[En la imagen: a la izquierda, Fabricio Alvarado; a la derecha, Carlos Alvarado. Ambos candidatos presidenciales en Costa Rica]

Los dos son periodistas. Ambos pasaron por la Universidad de Costa Rica (aunque uno nunca se graduó), los dos se apellidan Alvarado, y hoy son candidatos a la presidencia de Costa Rica, que tendrá su primera vuelta este domingo 4 de febrero. Sin embargo, hasta ahí llega lo que tienen en común. Sus trayectorias, posiciones y agendas políticas son quizá las más contrastantes de esta incierta y polémica elección en el país centroamericano.

Uno es Fabricio Alvarado, pastor evangélico, experiodista de sucesos, diputado cristiano y candidato presidencial del Partido Restauración Nacional (PRN), una agrupación política fundamentalista que pasó a liderar las encuestas electorales en Costa Rica, después del “shock religioso” que causó la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) que avala como nunca antes ciertos derechos de las personas LGBTI en el país.

El otro es Carlos Alvarado, exministro de Trabajo, periodista y politólogo con maestría de la Universidad de Sussex, y candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), que está actualmente en el poder. En su gestión en el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) se creó un programa de becas para mujeres trans, y se ha pronunciado a favor del matrimonio igualitario y la igualdad de derechos para las personas LGBTI, a lo que el otro Alvarado se opone rotundamente. Tras meses de aparecer en los últimos lugares de las encuesta, Carlos Alvarado ha empezado a repuntar la intención de voto, aparentemente ante el miedo provocado en votantes más progresistas por el ascenso de Fabricio. Veamos.

“Ciertamente podríamos decir que son (candidatos) antagónicos. Fabricio Alvarado representa una visión más ortodoxa de no reconocimiento de una familia diferenciada como derecho para las parejas del mismo sexo y la comunidad LGBTI. No viene de un partido político fuerte […] entonces va a tener que recurrir a algunas personalidades de otros partidos políticos, como lo hizo en la actualidad el PAC, para poder gobernar, en caso de que lleguen a la presidencia”, dijo a Distintas Latitudes el analista político costarricense Alonso Mora.

“Lo que refleja Carlos Alvarado sería un aspecto distinto. Tiene una mayor apertura hacia reconocimientos de derechos de las personas de la comunidad LGBTI, una política más social y un continuismo con la obra que ha venido realizando Luis Guillermo Solís (actual presidente de Costa Rica), la cual ha venido siendo criticada por diversidad candidatos políticos. Son posiciones totalmente divergentes, contrarias entre sí”, agregó.

Falta de liderazgo

El pasado 31 de enero concluyó el período en el cual se pueden publicar legalmente encuestas de intención de voto en Costa Rica. En el país también están prohibidas las encuestas de boca de urna. Las últimas dos encuestas que salieron ese día, elaboradas por la Universidad de Costa Rica y la empresa OPOL Consultores muestran un panorama similar: el evangélico Fabricio Alvarado encabeza, y en un tercer lugar, muy reñido con el segundo, se encuentra Carlos Alvarado.

Sin embargo, a estas alturas cualquier cosa puede ocurrir. Y como señala el Semanario Universidad, medio que publicó la encuesta de la Universidad de Costa Rica, este es un cierre de campaña de vértigo. Aproximadamente 36% de los electores decidido a votar no saben aún por quién lo harán. Eso sobrepasa por mucho la intención de voto de cualquiera de los candidatos que lideran las encuestas.

Fabricio Alvarado, en el primer lugar, tiene apenas entre un 16% y 17% de intención de voto. El segundo lugar, Antonio Álvarez Desanti, que representa a la política tradicional costarricense con el Partido Liberación Nacional, tiene entre 12% y 14%, mientras que Carlos Alvarado aparece en un tercer lugar con entre un 10% y 12%. Con ese nivel de indecisos, inclusive el cuarto y quinto lugar podrían dar la sorpresa y llegar a una segunda vuelta que será casi segura. Ningún candidato pareciera tener el potencial de alcanzar el 40% necesario para ser declarado presidente en la primera ronda.

“Hay un vacío de liderazgo político evidente en las encuestas. Hay varios candidatos que tienen posibilidades de pasar a la segunda ronda, con lo cual no hay un liderazgo claro en ese sentido”, dijo anteriormente a Distintas Latitudes el analista político Francisco Barahona.

Incertidumbre en el top 3

De acuerdo con Mora, la creencia de que no hay un público electoral muy conservador en Costa Rica es ilusa, y las encuestas ahora lo demuestran.

“Cuando se viene la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Fabricio (Alvarado) sabe aprovechar muy bien ese escenario, lo cual extrañamente no saben aprovechar otros partidos de arraigo más cristiano, como podría ser el Partido Unidad Social Cristiana. Fabricio Alvarado se opone totalmente a esta resolución y toma un criterio muy intransigente de salirnos de un organismo internacional como la Corte. Esto le suma muchos adeptos”, dijo Mora acerca del ascenso de Alvarado.

Por su parte, Antonio Álvarez Desanti se mantiene en un segundo lugar por la base electoral de su partido político, uno de los más grandes y tradicionales del país.

“Ese es el típico ‘yo soy liberacionista, siempre voy a votar por ellos’. Esa base natural la mantiene. Eso es lo que está soportando hoy su candidatura, y él se ha mantenido en esa base natural”, dijo Mora.

¿Y el déficit fiscal, el desempleo y la inseguridad?

Si bien los derechos humanos de la población LGBTI, como de cualquier otra población, son un tema de importancia, el último mes de campaña se ha centrado de forma desproporcionada en esta materia, frente a la grave crisis fiscal que vive Costa Rica, y los desafíos del desempleo y la inseguridad, que son considerados por la mayoría como los principales problemas del país.

Causa decepción y enojo. Para quienes estamos permeados de la política, lamenta uno que no se esté dando una discusión sobre el tema fiscal, que no se esté dando una discusión sobre el tema de empleo, sobre la pobreza, sobre la seguridad, el narcotráfico, la delincuencia. El tema fiscal ya no aguanta en Costa Rica, al igual que el tema de empleo”, dijo Mora.

De hecho, esta semana el Banco Central de Costa Rica anunció que, si no se toman medidas urgentes, el déficit fiscal del gobierno central del país alcanzaría un 7,9% del Producto Interno Bruto para 2019.

De momento, lo único cierto es que la incertidumbre solo se resolverá el próximo domingo 4 febrero, cuando los indecisos tengan que decidirse en las urnas. Es mucho lo que está en juego en Costa Rica, en un momento en donde las finanzas, la decepción hacia la política, la creciente inseguridad y la falta de dinamismo económico, así como la intolerancia y los discurso de odio, ponen en riesgo la estabilidad de un país que ha sido considerado modelo en América Latina.

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