Foto: Jair Bolsonaro en protesta contra Dilma Rousseff en 2015.
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En abril de 2016, cuando se votó el impeachment de la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, un diputado evangélico del Congreso brasileño generó polémica al dedicar su voto contra Rousseff al golpe militar de 1964 y al torturador de la dictadura, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra. Dos años más tarde, ese mismo diputado, Jair Bolsonaro, lidera las intenciones de voto para las elecciones presidenciales de 2018, si la candidatura del expresidente Lula da Silva fuese impedida.

A pesar de haber sido arrestado, en prisión preventiva, el pasado mes de abril, Lula todavía puede ser candidato presidencial, y así lo ha defendido su partido. En agosto, el Tribunal Superior Electoral deberá definir si acepta o no su candidatura. Y ahí tendría una oportunidad Bolsonaro.

No es de extrañar que durante estos últimos dos años los discursos de odio y el fundamentalismo religioso hayan tenido enormes expresiones en el gigante sudamericano, en momento rayando lo bizarro, lo surreal y lo trágico: protestas contra museos, ataques a pensadoras feministas, e inclusive el asesinato de una defensora de los habitantes de las favelas, Marielle Franco.

¿Cómo se llegó a este punto? De acuerdo con el periodista y asesor político brasileño Sandro Lobo, esto se puede deber a tres factores, principalmente: (1) la desilusión con los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y una “satanización” de la izquierda, (2) el crecimiento demográfico de las iglesias evangélicas y (2) los recursos económicos con los que estas cuentan para actuar como entes de propaganda política.

Un Brasil de mayoría evangélica

De acuerdo con datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), cada año la Iglesia Católica está perdiendo un 1% de sus fieles, mientras que las denominaciones evangélicas ganan 0,7%. Según el demógrafo José Eustaquio Diniz Alves, del IBGE, en menos 10 o 15 años Brasil podría ser un país de mayoría evangélica.

A la vez, la bancada evangélica en el Congreso y el Senado del país ha ido creciendo de la mano de este cambio demográfico. Antes de 1999, la bancada evangélica—como se denominan y se agrupan congresistas de distintos partidos, inclusive de partidos tradicionales de Brasil— tenía solo 27 de 513 asientos. En 1999 ese número pasó a 44, un crecimiento del 63%. En 2010 contaba ya con 73, y para la elección de 2014 alcanzó 87 escaños (casi un 17% del total de puestos), y proyectan alcanzar 165 puestos (un 32% del Congreso) en las elecciones de 2018.

“Contribuye a ese enorme crecimiento en el Parlamento (Cámara de los Diputados y Senado Federal) el hecho de que ellos recaudan millones de reales de los fieles de las iglesias, una enorme cantidad de dinero que es usado para campañas política y sobre la cual el Estado brasileño no tiene la mínima información”, dijo Lobo a Distintas Latitudes.

“Por ley, las iglesias no están obligadas a contabilizar ni a informa al gobierno el origen y el destino del capital que manejan. De ahí se entiende que muchas [iglesias] son usadas para lavado de dinero del tráfico de drogas y armas, por ejemplo”, agregó.

A pesar de que, en Brasil, como en general en América Latina, las iglesias evangélicas se han instalado en sectores de la población menos favorecido, los representantes evangélicos en el Congreso no estarían legislando a favor de los mismos grupos que los eligieron.

“En realidad ellos votaron en masa, por ejemplo, a favor de la Reforma Laboral que retiró derechos consagrados de los trabajadores, que precarizó las relaciones de trabajo. Al mismo tiempo, ellos toman posición en propuestas conservadoras, como la retirada de la palabra ‘género’ del Plan Nacional de Educación, y realizaron audiencias y comisiones para tratar de traerse abajo cualquier derecho de la comunidad LGBT y de las mujeres”, dijo Lobo.

¿Bolsonaro presidente?

A pesar de este crecimiento de los partidos evangélicos, y la ventaja que mantiene Bolsonaro en las encuestas, ni Lobo ni el académico de la Universidad Federal de Bahía y activista LGBT Leandro Colling consideran que él termine ganando las elecciones.

Este año electoral en América Latina abrió con un panorama inesperado en Costa Rica, donde el candidato evangélico Fabricio Alvarado llegó a la segunda ronda y todo indicaba que sería el próximo presidente del país. Sin embargo, tras la derrota del candidato evangélico en Costa Rica, algunos analistas se han aventurado a ver este resultado como un “presagio” de que los resultados electorales de este año serán “normales” en el resto del continente. Lobo y Colling coinciden con esta valoración.

“Yo no creo que el resultado de las elecciones en Costa Rica puede producir una influencia directa en las elecciones de Brasil. Esto, porque la gran mayoría de los electores brasileño ciertamente no leyó noticias sobre lo que pasó en Costa Rica, e inclusive porque la gran prensa del país nunca hace una cobertura intensiva sobre lo que pasa en otros países latinos. Pero, al mismo tiempo, pienso que el resultado de las elecciones en Costa Rica puede influenciarnos de otro modo”, dijo Colling a Distintas Latitudes.

“Los candidatos brasileños pueden, por ejemplo, verificar como el populismo evangélico, que yo llamo de fundamentalismo religioso, fue derrotado, cuáles fueron las estrategias utilizadas, cómo la candidatura progresista no se dejó abatir”, agregó.

En este sentido, Colling considera que no solo en Brasil, como en otros países de la región enfrentado a populismos y fundamentalismos similares puede suceder lo mismo que pasó en Costa Rica.

Por su parte, Lobo cree que el papel de Bolsonarl en estas elecciones será empujar el discurso tan a la derecha que permita el surgimiento como alternativa de otra candidatura de derecha más potable.

“[Se trata de] un sujeto que promete acabar con el Estatuto de Desarmamiento, dando la ilusión de que permitir la compra de armas para toda la población resolverá el problema de seguridad pública (…) De todas formas, creo que su papel en este escenario es el de empujar el debate más a la derecha, como analizó Vladimir Safatle, para que otro candidato de derecha pueda sobresalir y vencer las elecciones. Quiero creer que él [Bolsonaro] no resistirá los debates de campaña, cuando su plataforma y su torpeza quedarán más expuestas”, dijo Lobo.

Para el periodista, no será muy fácil para los políticos evangélicos vencer la exposición negativa que han tenido en cuanto a escándalos, así como su actuación parlamentaria contra las personas pobres.

“Sin embargo, nunca se sabe. Ellos tienen dinero libre de la fiscalización del gobierno y la ignorancia es capaz de increíbles prodigios en la política”, dijo Lobo.

Derechos en la mira

A pesar de que el accionar de los políticos evangélicos en Brasil se ha caracterizado por ir en contra del electorado más pobre, su plataforma se ha centrado en atraer votos fuera de los temas económicos y sociales, con una agenda centrada en la “moralidad” contraria a los derechos LGBTI+ y los derechos de las mujeres.

“Estos fundamentalistas religiosos construyeron, a lo largo de los años, una sólida y poderosa red que posee mucho dinero. Y en esa red, los derechos de las personas LGBT, de mujeres y de personas que profesan religiones de matriz africana son elegidos como enemigos número uno. En lo referente a las personas LGBT, esos fundamentalistas están utilizando, en todo el mundo, las mismas estrategias”, dijo Colling.

No obstante, Colling reconoce que estos discursos no vienen exclusivamente de las iglesias evangélicas neopentecostales, sino también de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica y hasta el Espiritismo Kardecista, doctrina espiritual muy extendida en Brasil. En este contexto, que al igual que Brasil viven muchos países de América Latina, Colling considera que son diversos los desafíos para no retroceder en derechos.

“El primero de estos (desafíos), y el más urgente y difícil de concretarse, por una serie de razones, es producir una unión, aunque temporal, entre las personas y grupos más perseguidos por esta ola conservadora”, dijo el académico.

“En Brasil, y creo que en otros países ocurre algo semejante, aún es muy difícil que otros movimientos sociales se alíen con el movimiento LGBT, y viceversa. Por regla, los movimientos están debilitados y separados (mujeres, LGBT, negros, practicantes de religiones de matriz africana) y no dialogan. Cada uno está en su cuadrado, sin percibir que ese conservadurismo perjudica a todas las personas que difieren de cierto patrón machista, cisgénero, heterosexual, católico y blanco. O percibimos la intersección entre esas opresiones y actuamos políticamente, o sólo coleccionaremos derrotas”, agregó.

Lobo considera que hay un movimiento de desestabilización de las democracias en América Latina, y que lo que sucedió en Costa Rica, como lo que sucede en Brasil y otros países de la región no son fenómenos aislados.

“Espero que Brasil, como Costa Rica, sepa decir un sonoro no a los políticos corruptos y a los atrasos que señalan las candidaturas ligadas al pueblo evangélico, que, en muchos casos, son una fachada criminosa que hace uso de la denominación evangélica para explotar mejor la fe del pueblo”, concluyó Lobo.