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Por Nathan Jaccard

Aunque Colombia ya empieza a sentir el impacto de la crisis, el país no tiene conciencia del Tsunami que está por golpear la economía.

Julio Flórez, un poeta de finales del siglo XIX y principios de siglo XX afirmó alguna vez que en Colombia “todo nos llega tarde…hasta la muerte”. Casi un siglo después, parece que los analistas, empresarios y miembros del gobierno nacional todavía piensan así, esperan una crisis económica, desconocida desde la segunda guerra mundial, casi cómo si sólo fuera pasarle a los otros. A pesar de cifras preocupantes, todavía no se tiene conciencia de los problemas que están por venir.

El gobierno de Álvaro Uribe reitera un discurso optimista, reconfortante y positivo. En una conferencia reciente, el ministerio de hacienda, con impecables power-points, gráficos y proyecciones resaltó un mercado financiero nacional robusto, la excelente política cambiaria, el prudente manejo de la deuda externa y la reorientación de la inversión pública en grandes proyectos de infraestructura. Innumerables escudos que fortalecen a Colombia frente a los embates de la crisis mundial, augurando incluso un crecimiento de 3% del PIB para 2009.

Las grandes instituciones internacionales han hecho eco del optimismo de Uribe. A principios de 2009, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aseguró que “Colombia está en buena posición para afrontar los desafíos que plantea la actual crisis”. Por su parte, Eduardo Somensatto, representante del Banco Mundial (BM) en Colombia, declaró que “Colombia está en una posición más sólida y sana que otros países y por eso esperamos que tenga la posibilidad de absorber el impacto de la crisis un poco mejor que otros países”

Pero al acercarse un poco más de cerca a las cifras de la economía colombiana, el diagnóstico es que el país tal vez no tiene tan buena salud cómo pretende el gobierno, el FMI y el BM, partidarios del neoliberalismo, doctrina que para muchos es la causa de la crisis.

El desempleo ascendió a niveles que no se conocían desde 2004, llegando a tocar 14,2% de la población activa según las cifras oficiales, unos 2.100.000 colombianos. La cantidad no sería tan preocupante si no se supiera que el empleo informal, el de los vendedores de semáforo, mototaxistas y rebuscadores de toda pelambre, corresponde al 57,7% de los ocupados, con un incremento en el último año de 93.000 personas. Cabe recordar que este sector accede con gran dificultad a la salud, a las pensiones y muchas veces sueña con un salario mínimo, que para el 2009 llegó a la generosa suma de 500.000 pesos (200 dólares).

Pero si por aquí llueve, por allá no escampa. La estruendosa caída de los mercados externos tiene consecuencias claras sobre la economía nacional. En los años Uribe, el país le ha apostado a un modelo exportador, con salarios competitivos (bajos), tratados de libre comercio y incentivos al comercio exterior. Estados Unidos es el principal socio de Colombia, captando 38% de las exportaciones, seguido por Venezuela, con 15%. Ninguno de los dos puede hacer gala de una salud económica óptima. Además, cerca de 72% de las exportaciones colombianas son de combustible, cuyos precios se han dividido en dos en el último año.

Por otra parte, la recesión que golpea a Europa y Estados Unidos está afectando las remesas. El ministro de hacienda, Oscar Iván Zuluaga, declaró que la crisis provocará la caída de casi 20% en las remesas, una reducción de unos 800 millones de dólares sobre los 4.600 millones que Colombia recibió el año pasado. La situación en España ha llegado a tal punto que Avianca, la aerolínea nacional, declaró que más de 15.000 colombianos compraron un tiquete sólo  ida entre Madrid y Bogotá a finales del 2008 por la falta de oportunidades laborales. En ciertas regiones del país, son pueblos enteros que han perdido sus ingresos porque sus familiares ya no trabajan en los bares de Valencia, los restaurantes de Madrid o los call-centers de Barcelona.

Ante este futuro oscuro, más de un economista le pide al gobierno que acelere las reformas. Para Eduardo Sarmiento, del centro de estudios económicos de la Escuela Colombiana de Ingeniería, “el modelo exportador es un suicidio, el estado se ha quedado inmóvil, ya se impone un nuevo patrón”. Sarmiento propone “abrir el camino a un desarrollo basado en el ahorro interno y en la sustitución de importaciones, con mejores salarios para fortalecer el mercado nacional”. Roberto Steiner, director ejecutivo de Fedesarrollo, una institución independiente de estudios económicos, declara que “las reformas se hacen en tiempos de crisis”.

Es que para muchos, el momento es crucial, una oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo, que hasta ahora no ha cumplido con las metas de reducir la pobreza y las disparidades. No hay que olvidar que en chino, crisis es sinónimo a oportunidad.

Nathan Jaccard

Nací en Bogotá en 1983, de dos padres suizos. A los 17 me fui para las Europas, donde estudié Historia en París, fui barman en Londres y becado en Ginebra. Después de siete años al otro lado del charco volví a Colombia a especializarme en Periodismo. Desde 2009 trabajo en Publicaciones Semana, primero en el portal VerdadAbierta.com, especializado en conflicto armado y paramilitarismo, y después como encargado de las páginas internacionales de la revista Semana. Colaboro con Distintas Latitudes desde su fundación.

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