Texto: Tania Chacón

Entre los impactos que han tenido las refinerías en México durante los últimos 20 años están: derrames petroleros, explosiones, ecocidios, contaminación de agua, aire y muerte de flora y fauna. Pese a esto, Andrés Manuel López Obrador, quien fue electo para convertirse en el próximo presidente de México (2018-2024), tiene como pilares de su plan energético la restauración de las seis refinerías existentes en el país y la creación de otras dos.

López Obrador defiende este plan energético con la premisa de que si incrementa de manera significativa la producción de gasolina mexicana se terminará con la dependencia que tiene el país de las importaciones de combustibles. Actualmente, de acuerdo con el reporte operativo de Petróleos Mexicanos (PEMEX), seis de cada diez litros de gasolina que se venden en el país provienen del extranjero, principalmente de Estados Unidos. Seis de cada diez, cuando México llegó a ser el séptimo productor mundial de petróleo en el mundo. 

¿Por qué la apuesta?

Rocío Nahle, quien ha sido propuesta para ser la próxima secretaria de Energía de México, justificó estos proyectos energéticos en una entrevista con Forbes México diciendo que para que el país pueda mostrarse fuerte ante el mundo “tenemos que fortalecernos de forma interna para salir y convivir con todo el exterior, sobre todo en un sector tan importante como el de energéticos”.

Al respecto, Josefa González Blanco, propuesta como la siguiente secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México, dijo en entrevista para el portal Aristegui Noticias que para López Obrador la producción de gasolina es un asunto de seguridad y soberanía nacional. “No podemos depender de gobiernos extranjeros que nos venden combustible y alimentos, y no podemos arriesgarnos a que México se quede sin combustible por una decisión de Estados Unidos o algún otro país”. González Blanco detalló que el nuevo gobierno mexicano va a invertir también en desarrollar una matriz dominada por energías limpias, pero que completar esa transición tomará varias décadas. “Para el 2024 sólo entre 30 y 40% de la energía producida provendrá de fuentes renovables, e incluso en los mejores escenarios, en el 2030 y cumpliendo con los compromisos de México, todavía una fracción importante de la energía será fósil“.

Josefa González también explicó que mantener las refinerías trabajando como hasta ahora, al 30% de su capacidad, mientras se sigue importando gasolina a altos precios “es una ineficiencia que resulta de la corrupción y la mala gestión, que además provoca los altos precios en los combustibles, y por eso es urgente recuperar la capacidad de las refinerías que ya existen”. Consideró, además, que renovar estas refinerías no tiene por qué estar peleado con la inversión y promoción de las energías limpias. En su gestión apostará por un modelo descentralizado de energías renovables al cual se destinen estímulos y se promuevan mercados.

El impacto ambiental

La refinación de petróleo también trae consigo importantes efectos ambientales. De acuerdo con Greenpeace, cualquier tipo de hidrocarburos, ya sea crudo o refinado, daña los ecosistemas marinos produciendo muerte de organismos por asfixia, destrucción de los organismos jóvenes o recién nacidos, efectos negativos sobre la reproducción y propagación de la fauna y flora marina, destrucción de fuentes alimenticias, muerte de organismos por envenenamiento, y taponamiento en las vías respiratorias de mamíferos.

Francisco Cravioto, investigador e integrante de la Asamblea Veracruzana de Iniciativa y Defensa Ambiental, explicó en entrevista a Distintas Latitudes que si bien los impactos ambientales de la refinación están ligados a los impactos de la exploración, extracción, transporte y consumo de combustibles, las propias refinerías generan su propia contaminación. De acuerdo con Cravioto, la operación normal de una refinería tiene el riesgo de derrames que pueden afectar los suelos en los alrededores o en los mantos acuíferos. “Además está el riesgo social que donde se coloca una refinería las actividades económicas pasan a ser parte de la refinería, la gente trata de vincularse a esa cadena productiva. Si se desactiva la refinería, esto provoca el colapso económico de una región.”

El investigador, quien también forma parte de la Alianza Mexicana contra el Fracking, reconoce que bajo el modelo mexicano es necesario dar mantenimiento a las seis refinerías que ya existen: “El hecho de que se invierta en estas refinerías es una buena noticia incluso en términos de afectaciones ambientales. Todavía hay una demanda muy fuerte por parte de la ciudadanía mexicana y de alguna manera se tiene que cubrir sin provocar un déficit de balanza comercial. Está bien rehabilitar las refinerías existentes, con ellas podría mitigarse un poco precisamente la demanda de combustibles”.

Si a una refinería no se le da mantenimiento, pueden ocurrir casos como el de la refinería de Cadereyta, ubicada en el estado de Nuevo León, al norte del país, lo que ocasionó un derrame de petróleo en el Río San Juan en 2014, contaminó el agua del río, el suelo y el subsuelo. Dos años después todavía no se podía cosechar naranja, frijol, maíz, trigo ni miel, fuentes de trabajo para los pobladores de Cadereyta, quienes tuvieron que migrar en busca de empleo. Otro ejemplo fue la explosión de la refinería Pajaritos en 2013, ubicada al sur del estado de Veracruz, la cual ocasionó la muerte de tres personas, daños en viviendas y dispersión de tóxicos en la atmósfera y el agua.

Cravioto, apunta además que: “nos encontramos en una situación donde el gobierno federal no debe invertir un centavo más en la industria de los hidrocarburos sin que presente a la ciudadanía un plan de transición energética.” Este plan debe incluir cuánto tiempo tardará la transición y cómo se hará. “Gran parte de los combustibles van destinados a la movilidad ciudadana, por lo cual el gobierno debe dar respuestas de movilidad distintas al modelo intensivo de consumo de hidrocarburos, de tal forma que se pueda reducir cada vez más nuestra dependencia con respecto al combustible.”

Francisco Cravioto también considera que la demanda actual puede satisfacerse con las refinerías que ya existen, “sólo en caso realmente necesario, si nos corroboran con datos que se requieren esas refinerías [nuevas], abramos un debate público para ver si sí se requiere y dónde se van a colocar”.

Ante las declaraciones que ha hecho López Obrador sobre sus planes en materia energética, la Alianza Mexicana contra el Fracking lanzó un pronunciamiento en el cual solicitaron la apertura de mesas de debate públicas sobre la política extractiva y energética del próximo sexenio.

Las refinerías en el contexto latinoamericano

Los proyectos de combustibles del presidente electo López Obrador se desarrollarán en un escenario en que distintos países de América Latina están dando un giro energético mayor, que incluye, por ejemplo, la sustitución de combustibles fósiles por fuentes renovables de energía, como es el caso de Costa Rica. Mientras otros, como Brasil, Perú o Argentina, siguen apostando a una matriz dominada por la industria fósil.

Gerardo Honty, analista en energía y cambio climático del Centro Latinoamericano de Ecología Social, ha observado que en la región, más que un avance hacia las energías renovables se vive un retroceso porque si bien ha crecido la implementación de nuevas fuentes, en términos porcentuales la participación de combustibles fósiles en la matriz energética es mayor. De acuerdo con el investigador, en 2006 América Latina alcanzó su pico de producción de petróleo convencional. Eso no significa que el petróleo se haya acabado, sino que la producción petrolera será cada vez menor y por ello se ha tenido que recurrir a la importación, como lo hace México, o al fracking. De acuerdo con Honty, hacia el futuro la situación empeorará porque el consumo de combustibles fósiles va en aumento, para cubrir esa demanda la extracción será más agresiva y amenazante para el medio ambiente.

En Brasil, en junio 2018 el director de la Agencia Nacional del Petróleo y Gas, Felipe Kury, dijo que por lo menos hasta 2019 se seguirán ofreciendo cerca de dos mil áreas para explotación petrolera en el país, porque “Brasil no puede renunciar a sus recursos”, si bien contempla que todas las actividades sean transparentes y monitoreadas para vigilar sus impactos sociales y ambientales. Perú tiene una participación muy baja de energías renovables, con el objetivo de llegar a sólo el 5% en 2025, además de que su demanda de energía le implicará mayor uso de petróleo y gas. Por su parte, Argentina ha comenzado una importante expansión con el segundo yacimiento de gas de esquisito del mundo, tiene los precios de electricidad más altos de la región y un enorme potencial eólico sin explotar en los Andes.

En contraste con la tendencia en la región, Costa Rica pasó más de 250 días utilizando electricidad proveniente únicamente de fuentes renovables en 2016 y ya supera la barrera del 98% de energía limpia. En cuanto a combustibles fósiles, el país centroamericano tiene un récord de 76 días consecutivos sin utilizarlos. 

México, de acuerdo con su Secretaría de Energía, instaló la infraestructura necesaria para generar el  28% de su energía de fuentes renovables en 2015 y espera llegar al 35% en el año 2021 gracias a su inversión de más de 4 mil millones de dólares en la materia. Esa meta que podría lograrse si, como dice Francisco Cravioto, no se invierte más en hidrocarburos y se presenta un plan de transición energética.