“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.


Texto: Norihelys Ramos Rodríguez (Puerto Rico)
Ilustración: Alma Ríos (México)

Camila Morentres tomó una decisión que transformó su vida en 2015: decidió fundar Clothe-Moda Sostenible, el primer centro de reciclaje textil en Colombia. Así, mujeres y hombres podrían comprar ropa usada, intercambiar las prendas que ya no quisieran y donarían todas las que iban a desechar. Detrás de esta iniciativa estaba una filosofía apegada a la economía colaborativa y a empoderar a cada participante.

Camila (Colombia, 1989), psicóloga en formación, estaba impresionada con todos los datos que encontraba en Internet: que se utilizan 7, 500 litros de agua para producir unos jeans; que cada segundo en el mundo se entierra o quema una cantidad de textil equivalente a un camión de basura; que la producción de ropa y calzado genera el 8% de los gases de efecto de invernadero; que esta producción se duplicó entre el 2000 al 2014; que la industria textil es la segunda más contaminante en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“La ropa la usamos desde antes de nacer hasta después de morir, pero no sabemos nada sobre ella. ¡No te parece muy loco! Algo que te pones todos los días y que nunca te preguntes: ¿qué será este material? ¿Cómo lo harán?”, cuestiona Camila mientras toca el pantalón deportivo que lleva puesto y sigue: “Nos han quitado las ganas de saber qué pasa con el mundo porque nos han enseñado que se compra y se desecha”.

Camila vivió una infancia y adolescencia muy precarias junto a sus dos hermanos mayores. Apenas tenían juguetes, ropa y zapatos. Nunca visitaban el centro comercial, tampoco el cine y los helados. “El éxito que nos venden, pues yo no lo tenía. Mi normalidad era no consumir ciertas cosas”, dice esta joven de 29 años.

Actualmente, siendo madre soltera de una niña, Camila considera que el éxito es ser fiel así misma y poder elegir el camino de vida que quiere, sin perjudicar a nadie y ojalá beneficiando a otras personas. El dinero nunca será su foco; es solo una herramienta más en su día a día.

“Arma tu closet sostenible” es la frase que representa su fundación. “Soy cero fashionista, cero consumidora, y odio la ropa”, es su consigna.

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Es común que se asocie la vestimenta de segunda mano con suciedad, impureza, miseria y/o indigencia. Cuenta la fundadora Camila que en su juventud solo tenía dos camisas, dos jeans y un par de Converse rojas.

Morentres tiene un mantra que se repite cuando las personas rechazan o estigmatizan el uso de ropa de segunda mano: la industria textil es la segunda más contaminante en el planeta, por favor, que la ropa nunca termine en el vertedero.

Cada vez se producen más prendas. Cada vez se siguen modas más rápidas. Cada vez se compra más ropa. Cada vez es más barata. En menos de 20 días lanzan una pieza nueva idéntica a la que fue identificada como best seller. La gente no solo consume alimentos, también telas, así lo demuestra la española Elena Salcedo en su libro Moda Ética para un Futuro Sostenible publicado en el 2014.

Cuando descubren esta realidad mayormente reaccionan: “¡Uff, hijuepucha, yo no sabía esto! ¿Cómo así?”, dice Camila sentada en su escritorio mientras admite que, al mismo tiempo, hay personas que todavía no comprenden el impacto ambiental y social. Que continúan firmes en su decisión y no compran ni intercambian ropa usada, solamente donan.

“Yo tampoco pretendo ir por ahí predicando. Pienso que orgánicamente la gente se va ir acercando cuando sienta su llamado. No quiero convencer a nadie porque es intrusivo e irrespetuoso”. Además porque “no soy nada paciente, termino regañando a la gente. No tengo las habilidades para estar aquí todo el día, he delegado esa tarea”.

Promoviendo la economía colaborativa

Clothe-Moda Sostenible, localizado en Teusaquillo, al centro-occidente de Bogotá, parece una tienda. Tan pronto entras por el pasillo, te encuentras con bufandas que cuelgan en la pared. Caminas por una alfombra roja y de pronto la sala de exposición: perchas con chaquetas y camisas, mesas con pantalones, perchas con sombreros y bolsos, y libreros con accesorios y zapatos. Todo gracias a las donaciones.

Una cantidad aproximada de 200 piezas de ropa son exclusivas para el intercambio. El resto, que es la mayoría, está a la venta. Los precios son asequibles y fluctúan entre 5 mil a 40 mil pesos colombianos (1.50 a 12 dólares). Con cada compra las personas no solo reducen el residuo textil, sino también ayudan a poblaciones vulnerables.

Clothe-Moda Sostenible es una fundación que cumple con una labor ambiental y social, esta es su distinción mayor. “Es 100% de la gente y para la gente. Yo podría vender la ropa y quedarme con todo el ingreso, pero a mí no me interesa lo económico”, explica Camila Morentres, quien vivió por varios años la cultura del trueque.

La fundación Piratas Ramírez, que trabaja con una comunidad de recicladores en Santa Fe, le ordena a Clothe-Moda Sostenible prendas por edad, sexo y clima, y también le entrega mensualmente piezas de ropa para que las venda Las ganancias se dividen entre ambos. Así, se sostienen el centro de reciclaje textil y las otras siete fundaciones que actualmente participan.

La bogotana, que asegura tener una gran capacidad de organización y logística, recibe en promedio 9 mil prendas todos los meses. Casi siempre. 4 mil las clasifica entre venta, intercambio, transformación e incineración. Mientras, las otras 5 mil las distribuye entre el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, indígenas del Cauca, migrantes venezolanos, campesinos en Cundinamarca, la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Palermo, entre otras.

“Hace un trabajo muy importante porque colabora con las personas necesitadas, envía pantalones y chaquetas para el frío […] A veces recibimos hasta diez cajas y las repartimos en hospitales y centros de rehabilitación”, dice Alberto Sierra encargado de las donaciones en la iglesia adventista.

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Manuela Miranda trata de tener una vida sostenible. Hace composta, separa la basura, evita consumir plásticos, ahorra energía y regala sus prendas a quienes las necesitan. “Hice una publicación en Facebook sobre 25 retos ambientales, uno diario, y entre estos reciclar ropa”, cuenta durante su visita a Clothe-Moda Sostenible.

“Yo no venía con muchas expectativas porque soy súper conservadora, seguro que la gente se viste más extrovertida. Pero, encontré dos pantalones y una camisa”, dice luego de su primer trueque.

La mayoría de las personas que apoyan el proyecto —que compran o intercambian ropa usada— ya tienen conciencia ambiental o como diría Camila tienen “un chip ecológico”.

“Tengo la costumbre de reciclar. Mi hermana y yo siempre hemos compartido la ropa y siempre hemos donado la que ya no usamos”, menciona Natalia Rendón, quien desde el 2018 visita cada dos meses el centro de reciclaje fundado por Camila.

“Me ha gustado mucho esta iniciativa. Siempre traigo cinco prendas para trueque y me voy con la misma cantidad o más”, explica Natalia mientras su hermana está en el probador.

Entretanto, Camila trabaja frente al computador. Organiza citas en el calendario digital, comparte publicaciones en las redes sociales, contacta a las fundaciones y responde mensajes por WhatsApp. Su rol principal es administrar el lugar. “No soy vendedora para nada. Tengo chicas contratadas que lo hacen mejor que yo”, dice Camila, quien también es coordinadora de comunicaciones en la agencia de turismo EcoXplorers, su segundo empleo.

Durante la semana, Camila divide sus responsabilidades para también ofrecer talleres y conferencias sobre moda sostenible en empresas e instituciones educativas. Siempre la invitan y ella acepta, aunque sea un reto porque se considera introvertida.

“A mí no me gusta que me besen la mejilla, por ejemplo, ni que se me acerquen. No me gusta, y toca hacer un montón de cosas, que en verdad sufro”, confiesa riendo. “Todo lo que pasa en mi vida lo traduzco en aprendizaje, y he aprendido que el proyecto necesita una Camila, que aunque yo no quisiera ser, es la que se necesita”, reflexiona a tres años de la inauguración de la fundación.

Desde el 2017, Camila participa constantemente en actividades que organiza la Universidad El Bosque y su Programa de Ingeniería Ambiental. “Cuando la contactamos estuvo muy interesada, ha sido una de las aliadas más proactivas y un apoyo muy importante”, dice Diana Carolina Páez, docente y líder del proyecto En Modo Acción, el cual busca alternativas para que jóvenes construyan estilos de vida sostenibles.

Actualmente, Clothe Moda Sostenible es el único centro de reciclaje textil en Bogotá. Según Camila, en los próximos años se transformará en un lugar más grande y luego en una fábrica capaz de reciclar hasta ropa de casa y de cama.

Camila desea darle segundas oportunidades a todas las telas que se consuman en la capital, donde habitan 10 millones de personas. “La idea real es que Bogotá sea la primera ciudad del mundo que no genere residuo textil; que todo sea reciclado. Ese es mi sueño”, revela con positivismo porque espera lograrlo en 30 años.

Camila enfatiza que necesitará el compromiso de más participantes y más instituciones. Igualmente, el apoyo del gobierno para poder implementar políticas públicas sobre el control y manejo del residuo textil. “Ojalá que se copiaran de mí porque ese es el propósito. […] A mí no me interesa ser yo, lo que me interesa es expandirnos”.