recibíamos entre 30 y 50 mil latas y botellas por día, y había que clasificarlas, contarlas, empaquetarlas, almacenarlas y luego cargarlas en los camiones que venían a diario a recolectarlas. Y eso era sólo una etapa en el proceso de reciclaje.

¿Cuál fue la ruta de la expedición?

La expedición al Océano Atlántico empezó en mayo de 2018 y duró hasta fin de octubre. Fueron dos cruces Atlánticos, de Norteamérica a Europa y de Europa a Sudamérica. Más de 10 mil millas náuticas navegadas y más de 24 puertos.

¿Por qué el Atlántico?

La idea era conectar Nueva York, donde estaba viviendo hace 5 años, con mi ciudad natal, Buenos Aires, y en el camino explorar la realidad del plástico en este océano que no está tan estudiado como el Pacífico, por ejemplo. En el camino tomamos muestras para un instituto científico que revela el estado de la contaminación plástica en los océanos de todo el mundo.

¿Cuál fue el descubrimiento más impactante de la expedición?

Es difícil resumir o elegir un solo aprendizaje de esta travesía. Pero si tuviera que compartir una idea que me quedó resonando en la cabeza es que cuando tiramos plástico a la basura, no desaparece. Yo me encontré con plástico en los lugares más remotos del océano. El plástico que usamos todos los días, pocas veces se recicla, y muchas veces termina contaminando suelos y aguas. Es un material casi indestructible, y lo estamos usando excesivamente y de manera descartable. Eso tiene que cambiar.

¿Qué utilidad tendrá el informe de la expedición para la comunidad científica, ambientalistas, u otras comunidades?

El informe que estamos desarrollando busca compartir nuestra experiencia y hallazgos, desde lo personal, y conectarlo con datos científicos globales. Queremos comunicar que si bien es un gran problema, también existen soluciones, y compartir casos y ejemplos replicables y escalables que fuimos encontrando en el camino para inspirar todos a hacernos cargo y ser parte de la solución.

¿Qué nuevas soluciones a la crisis de contaminación por plásticos se te han ocurrido tras la expedición?

La relación humana con el plástico está fuera de control. Nosotras estamos convencidas de que el problema no es el material sino su uso y abuso. Y por uso nos referimos principalmente a cómo diseñamos productos plásticos, para que duren poco tiempo y se transformen en basura. Pero también a nuestros hábitos de consumo. Hay que dejar de pensar que es un problema de gestión de residuos para empezar a trabajar soluciones de raíz, en la etapa de consumo y de diseño.

¿Qué planes tienes para desarrollar como exploradora de NatGeo?

Planes para seguir explorando no faltan, pero ahora el foco está puesto en transformar la aventura en acción, principalmente a través de la educación sobre este problema, compartiendo nuestras vivencias y hallazgos mediante charlas, talleres y programas educativos. Justamente con el apoyo de NatGeo estamos desarrollando un desafío para escuelas del cono sur, para que los estudiantes diseñen e implementen estrategias desplastificantes.

¿Si cada persona modifica sus hábitos se salvará el mundo de la contaminación por plásticos o necesitamos alguna otra acción o acciones?

Si todos los seres humanos redujeran significativamente su consumo de plástico, ésto tendría un impacto enorme, sí. Pero para que esto suceda, además de los individuos, se necesita la intervención y colaboración de todos los actores de la sociedad: gobiernos, empresas y sociedad civil. Las soluciones son sistémicas, y necesitamos repensar sistemas que involucran a todos para incentivar cambios de hábito para desplastificar el mundo.

¿Por qué el velero se llama Fanky?

Fanky es una canción de un artista argentino, Charly García, a quien sigo desde chica. La canción es argentina, pero fue grabada en Nueva York, y sobre todo tiene mucha actitud. Como nuestro barco, que es chico (11mts) pero se aventuró al océano para semejante aventura.

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