Por Pablo R. Barriga

1. Ecologismo indígena: “vivir bien, no mejor”

Desde el mes pasado, el 22 de abril es el Día Internacional de la Madre Tierra. Así lo determinó la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptando una resolución boliviana, presentada personalmente por el Presidente Morales, quien sostuvo, visiblemente emocionado por la aprobación unánime, que había “llegado el momento de reconocer que la Tierra no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a la tierra” y recordó a la audiencia, además, el carácter sagrado que los pueblos indígenas bolivianos le dan a la Pachamama, madre tierra en quechua[1].

La aprobación unánime mostraba el éxito de un discurso esparcido por foros y universidades del mundo cuyo hilo conductor es la idea del cambio “del sistema capitalista por un sistema basado en la complementariedad [y] la solidaridad”, y una superación de lo que el Presidente Morales y sus colaboradores llaman el “modelo del vivir mejor”, esto es, el modelo “del desarrollo ilimitado, de la industrialización sin fronteras, de la modernidad que desprecia la historia [y] de la acumulación creciente a costa del otro y de la naturaleza”, que podría dejarse de lado por un “vivir bien”, esto es, “en armonía con los otros seres humanos y con nuestra Madre Tierra”[2].

Así, Bolivia da, por lo menos hacia el extranjero, la imagen de ser un país capaz de ofrecer un ecologismo indígena del que el mundo podría aprender en un momento de crisis ambiental planetaria, o por lo menos así lo entienden algunos intelectuales de izquierda[3].

Esta visión se concretaría, piensan estos mismos intelectuales, con la implementación de la nueva Constitución Política del Estado – aprobada el 7 de febrero de este año -, que eleva a rango constitucional “el desarrollo sustentable, el equilibrio del medio ambiente y la participación de la población en la gestión ambiental.” Lo más importante sería esto último, ya que, a diferencia de la anterior Ley del medioambiente, la nueva Constitución estipula que “la explotación de los recursos naturales en determinado territorio estará sujeto a un proceso de consulta a la población afectada, convocada por el Estado que será libre, previa e informada [y que] en las naciones y pueblos indígenas originarios, la consulta tendrá lugar respetando sus normas y procedimientos propios.”[4]

Todo esto suena, por lo menos en un primer momento, muy promisorio.

2. La modernización exigida: vivir mejor sí importa

Un observador un poco ingenuo podría pensar que, dado el discurso de la nueva élite política, en Bolivia debiesen estarse llevando a cabo una serie de políticas públicas ambientalistas y ecologistas relativamente radicales, pero basta dar una breve mirada al panorama de la política boliviana para darse cuenta de que brillan por su ausencia.

Salvo la excepcional protección a los Toromonas del Norte Amazónico del Departamento de La Paz[5] o la prohibición del maltrato a animales en el Ejército Boliviano[6], lo cierto es que hasta ahora el gobierno boliviano no parece tener una política de protección al medioambiente clara y concisa,  lo que se hizo evidente con especial dramatismo en el caso de la próxima construcción de las hidroeléctricas brasileras en el Río Madera (que tendrán – de ser construidas – terribles consecuencias en el norte del país[7]), ante la cual la diplomacia boliviana reaccionó con tibieza e inseguridad[8].

Por el contrario, lo que se observa es una política extractivista y polucionante dirigida a la explotación intensiva de los recursos naturales – gas, minerales – para exportación, con escasas consideraciones acerca de riesgos ambientales y sociales.[9]

Pero la ausencia de políticas medioambientales y la presencia de un modelo neo – desarrollista resulta sorprendente sólo si se da por hecho que el discurso del “vivir bien, no mejor” está extendido entre la mayoría de la población boliviana,  lo que es más un imperativo moral sostenido por las nuevas élites políticas e intelectuales que un hecho empírico verificado.

De hecho, algunos estudios y reflexiones disidentes sugieren que la mayoría de la población boliviana – incluídos los movimientos sociales – han interiorizado profundamente los valores de la modernidad técnico – económica, por lo que una gran parte de sus demandas tienen que ver más con la industrialización, el apoyo financiero, la tecnificación de la agricultura, la propiedad privada, el mejoramiento de los servicios educativos y la seguridad social y, en fin, la elevación del nivel de vida[10], que con un retorno a un supuesto pasado armónico. Es en gran medida por esto, pues, que el Gobierno del Presidente Morales no puede dejar de intentar responder a estas demandas.

Hablando en particular de los movimientos sociales, un estudio relativamente reciente es muy revelador al indicar que:

a pesar de que el elemento indígena – un aglutinante y movilizador –atrajo la mayor atención de los analistas, el proyecto modernizador de las movilizaciones campesinas pasó desapercibido. En los hechos, por el contrario, los actores enfatizaron cada vez más la la modernización de la producción agrícola e industrial, sin considerar los efectos que ésta pudiera tener para la integridad comunal. La tensión entre los mecanismos de producción moderna y la propiedad colectiva es un aspecto no resuelto para el movimiento.[11]

Si a esto se suma la pobreza material de Bolivia (58% de la población por debajo de la línea de pobreza en 2008), no sorprende que la mayoría de la población no tenga el menor interés en los problemas ambientales y que, es más, se dedique con denuedo a una serie de actividades predatorias con miras de corto plazo como el manejo irresponsable de los desechos, la destrucción de sistemas agrícolas, la erosión de los suelos y la deforestación. Como dice un reconocido filósofo boliviano en tono pesimista “en la esfera del medioambiente,  casi todos los bolivianos se destacan más bien por prácticas muy modernas de saqueo y destrucción de la naturaleza sin comprender los peligros inherentes de estos hábitos”[12]

En cuanto a la nueva Constitución Política del Estado, un análisis crítico da cuenta de la ausencia de límites ecológicos precisos a la actividad económica, demasiadas prerrogarritvas para un Estado propenso a la corrupción y falta de directrices para internalizar las externalidades provocadas por la explotación de los recursos naturales, por lo que el texto constitucional está lejos tanto de los desarrollos sustentables débil y fuerte, y más bien reproduce una especie de desarrollismo latinoamericano de los cincuentas y sesentas, con un Estado interventor que usa los recursos naturales como motor del crecimiento económico[13].

3. Comentarios finales

Así las cosas, parece medianamente claro que el discurso de la nueva élite política boliviana se queda, por cuestiones de realpolitik, en buenas intenciones. Mientras la mayoría de bolivianos no vivan ni siquiera “bien”, será muy difícil que no esperen “vivir mejor”. Sería ideal y deseable que se encuentre un modelo de desarrollo alterno responsable con las futuras generaciones, pero esto parece muy difícil dadas las necesidades tan inmediatas que enfrenta la población.

Notas:

[1] “NNUU declara el 22 de abril Día de la Madre Tierra a iniciativa del Presidente de Bolivia”, disponible en www.nu.org.bo (todos los textos han sido consultados en mayo de 2009).

[2]Evo Morales Ayma, “Salvemos al planeta del capitalismo”, diciembre de 2008, disponible en www.deudaecologica.org . Es necesario decir que el discurso del Presidente Morales no es solamente, como podría pensarse a primera vista, una serie de eslóganes ingenuos, sino que es un programa bastante bien estructurado.

[3] “Valoran la significación mundial del ecologismo indígena”, julio de 2008, disponible en www.bolpress.com .

[4] Raúl Prada Alcoreza, “Análisis de la nueva Constitución Política del Estado”, febrero de 2009, disponible en www.bolpress.com .

[5] Pablo Cingolani, “El reto de proteger a los pueblos indígenas aislados de Bolivia”, diciembre de 2006, disponible enwww.ecoportal.net .

[6] “Bolivia prohíbe que sus militares maltraten a animales”, marzo de 2009, disponible en elblogverde.com

[7] Iván Castellón Quiroga, “Acerca de las represas hidroeléctricas en la Cuenca del Río Madera”, agosto de 2007, disponible enwww.ecoportal.net .

[8] Pablo Villegas, “El Río Madera y la diplomacia agachada de Bolivia”, enero de 2008, disponible en www.bolpress.com .

[9] Carlos Crespo, “Ambiente y recursos naturales en la propuesta de Constitución Política del Estado de Bolivia”, marzo de 2008, disponible en bolpress.com .

[10] Véase H. C. F. Mansilla, El carácter conservador de la nación boliviana, Santa Cruz, El País, 2004, pp. 6 – 10.

[11] Álvaro Zapata Sapiencia, “El ciclo de movilizaciones boliviano: Entre la democracia y la modernización”, septiembre de 2006, disponible en bolpress.com.

[12] Mansilla, op. cit, p. 9.

[13] Véase Crespo, art. cit, y Eduardo Gudynas, “Desarrollo sostenible y gestión ambiental en la nueva propuesta constitucional”, marzo de 2009, disponible en bolpress.com.