Por: Diego Pérez Damasco (Costa Rica) y Florencia Pagola (Uruguay)

Cada sismo trae una nueva enseñanza para un país. El terremoto de magnitud 8.1 del 19 de setiembre de 1985 en México fue tan severo que obligó a las autoridades a reforzar los códigos de construcción nacionales. En los 32 años que separan aquel sismo con el que ocurrió el pasado 19 de setiembre de 2017, los códigos cambiaron. Se agregó concreto reforzado y distribución de cargas a las construcciones, entre otras medidas. Desde entonces, también se actualizan constantemente las Normas Técnicas Complementarias para Diseño por Sismo en Ciudad de México, por lo que se obliga a que cada edificio presente proyectos, planos, memorias de cálculo y el aval de un director responsable de obra (DRO).

Previo al terremoto del 85, algunos edificios en Ciudad de México ya estaban pensados para resistir embates severos. Así la emblemática Torre Latinoamericana, el rascacielos ubicado en el centro Histórico de la Ciudad de México desde 1956, ha sobrevivido a 66 sismos mayores a magnitud 7. También lo son la Torre Reforma o el World Trade Center. Los entendidos en el tema aseguran que los desastres del pasado sismo fueron menores gracias a la puesta en práctica de los códigos de construcción, pero llama la atención el colapso de edificios como el del colegio Enrique Rébsamen, en el que murieron 19 niños, o el del Residencial San José, el cual tenía apenas nueve meses habitado. Según fuentes oficiales, 38 edificios quedaron derrumbados en la Ciudad de México tras el último sismo de 7.1.     

¿Cómo le iría a otros países latinoamericanos ante un desastre como este?

Una buena parte de América Latina está ubicada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una región del planeta que concentra importantes zonas de subducción de placas, lo cual genera intensa actividad sísmica y volcánica. Sobre esta línea se ubican los países más sísmicos del continente:

  • México
  • Guatemala
  • El Salvador
  • Honduras
  • Nicaragua
  • Costa Rica
  • Panamá
  • Ecuador
  • Perú
  • Chile

Chile, de hecho, es el país más sísmico del mundo. Y también es el país de América Latina mejor preparado, en sus construcciones, para hacer frente a los terremotos. Partiendo de estas enseñanzas, ¿cómo se preparan los países más sísmicos de América Latina para que sus edificaciones aguanten el movimiento de la Tierra?

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Cinturón de Fuego del Pacífico. Creative Commons Wikimedia.

 

¿Un buen código sísmico?

Primero que nada, ¿qué se entiende por un buen código de construcción que incluya los factores de riesgo sísmico? De acuerdo con el ingeniero Marcial Rivera, del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA) de Costa Rica, aunque sin duda los elementos técnicos, ecuaciones y materiales son de gran importancia, el punto fundamental para un buen código sísmico es que se adapte a las técnicas de construcción que se usan en cada país.

“Eso ha obligado a que aquí en el Colegio Federado ya vayamos por la quinta versión del código sísmico, desde que empezó en 1974, y siempre que se hace una actualización se intentan incluir los materiales que se están utilizando actualmente en el mercado”, dijo Rivera a Distintas Latitudes.

“El hecho que alguien exija más varilla o que exija un concreto más resistente no es lo único que hace que un código sísmico sea eficiente. Una de las cosas que en Costa Rica ha hecho que el código sísmico sea muy eficiente es que tiene un capítulo de diseño simplificado para viviendas. Entonces, más allá de que la ecuación sea más compleja, está esa facilidad de información y la preparación de diseños básicos que permitan estandarizar eso”, agregó Rivera.

En el caso costarricense, donde se cuenta con uno de los códigos sísmicos más eficientes, junto con Chile, la clave está en ofrecer diseños básicos sencillos para las construcciones más comunes, como la vivienda.

Esta situación contrasta un poco con el caso del código sísmico de la Ciudad México. De acuerdo con el arquitecto mexicano Bernardo Farill, a nivel técnico el código sísmico de la capital mexicana es inmejorable. Sin embargo, su nivel de exigencias técnicas ha dificultado su adecuada implementación, teniendo en cuenta, además, las carencias en la verificación de cumplimiento.

“El Reglamento de Construcciones del Distrito Federal y sus respectivas Normas Técnicas Complementarias son resultado directo de la catástrofe que resultó tras el famoso sismo del 19 de septiembre de 1985. El resultado fue este reglamento, que más que precavido es paranoico y fuerza a los constructores a muchas medidas correctas y científicamente comprobadas, pero por otro lado compensa con volumen y medidas lo que asume como la corrupción inexorable. Lo que vimos en este último sismo fue el triunfo de este reglamento por un lado, y la exposición de la corrupción que existe más sana que nunca, por otro”, dijo Farill a Distintas Latitudes.

“Este reglamento cambió la manera de construir en la Ciudad de México. Muchas de sus recomendaciones están perfectamente asumidas en el mundo de la construcción. El mejor ejemplo de esto es en la cultura de los peones y albañiles, que dan por hecho que esta es la manera correcta de construir y hacer las cosas. Por otro lado, no existe un verdadero órgano de verificación o cumplimiento”, agregó Farill.

Sin duda, Chile es el país más exitoso de América Latina en construcción antisísmica, teniendo en cuenta, además, que es el país más sísmico del mundo. Según el sitio web Arquitectura de Chile, hasta mayo de 2017 el país ha tenido 97 terremotos superiores a la magnitud 7, desde que hay registros. Pese a todo, Chile sigue en pie después de cada catástrofe, principalmente por sus exigentes normativas de construcción y el mantenimiento de su infraestructura.

Fue uno de los terremotos más fuertes de la historia, el de Valdivia en 1960 (magnitud 9.5 durante diez minutos), el punto de partida para generar en los años siguientes tres normas actualmente vigentes que regulan la construcción de edificios urbanos e industriales. Los elementos que se destacan para hacer a los edificios chilenos más resistentes son el uso de hormigón armado formando estructuras que resisten sin daños movimientos sísmicos de intensidad moderada, limitan los daños en elementos no estructurales durante sismos de mediana intensidad, y evita el colapso por sismos de intensidad severa.   

Poca preparación

Fuera de Costa Rica, el resto de América Central no tiene una normativa tan preparada para enfrentar sismos. Todos los países tienen códigos de construcción antisísmica, sin embargo, para algunos casos no están actualizados. 

El Salvador tiene su código “Regulaciones para la Seguridad Estructural de Construcciones”, pero su última revisión se hizo en 1994. Lleva 22 años sin ser actualizado. En Honduras existe el Código de Construcción de los Ingenieros Civiles y el Modelo de Amenaza Sísmica basado en estudios en 1974. Se advierten actualizaciones en el 2009, pero se entiende que está obsoleto e incompleto.

Para Nicaragua, la última versión (tiene dos anteriores) de su Reglamento Nacional de Construcción es de 2007, y actualmente el Ministerio de Transporte e Infraestructura trabaja en una nueva actualización. Panamá tiene su Reglamento de Diseño Estructural creado en 1984 y República Dominicana el suyo desde 2011.

Para Marcial Rivera, del CFIA de Costa Rica, los principales problemas de preparación antisísmica en América Latina se dan en las construcciones de menor envergadura, y en particular en la vivienda.

En el caso de Haití, en el 2010, fue un terremoto muy grande, y los edificios más grandes no se cayeron. Y en el terremoto de México, de hace dos semanas, los edificios más grandes de 50 niveles no colapsaron. No tenemos un problema grave con el diseño de obras muy grandes, esa no es la carencia que podría existir a nivel social en cuanto a acceso a la información. Donde está la clave para el acceso a la información es en la vivienda. La clave de los códigos sísmicos, y quizás una de las carencias que se podría dar en otros países es que no se ha estandarizado a lo más común que se construye, y lo más común es la vivienda”, dijo Rivera.

Un buen código de construcción antisísmico debe solicitar la utilización de materiales de calidad, y métodos constructivos resistentes al movimiento. Sin embargo, también debe considerar las técnicas de construcción locales, así como proveer diseños simplificados para las construcciones más comunes y sencillas, como el caso de la vivienda.

A pesar de que muchos de los países de la región están en zona de riesgo sísmico, pocos tienen una adecuada preparación, seguimiento y verificación en materia constructiva para evitar la pérdida de vidas en caso de un terremoto.


Códigos sísmicos en países de América Latina: México, Ciudad de México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú, Chile.