¿Tiene o no problemas de alcoholismo el Presidente de la República?, es la pregunta que algunos mexicanos nos hemos hecho desde que el rumor comenzó a socializarse, recién llegado al cargo el mandatario Felipe Calderón.

La periodista mexicana Carmen Aristegui lanzó justo ese cuestionamiento el viernes 4 de febrero, en la que a la postre se convertiría en su última emisión radiofónica-televisiva a través de la empresa MVS.

Para algunos, la pregunta es irrelevante. Pero para otros, es fundamental para conocer a quien dirige el destino social, económico y político de un país en tiempos de violencia y crisis. Y para la emisora, que aún presume en su sitio electrónico la nota “Aristegui, Premio Nacional de Periodismo”[1],  el cuestionamiento resultó una transgresión a su código de ética al dar por “válida una presunción”.

La pancarta incómoda

Todo comenzó a propósito de una pancarta colocada por miembros de la oposición en la Cámara de Diputados. En ella, legisladores del Partido del Trabajo insinuaron que el presidente Felipe Calderón padece problemas de alcoholismo.

“¿Tú dejarías conducir a un borracho tu auto? ¿No, verdad? ¿Y por qué lo dejas conducir el país?”,  rezaba la manta.

Aristegui reportó en su programa esta acción puesto que el acto provocó la ira de los diputados oficialistas y la sesión legislativa se canceló, por lo cual se convirtió en noticia.

Al término de la crónica, la periodista recordó que este rumor del supuesto alcoholismo de Calderón es un tema frecuente en redes sociales aunque no se ha podido corroborar, pues no hay información al respecto. Aludió que “en las democracias del mundo suele verse de vez en vez que se piden estudios médicos para saber cuál es la condición de los gobernantes”.

Por lo que, dado el conflicto con los diputados y la recurrente mención en las redes sociales, “debería la propia Presidencia de la República dar una respuesta clara, nítida, formal, al respecto”[2].

El lunes 7 de febrero, la radiodifusora transmitió por la mañana un mensaje[3], el cual más tarde descolgó de su sitio electrónico, en el que informaba que daba por terminada su relación contractual con Carmen Aristegui.

Además de argumentar la violación a su código ético explicaba que la periodista se negó a ofrecer una disculpa pública, en los términos del propio consorcio mediático. Detractores y partidarios de la comunicadora expresaron su malestar a través de las redes sociales. En Twitter, la discusión se convirtió en tema popular mundial (Trending Topic, #Aristegui).

Fue precisamente en el espacio del microblog electrónico donde corrieron además diversas versiones al respecto. Los periodistas Lydia Cacho y Federico Arreola difundieron, entre otros, que presuntamente la oficina de la Presidencia fue notificada de la salida de Aristegui de MVS.

Este hecho provocó la presunción de que, al ser informada la Presidencia, el origen del despido debió venir de allí mismo, pues una relación contractual no tiene por qué ser informada al gobierno con semejante particularidad.

La “libertad de expresión”

La salida de la periodista Carmen Aristegui del medio de comunicación que más le permitía estar en contacto con el público de toda la República Mexicana, desde enero de 2009, provocó reacciones encontradas además de “enarbolamientos” para defender la libertad de expresión.

En términos llanos, el asunto se trata estrictamente de una relación contractual concluida por no atender los lineamientos e intereses de una empresa. Algo  perfectamente válido.

Como ocurrió igualmente con la empresa en la que Aristegui trabajaba anteriormente, W Radio, donde luego de seis años de transmisiones no le fue renovado su contrato en enero de 2003.

Sin embargo, en el caso reciente, la empresa concluye al final de su comunicado con la siguiente frase: “Los conductores de MVS seguirán gozando de la libertad de expresión que nuestra Constitución otorga“.

Esto nos obliga a reflexionar entonces sobre algo que es un secreto a voces: la libertad de expresión, vista desde el ámbito periodístico, no implica decir lo que se quiera o piense sino lo que vaya acorde a “códigos de ética” regidos en su mayoría por el dinero y el poder.

En Los cínicos no sirven para este oficio, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski asegura que “la libertad del periodista está limitada por los intereses de la cabecera para la que se trabaja”[4].

El reportero de guerra señala que la noticia se convirtió en un buen negocio. Y agrega, en Los cinco sentidos del periodista: “Eso creó una brecha entre los dueños y gerentes de los medios y nosotros, los periodistas, porque ellos persiguen otros intereses y objetivos”.[5]

En otras palabras, los medios de comunicación son empresas privadas que, como tales, son regidas por intereses económicos.

En este caso pudo más el poder económico y político pues, haya venido o no la orden desde la oficina presidencial, es también sabido que MVS busca la renovación de sus concesiones de telecomunicación que dependen directamente del gobierno federal.

Cada quien puede hacer sus propias conclusiones pero el hecho es que las radiodifusoras, televisoras, diarios, revistas y cualquier medio de comunicación “de masas” está sujeto a quien compre espacios en ellos.

El problema real es acostumbrarnos a esa mirada crítica que no debemos perder al atender una información transmitida por estos canales. Si hablan, bien o mal, de tal o cual personaje o tema es porque hay una pauta de por medio.

Pero no nos rasguemos las vestiduras aludiendo un supuesto atentado contra la libertad de expresión, cuando eso, en nuestro país, a nivel mediático, no existe completamente como la entendemos.

Se extrañará a Carmen Aristegui en la radio porque hay temas que otros periodistas no retoman, justo por estar sujetos a las políticas de las empresas en que laboran.

Se lamenta su salida del espacio de mayor difusión porque “la nota” la daba ella al entrevistar a personajes como los ex presidentes que luego alegan demencia o las víctimas de pederastia que no deben ser olvidadas aunque no formen parte de la “agenda” de otros medios.

Y sobre todo se echará de menos porque, al final, forma parte del reducido grupo de periodistas que se atreven a preguntar de frente si “¿Tiene o no problemas de alcoholismo el Presidente de la República?”.


[1] http://www.noticiasmvs.com/noticias/actualidad/Aristegui-Premio-Nacional-de-Periodismo.html

[2] http://www.youtube.com/watch?v=M4mi7c4WpM0&feature=player_embedded

[3] http://www.milenio.com/node/640269

[4] Ryszard Kapuscinski. Los cínicos no sirven para este oficio. Anagrama. Barcelona, España. 2002. P. 56.

[5] Ryszard Kapuscinski. Los cinco sentidos del periodista. FCE. México. 2003. P. 23.

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La noticia traspasó fronteras. Aquí un video sobre el tema de la cadena TeleSur.