Este texto es parte de Las Hackers, una serie de perfiles sobre las desarrolladoras de mayor impacto en América Latina.

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Texto: Florencia Luján

Daniela recuerda su primera computadora ━una Xt 100, la del monitor, teclado y almacenamiento de datos incorporados en una misma carcasa━ y la expresión de su rostro la transforma en esa niña de 12 años, que en 1992 se compró su primer ordenador y comenzó a investigar con emoción cada una de sus partes y funciones. El equipo tenía una placa de sonido sound blaster 16, un módem de 3600 baudios y Windows 3.1, además traía 20 disquetes y CD-ROM: una novedad sin precedentes para la década que anticipó todo lo que sucede hoy en el ecosistema tecnológico.

Veintiséis años pasaron de aquel día que Daniela Goldman recuerda con fascinación, y aún así sigue intacta esa niña curiosa, observadora y capaz que a los 6 años conoció, experimentó y aprendió su primer lenguaje de programación: logo, que al ser creado con fines didácticos, se utiliza para iniciar a los niños y niñas en la programación. Tres años más tarde se instruyó de manera formal en un instituto en donde le enseñaron a utilizar QBasic, y a partir de ahí comenzó a desarrollar sus propios programas, como uno de sumas y restas que le facilitaba las tareas de la escuela.

Su primera gran experiencia con la computadora también la recuerda con fascinación: “Un día estaba aburrida y recordé que un amigo de la escuela me dijo que con la PC hiciera lo que quisiera, menos ir a DOS (Sistema Operativo en Disco, por sus siglas en inglés) y hacer Format C”, empieza. “Pensé que era un chiste, lo hice y mi computadora se quedo negra por completo, no sabía qué pasaba, estaba desesperada porque sentía que el aparato me pedía ayuda, así que no sé cómo hice pero lo reviví”, dice y esboza una gran sonrisa.

Desde ese momento supo que no dependía de nadie más que ella para aprender, capacitarse y construir su propia carrera, sin planes de estudios monótonos, ni profesores aburridos, y mucho menos normas y horarios que cumplir.  Daniela Goldman, argentina, tiene 38 años y cofundó Sistemas Disruptivos, una empresa compuesta por siete personas (de la cual ella es la única mujer), que ofrece soluciones seguras para las tecnologías de la información, con el objetivo de proteger a sus clientes dentro del ciberespacio.

Goldman ingresó a estudiar en cuanta carrera profesional se cruzaba por su camino ━desde Artes Visuales a Ingeniería en Petróleo━, sin embargo no terminó ninguna de ellas porque todas la aburrían, o no cumplían sus expectativas. Después, su currículum vitae se compuso por carreras cortas como Project Management, Gestión de Equipos Técnicos y Desarrollo de Videojuegos, entre otras que son ideales para personas inquietas como ella.

Así comenzó una etapa de descubrimiento personal y profesional que proveyó a Daniela de las herramientas necesarias para comenzar su experiencia laboral, que la llevó a desenvolverse y destacarse en numerosas empresas (como Loyal Solutions, Capgemini, IBM y Claro) y como reseller de empresas de software internacionales (como QLess y Malwareint). Sin embargo, su gran hito es Sistemas Disruptivos, esa empresa de la cual habla con amor y orgullo, en la que trabaja en pos de un concepto que ella misma repite a diario: “hackear la realidad”, frase que define su labor dentro del ecosistema.

Sistemas Disruptivos me ayudó a ordenar ese mundo de ideas y soluciones que tengo en mi cabeza, y persigue esta meta de hackear la realidad, lo cual no es algo malo sino todo lo contrario, es lo mejor que nos puede pasar como sociedad”, explica. Daniela Goldman entiende que “hackear” es “cambiar” y por eso desde su empresa ofrece soluciones para tecnologías de la información y desarrollo de aplicaciones y sitios web para diversas instituciones, organizaciones y empresas para lo cual utilizan tecnologías como Blockchain, Smart Contracts e Inteligencia Artificial.

Daniela Goldman desarrolla en lenguajes de programación como C++, Javascript, Python y PHP, sin embargo asume que ya no codea como antes, ahora se dedica más al área de asesoramiento, acompañamiento e ideación de proyectos. Organiza su agenda con una semana de anticipación y todas sus actividades comienzan temprano: hay compromisos con proyectos propios y ajenos que atiende minuciosamente, aunque a veces no le den el cuerpo y el tiempo.

Sistemas Disruptivos tiene un espacio físico en donde opera todo el equipo, pero a Daniela le gusta más la idea de trabajar desde su casa y hacer alianzas estratégicas. QLess ━la compañía estadounidense que produce una solución de software para eliminar las líneas de espera━ es la nueva alianza que establecieron desde el estudio, lo cual es un desafío muy grande que asumen desde Argentina.

“Somos representantes comerciales de QLess, con su increíble solución de la eliminación de filas que le está haciendo ganar tiempo a todos en Estados Unidos. A través de este compromiso conjunto decidimos ahorrarle tiempo a toda América Latina”, dice. Para ella, una determinación constante es “pensar distinto”, y en esa línea, “resolver distinto”, sentencia.

Para Daniela, América Latina “avanza muy bien” en términos de innovación tecnológica. “Vamos en paralelo a la vanguardia mundial y contamos con grandes recursos. Latinoamérica está incubando un grupo de expertos de todo rango etario, que de a poco se anima a salir y comunicar todo aquello que se está gestando desde acá”, entiende Goldman desde su perspectiva profesional y también desde su realidad.

Ser parte de la creación de mejoras para el futuro de la sociedad es la satisfacción más grande que le genera a Daniela el dedicarse a la tecnología, pero eso también va de la mano de las cosas que no le gustan de este ecosistema. “El acceso a la tecnología en Argentina es muy costoso, ya sea para quienes desean utilizarla a través de diversos software o por medio de infraestructura o dispositivos”, opina y agrega que este factor atenta a las condiciones laborales y también al desarrollo de nuevos profesionales y de soluciones importantes para la comunidad.

 

Daniela es especialista en diversas áreas tecnológicas, entre las que está la Ciberseguridad, aunque justamente es una donde más se siente la ausencia de mujeres. En una nota del diario La Nación, Carolina Cuéliche ━Influencer Engagement, Brand & External Relations de IBM━ detalló que “el porcentaje de mujeres dedicadas al área estratégica de ciberseguridad a nivel global es sólo del 11%”.

Ante esta ausencia, Daniela opina que la inserción de las mujeres en el ecosistema de la tecnología debe ser un proceso natural. “El ambiente mismo debe pedir nuestra incorporación en la tecnología, por una necesidad evidente de contar con pensamientos y soluciones distintas a las que pueden dar los hombres: otra visión, otra sensibilidad y críticas disruptivas”, afirma.

Goldman siempre trabajó en empresas donde predominaban los hombres, incluso en espacios laborales en donde ella era la única mujer. Aún así cree que el género masculino está abierto a incorporar a las mujeres al ecosistema tecnológico. Siempre formó parte de equipos en los que fue respetada, por eso invita a que las mujeres de la tecnología se animen a explorar territorios que culturalmente han sido asignados a los hombres y milita por la igualdad de las personas en toda su totalidad.

Además de dirigir equipos y proyectos tecnológicos, Daniela cuida de su hijo y de su madre, hace quehaceres domésticos y dice que no se siente representada por ningún colectivo y organización feminista.

Entre sus proyectos tecnológicos también destaca el compromiso por la inclusión, como Integrart3, un iniciativa que propone obras de arte para personas invidentes. La Cofundadora de Sistemas Disruptivos ideó, diseñó y fabricó con su equipo obras de arte impresas en 3D, con volumetría en plástico biodegradable (PLA), para que las personas con ceguera puedan tocar y sentir las diversas obras de arte, permitiéndoles contemplar a través del tacto diferentes cuadros y esculturas.

Éste es uno de los emprendimientos que más entusiasmada tiene a Daniela, y con el que siente un gran compromiso después escuchar historias de personas con disminución visual, que le confesaron que para ellos ir a un museo era un horror. Integrart3 es una iniciativa que para funcionar en los museos nacionales, debe ser propuesta desde una fundación, por lo cual aún no ha visto la luz y eso desmotiva por momentos a Goldman, pero aún así no baja los brazos y lucha por visibilizar su idea.

Los proyectos, emprendimientos e ideas que lidera Daniela persiguen el objetivo de construir “un mundo mejor”, ese que imaginó a los 12 años mientras en sus ratos libres leía el diccionario, estudiaba inglés e investigaba su computadora. Goldman es esa eterna niña soñadora, que por momentos se define como “nerd”, sin embargo para los que la conocen seguro sea esa clásica “geek”, que cuando toma su computadora se transforma en la mujer de armas tomar que hackea la realidad.

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