[Este texto es parte de Las Hackers, una serie de perfiles sobre las desarrolladoras de mayor impacto en América Latina. Cada semana, un perfil distinto. De México a Argentina, de El Salvador a Paraguay, ellas están cambiando la región con código]


Texto: Florencia Luján

Cuando se le pregunta a Daniela Quiroz Olguín cómo explicaría en qué consiste su trabajo ella se detiene unos minutos y luego responde: “en crear experiencias para ofrecer a la ciudadanía”. Daniela desarrolla tecnología cívica.

La palabra “ciudadanía” es uno de los  términos que Daniela utiliza con frecuencia. Ella, a través de su labor diaria, contribuye a la generación de información y herramientas enfocadas a la construcción de una sociedad más democrática. Quiroz Olguín es Desarrolladora Web de Fundación Ciudadano Inteligente, una organización social sin fines de lucro que tiene su base en Chile.

“La tecnología cívica para mí significa poner el conocimiento al servicio de las personas, tomándolo como una herramienta que fortalezca a sus comunidades y facilite su relación con los gobiernos”, explica. Sin embargo, pese al papel preponderante de la tecnología en su vida profesional y personal, Daniela no está de acuerdo con aquellas personas que piensan que la tecnología soluciona todos los problemas de una comunidad. Desde su perspectiva, Quiroz cree que la tecnología y las aplicaciones deben entenderse como un complemento a otras instancias offline.

Precisamente en la búsqueda de ese equilibrio entre lo online y lo offline, está lo que caracteriza a esta programadora.

Daniela Quiroz Olguín es Ingeniera Civil Industrial, recibida en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Tiene 26 años. Su ser curioso, aventurero y apasionado la llevó a estudiar también Finanzas, Evaluación de proyectos y Marketing para enriquecer su trabajo diario.

Quiroz Olguín es la primera y única desarrolladora dentro del equipo de Fundación Ciudadano Inteligente, que está integrado por 19 personas, de las cuales cuatro están en el área de programación y desarrollo móvil y web de la organización. Felipe Álvarez, Jordi Bari y José Damián Garrido son algunos de los compañeros de trabajo de Daniela, quien labora con lenguajes de programación como Ruby, Ember o Django.

En algún momento, Daniela tuvo la idea de que ella “no era para esto” [la tecnología], hasta que llegó a Fundación Ciudadano Inteligente. “Muy pocas mujeres llegan a desenvolverse en carreras de ciencias y tecnologías porque no se muestra que podemos estudiarlas, por eso creo que la clave para una educación más inclusiva está en visibilizar también a referentes mujeres”, explica y agrega: “La falta de mujeres le resta una mirada importante al ecosistema tecnológico de la región”.

Actualmente Daniela trabaja en Abre, un proyecto de metodologías de colaboración municipal en Chile que tiene como objetivo involucrar a la población en políticas municipales, para que, a través de su participación y colaboración se haga un mejor uso de recursos de parte del municipio.

Este proyecto ha permitido que la desarrolladora traspase la pantalla de su monitor y se acerque a comunidades andinas como Peñalolén —que se encuentra en la región metropolitana de Santiago—. “Constantemente nos acercamos a enseñar a usar la plataforma, a brindar apoyo a las personas que no manejan tanto la web y a contar de qué trata esta iniciativa y la importancia de involucrarse en estos temas”, cuenta con entusiasmo la profesional.

Para Quiroz Olguín la tecnología cívica está en línea con sus expectativas profesionales y personales, porque cree es donde puede explorar y desarrollar nuevas formas de empoderamiento ciudadano. “Es muy importante para mí utilizar el conocimiento que tengo, para empoderar a las personas e incidir en lo que ocurre a mi alrededor, a través de herramientas digitales bien pensadas donde interactúen los gobiernos y la ciudadanía”, dice.          

La tecnología cívica, el camino a seguir

El primer contacto de Daniela con la tecnología cívica se dio dentro de la organización en donde hoy trabaja, a la que ingresó en enero de 2017 para realizar una práctica de dos meses, tiempo en el que desarrolló la plataforma Del dicho al hecho: un estudio que analiza las promesas que hacen los gobiernos, en sus programas y cuentas públicas.

“Me encanta trabajar las aplicaciones desde cero, el momento donde se investigan los pro y contra de cada una de las tecnologías con las que podríamos desarrollarlas. En el caso Del dicho al hecho utilizamos Ember”, recuerda Daniela.

Después de esta experiencia en la cual puso en práctica las tres preguntas básicas que escuchó durante toda su carrera de Ingeniería Civil Industrial ─¿qué hacer?, ¿cómo hacerlo? y ¿para qué hacerlo?─ la fundación la contrató a tiempo completo como desarrolladora web.

En muchos casos, dedicarse a la programación y al desarrollo de tecnología requiere aislarse por completo del mundo exterior; sin embargo, Daniela va contra esa corriente:  “Me gusta mucho ir a terreno porque creo que las herramientas digitales son un apoyo para otras instancias que deben ocurrir por fuera de lo online”, expone Daniela sobre la importancia de una tecnología accesible para las personas en América Latina.

Algo que ha notado Quiroz en su experiencia laboral es la problemática de la brecha digital. Daniela ha visto de frente el impacto de este rezago cuando va a las comunidades y enseña a los vecinos y vecinas cómo usar las plataformas que ella creó [Abre].  “Me molesta mucho que no todas las personas tengan acceso a la tecnología, porque es uno de los factores principales por los cuales son excluidas de la sociedad”, señala la programadora.

Precisamente el desarrollo de Abre, permitió a Quiroz Olguín identificar que la brecha digital es una de las problemáticas que más la preocupan. Es por eso que el mayor reto al que se enfrentó al trabajar este proyecto —que es un pequeño puente entre el gobierno y la comunidad— fue no dejar a nadie fuera del proceso. Daniela cuenta que en este caso en particular trabajó constantemente para adecuarse a los diferentes contextos de los habitantes de las comunidades y facilitar una mejor inclusión e interacción.

“Es necesario trabajar en más políticas públicas que incentiven a democratizar este conocimiento, urge entregar este poder a todas las comunidades y sobre todo incluir a las mujeres que son las que más sufren esta falta de oportunidades en la región”, comenta Daniela.

Entre el código y las montañas

Daniela se describe como “desarrolladora, montañista, amante de los viajes y de los libros”. No es una desarrolladora que disfrute estar las 24 horas al día sentada frente a la computadora escribiendo código. Sin rodeos dice que por momentos su oficio es agotador y frustrante, y aunque eso no signifique que no sea una apasionada de su profesión, cuenta que para ella es clave poder desconectarse por completo del celular y también de la computadora los fines de semana.

Y cuando está desconectada, satisface su pasión por el montañismo. “Volcanes del Norte” es una de las primeras expediciones que realizó junto a su grupo del Club Andino Universitario (CAU), en donde tomó sus primeros cursos de montañismo, en el año 2012 luego de un viaje a Perú en el que realizó trekking. Allí conoció a los volcanes San Pablo y San Pedro, ubicados al noroeste de la ciudad de Calama, en la región antofagasta de Chile, que ofrecen una vista indescriptible a todas las personas que llegan a ambas cimas, que superan los 6 mil metros de altura.

La joven cuenta que tuvo la oportunidad de conocer la Cordillera Central, un conjunto de montañas que dividen las tres cuencas hidrológicas de Bolivia, en la región altiplano andino en donde puso a prueba su  talento como montañista.

Sin embargo, Daniela reconoce que muchas veces en lo alto de cada montaña, sin ningún tipo de conexión con el ecosistema tecnológico, siente nostalgia y desea ponerse a codear.

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