Texto: Tania Chacón

A todos nos gustaría poder ahorrar un poco del dinero que gastamos para pagar nuestras cuentas de luz eléctrica y gasolina para transporte particular. Una opción para generar un ahorro importante en el rubro es utilizar electrodomésticos impulsados por energía solar, iluminación LED, automóviles eléctricos, biomasa, y poco a poco implementar otras fuentes de energía diferentes a las tradicionales. Pero hay un obstáculo importante para poder realizar esta transición energética: nuestros gobiernos. Los países de América Latina no suelen incluir estrategias para producir energía limpia en sus planes de desarrollo, por lo tanto la región continúa con su dependencia de gasolina y diesel.

El consumo energético de México, por ejemplo, proviene principalmente del petróleo y del gas natural, los cuales representan 49% y 40% de su producción, respectivamente. La introducción de energías renovables en el país ha sido dispersa y sin una política clara. Lo poco implementado se debe a esfuerzos individuales de pequeñas organizaciones sociales y a pequeñas y medianas empresas que buscan abrir nuevos mercados. También hay interés por parte de grandes consorcios extranjeros, quienes buscan imponer fuentes renovables como la energía eólica a pesar de los conflictos socio ambientales que suelen generar.

Pero hay alguien que sí está invirtiendo en las energías renovables de nuestra región: China. Sí, China. Para explicar mejor esta relación, Distintas Latitudes buscó a Abigail Rodríguez Nava, Ángel Wilhelm Vázquez García y Roxana Muñoz Hernández, profesores del Departamento de Producción Económica de la Universidad Autónoma Metropolitana, quienes presentaron la ponencia “Derechos ambientales como generador de políticas de energías renovables, desafíos en China y América Latina” en el marco del Cuarto Seminario “América Latina y el Caribe y China: condiciones y retos en el siglo XXI”, el cual se llevó a cabo del 28 al 30 de mayo de 2018 en la Ciudad de México y fue organizado por la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China.

¿Cómo invierte China en energías renovables de América Latina?

De acuerdo con la información que los profesores investigadores dieron a Distintas Latitudes por escrito, la inversión de China en América Latina en materia de energías renovables se ha enfocado principalmente en recursos proporcionados por empresas privadas y en créditos otorgados por bancos comerciales.

Entre las empresas más relevantes de energías renovables que operan en la región están: Sky Solar Holding Ltd, en Chile y Uruguay; China Energy Engineering Group Co. con proyectos hidroeléctricos en Argentina, Ecuador y Venezuela; China International Water and Electric Corp y China National Electric Engineering Company en Ecuador; State Grid Corporation of China en Brasil; China Three Gorges Corporation en Perú; HydroChina en Bolivia; China Woldwind en Chile y Panamá; Chinese Gouxin Group con energía solar en Costa Rica; y Chinese Gouxin Group y Risen Group con proyectos de energía solar en México.

Estas empresas participan en toda la cadena de generación de energía renovable de América Latina: exploración, investigación y desarrollo, proyectos de infraestructura, distribución y comercialización. En la opinión de los académicos consultados por Distintas Latitudes, la principal aportación por parte de China en materia energética de América Latina es su oferta de participación en los mercados a través de jugosas inversiones y desarrollo tecnológico. Pero a cambio de esto y de promesas de crecimiento económico, generación de empleos e impulso al sector energético, los países latinoamericanos aceptan la participación de China y le dotan de facilidades como contratos preferentes, subsidios fiscales, condiciones favorables de producción e inversión, y certidumbre jurídica sobre derechos de propiedad.

Estas facilidades han dado pie a conflictos como el del proyecto hidroeléctrico Rositas, en el departamento de Santa Cruz, Bolivia, el cual amenazaba con inundar millares de tierras de cultivo; obligar a campesinos, agricultores e indígenas a abandonar sus hogares, y dañar un área protegida. Las comunidades afectadas pusieron una demanda judicial para proteger sus patrimonios y lograron que el presidente Evo Morales suspendiera el proyecto hasta solucionar la pugna legal. El consorcio a cargo del proyecto está conformado por las empresas chinas China Three Gorges Corporation, China International Water & Electric Corp. y Ritko.

¿Interés por el planeta? No, negocio

El Istmo de Tehuantepec en México es una zona con una de las corrientes de producción de energía eólica más grande de la región. Gracias a la implementación de proyectos renovables en la región, a los indígenas de las comunidades ikoot y biniza’a, quienes han contribuido a la conservación de los ecosistemas del área, les han sido despojadas por lo menos 12 mil hectáreas de sus tierras. En América Latina la introducción indiscriminada de tecnologías para generar energía limpia ha ocasionado, paradójicamente, la destrucción de ecosistemas y desplazamiento de comunidades originarias.

De acuerdo con Rodríguez, Vázquez y Muñoz, no es deseable la implementación de energías renovables con el objetivo de obtener ganancias económicas por encima de alcanzar metas ambientales. Cuando sólo se considera el uso de las energías renovables por su finalidad económica se ignoran los problemas socio ambientales que éstas pueden provocar.

Brasil es un país que muestra variedad en su producción energética: el 46% proviene del petróleo, 34% de plantas hidroeléctricas, 10% de gas natural y 4% de fuentes renovables. Como parte de su política de diversificación energética ha promovido la producción y consumo de biocombustibles, particularmente biodiesel y etanol, dirigido para consumo en el hogar, transporte e industrial. Actualmente, de acuerdo con los datos de los profesores consultados, se estima que Brasil es el segundo productor de biocombustibles en América, sólo después de Estados Unidos.

Pero la orientación energética brasileña está guiada principalmente por motivos económicos y no ambientales. Brasil ha diversificado su oferta energética para evitar depender de las importaciones de estos recursos. El país tiene la mayor capacidad de refinación de Latinoamérica, por lo cual ocupa el octavo lugar como productor de derivados petrolíferos. Más del 35% de sus exportaciones de petróleo crudo se dirigen a Estados Unidos, el 23% a China y cerca del 16% a la India.

Chile, por su parte, al carecer de recursos energéticos tradicionales propios, se ha visto en la necesidad de emprender políticas para favorecer la inversión en energías renovables, particularmente en energía solar. Este país muestra una fuerte dependencia externa de los recursos energéticos que más utiliza, sólo se produce en el interior el 3.7% de petróleo crudo, el 23% del gas natural y 6% del carbón que se consumen, lo restante procede de la importación. Por ello, el gobierno ha emprendido políticas para favorecer la inversión privada, la cual se complementa con recursos públicos en energía renovable, sobre todo solar y eólica.

¿Cuál es el camino hacia la luz?

A pesar de los claroscuros, en América Latina crecen las inversiones y existen cambios importantes en las políticas energéticas. Colombia tiene una oferta energética muy diversa. Aproximadamente el 35% de su consumo proviene de petróleo, el 25% de gas natural y el 30% de fuentes hidroeléctricas. Este país ha buscado en años recientes establecer una estrategia de desarrollo de tecnologías de energía solar con múltiples aplicaciones. En este año se han abierto en Medellín granjas solares y en Antioquia los primeros paneles solares flotantes en América Latina. Costa Rica por su parte, en 2016 produjo el 96% de su energía a partir de fuentes renovables, incluidas las hidroeléctricas, geotérmicas, plantas eólicas, biomasa y paneles solares.

Los profesores investigadores opinan que el decidido apoyo del gobierno de China para impulsar energías renovables también tiene su lado favorable. Algunos aspectos que América Latina podría imitar del país asiático en el rubro energético son otorgar recursos del presupuesto público para la investigación especializada en innovación de tecnologías que desarrollen y usen energía renovable; otorgar incentivos fiscales y económicos a empresas que realicen investigación e inversión en energía renovable; fomentar el uso de nuevas energías entre la población y en los sectores doméstico, industrial, agropecuario y de servicios; establecer acuerdos de inversión y convenios de investigación con otros países, y crear planes de inversión bajo una modalidad de beneficio, mediante la creación de infraestructura para la comunidad donde se desarrolle la inversión.