Texto: Arysbell Arismendi
Fotos: Daniel Ojeda

 

Cinco proyectos periodísticos de cinco países de América Latina dialogaron sobre cómo han logrado construir espacios informativos desde o con apoyo de la academia. Sobre la relación de identidad, de búsqueda de las universidades de participar en el debate público, de prácticas profesionales, y de puro periodismo. Un diálogo necesario.

Los representantes de estos proyectos periodísticos vinculados a universidades se reunieron en el Centro Cultural de España de la Ciudad de México, este 18 de septiembre de 2018 como parte de la agenda de trabajo de la séptima edición del Foro Latinoamericano de Medios Digitales y Periodismo que cada año realizan Factual y Distintas Latitudes, con el apoyo de organizaciones regionales vinculadas a financiar proyectos periodísticos, espacios participativos o de tecnología cívica.

Estos proyectos periodísticos representan a cinco países diferentes y promueven distintos modelos de enfoque, financiamiento y vinculación con las universidades. Con la moderación de Jordy Meléndez, director de Factual y coordinador general del foro, el diálogo se centró en dos preguntas fundamentales: ¿Por qué una universidad decide financiar un proyecto periodístico? y ¿cómo se relacionan estos proyectos con las universidades —específicamente con sus autoridades— en el proceso de trabajo de cada uno de estos espacios?

Dentro de la conversación también hubo dos episodios de ruptura que desviaron la temática principal del diálogo, pero que son necesarios: uno, sobre la relación periodismo-activismo, y otro, sobre qué deben hacer medios si les toca enfrentarse a una investigación como La Estafa Maestra —este especial de Animal Político reveló cómo el gobierno federal de México desvió dinero público a través de empresas fantasmas y con ayuda de diferentes instituciones, entre ellas ocho universidades públicas—. Fueron dos las conclusiones: algunos proyectos consideran que debe hacerse una diferencia entre activismo y periodismo, y otros dicen: el activismo no menoscaba el buen periodismo. Sobre investigarse a sí mismo, también dijeron: habría que aplicar el mismo método de investigación periodística o analizar la permanencia del medio en esa institución.   

 

Vanidad, contexto, necesidades…

“Más allá de los objetivos programáticos y la línea ideológica de las universidades, hay que medir la vanidad de los rectores (…) Una universidad pública no está buscando lucrarse con un proyecto periodístico, sino que busca promover su identidad”. Esta fue la respuesta del periodista y escritor chileno Cristian Alarcón, director ejecutivo de Anfibia, a la primera interrogante sobre las razones de estas instituciones para apoyar la creación de espacios periodísticos.

Anfibia es una revista digital de Argentina surgida a iniciativa de una institución pública, la Universidad Nacional de San Martín, que se enfoca en la publicación de crónicas, ensayos y relatos de no ficción centrados en temáticas de actualidad. Periodistas y académicos se fusionan y trabajan en equipo para desarrollar estas publicaciones, con una apuesta en el uso del lenguaje literario. Es una plataforma financiada en un 70 % por la universidad, que tiene su propio equipo de redacción, que no fue creado como un medio para estudiantes para los estudiantes universitarios, y que después de seis años de fundarse, ahora también tiene la independencia para buscar financiamiento propio.

Otro de los proyectos que se asemeja al modelo Anfibia es Plaza Pública, asentado en Guatemala. Es un medio de comunicación creado a iniciativa de las autoridades de la Universidad Rafael Landívar, una institución privada dirigida por sacerdotes jesuitas. “Nuestro medio surge de la discusión interna de las autoridades que creían que había la necesidad de romper con el discurso público único (…) El mandato que se le da a Plaza Pública es crear un medio crítico diferente a los tradicionales y hacer periodismo profesional que aporte a la comprensión de la realidad guatemalteca”, dijo Carlos Arrazola, editor del medio. Arrazola también explicó que el 70 % del financiamiento procede de recursos de la universidad, y que además de la labor informativa, se dedican a la formación profesional de periodistas y a crear comunidad, es decir, espacios de participación ciudadana. Al igual que Anfibia, el equipo de redacción de Plaza Pública habita dentro de las instalaciones del campus universitario.

También existen proyectos que son espacios creados por instancias internas de las universidades para fomentar la práctica profesional de los estudiantes de las carreras de pregrado o postgrado de periodismo. Este es el caso de Perro Crónico, de la Universidad Iberoamericana de San Ignacio de Loyola ubicada en Ciudad de México, y de Puroperiodismo, de la Universidad Alberto Hurtado —también de los jesuitas— localizada en Santiago de Chile.

“Nacimos como iniciativa del subsistema (departamento) de periodismo de la universidad en conjunto con el programa de Prensa y Democracia, que también lleva a cabo nuestra institución. Queremos generar publicaciones periodísticas para la ciudadanía y no estamos limitados por consignas editoriales o comerciales”, dijo Sergio Rodríguez Blanco, profesor y editor de Perro Crónico. La crónica, dijo, es la principal apuesta de género de esta plataforma informativa.

“La universidad decide lanzar el proyecto como espacio de experimentación para los estudiantes de la carrera de periodismo”, comentó, por su parte, el editor de Puroperiodismo, Patricio Contreras. Contrario a los temas que abordan Anfibia, Plaza Pública y Perro Crónico, que responden a la realidad nacional o a la agenda mediática o política, esta plataforma de la universidad chilena está enfocada en hablar sobre los medios digitales, el desarrollo de proyectos periodísticos y el emprendimiento desde el sector de la industria digital y de medios. Tanto Perro Crónico como Puroperiodismo no compensan económicamente a sus estudiantes las prácticas profesionales o colaboraciones con sus plataformas. En el caso del proyecto chileno, actualmente se ha convertido en un boletín mensual por suscripción gratuita.

De esta mesa surgió un tercer modelo implementado por La Silla Vacía, un medio de periodismo independiente colombiano. En septiembre de 2017, este medio creó la sección “La Silla Académica” que se financia a través de la suscripción anual de un grupo de universidades que cada año aportan 10 mil dólares cada una para que este espacio traduzca investigaciones académicas en lenguaje periodístico y desarrolle de eventos de análisis y participación como foros y conferencias con miembros de las universidades, periodistas y diferentes actores de la sociedad civil.

“Utilizamos el conocimiento académico pero centrado en la actualidad. Es decir, buscamos meter a las universidades en el debate público”, dijo Natalia Arbeláez, coordinadora de la sección. Arbeláez recordó, por ejemplo, que una de las publicaciones más vistas por los lectores de La Silla Académica ha sido una entrevista que ella realizó a una profesora de filosofía experta en el estudio del fenómeno del populismo, a raíz del debate que hubo en torno a las propuestas supuestamente populistas de los candidatos de izquierda y de derecha en las últimas elecciones presidenciales de Colombia.

Relación pacífica, independencia, presupuesto…

Sobre la creación de medios de comunicación desde las universidades, sean estas públicas o privadas, ha habido un punto de discusión sobre cómo estos medios pueden lograr la independencia periodística cuando estas instituciones también son actores activos de la discusión política dentro de la sociedad, y que respecto a ciertos temas, sobre todo para aquellas universidades vinculadas a compañías religiosas, hay posiciones preestablecidas que son difíciles de llevar a la discusión o al debate público. ¿Qué ocurre, entonces, en este proceso de construcción de líneas editoriales de los cinco proyectos periódicos que estuvieron presentes en este diálogo?

“En algún momento de esta relación siempre va a haber una primera crisis, y lo que va a pasar es que viene una primera fase de silencio, luego de discusión y después una relación pacífica. Es decir, nadie se mete en lo que cada uno hace pero, por ejemplo, no te incrementan el presupuesto”, comentó Alarcón, de Anfibia. En su caso, esa primera tensión llegó en medio de la lucha feminista en Argentina por la aprobación del aborto seguro: él, dice, se enfrentó a un rector y a una universidad —su principal financista— que encaraba la oposición al aborto.

Presiones también vivió Plaza Pública cuando se revelaron las filtraciones de los Papeles de Panamá, de la que este medio fue parte. Un sector empresarial local, que salía señalado en una de las publicaciones, trató de presionar a la rectoría de la institución para minimizar el impacto del trabajo de Plaza Pública. “Hay que bajar el volúmen, nos dijeron”, cuenta Arrazola. El guatemalteco, dice, tuvieron que hacer un esquema de cabildeo y de búsqueda de aliados dentro de la propia universidad para que el rector cediera en su ánimo de empequeñecer la labor investigativa del medio. “Logramos el acuerdo de mantener la línea editorial de Plaza Pública, que también está ligada a temas primordiales para la universidad, como relaciones de poder entre políticos, instituciones y empresarios; desigualdad; y mercado y sociedad”.

Contrario a Anfibia y a Plaza Pública, los proyectos de México y Chile enfrentan más bien tensiones respecto a los presupuestos anuales que la universidad otorga. Mientras los medios de Argentina y Guatemala representan una inversión anual entre 350 mil y medio millón de dólares, Puroperiodismo, de Chile, sólo cuenta con 3 mil dólares al año. “Actualmente somo una plataforma que se incluye en el plan de estudio de la carrera universitaria, pero sí considero que en un futuro debemos pagar las colaboraciones porque no se hace sostenible”, dijo Contreras de Chile.

Para La Silla Académica las dificultades en relación con las universidades no está en el presupuesto o en la cobertura de determinados temas, ya que uno de los acuerdos del medio con estas instituciones es que la agenda temática siempre es decidida por el medio de comunicación. “Lo que sí nos pasa es que cada una de nuestras publicaciones pasa por la revisión final del académico, pero el titular si es decisión del medio. Y, muchas veces, el académico no está de acuerdo con el titular porque considera que apunta sobre un enfoque en específico que puede no considerarlo primordial, o que no cubre todas las aristas de la investigación que ha realizado”, señaló Arbeláez de Colombia.

Este diálogo formó parte de la mesa “Universidades y Periodismo” que llevó a cabo la séptima edición del foro latinoamericano de medios, los días 18 y 19 de septiembre en Ciudad de México.