“El que no espera vencer ya está vencido”

José Joaquín de Olmedo

Me han pedido unas líneas acerca de la situación cubana. La idea de los editores, según entiendo, es disponer los siguientes párrafos a discusión para que algún versado en el tema cubano conteste algunas de mis posturas. Desconozco el perfil ideológico de mi interlocutor por lo que comenzaré el debate –cual cita a ciegas– presentando algunas ideas deshilvanadas capaces de germinar en actitudes ideológicas.

  1. Diagnóstico

Cuando párrafo arriba me refería a la “situación cubana”, a lo que en verdad quería hacer referencia es a todo lo que gira alrededor del Proyecto de lineamientos de la política económica y social elaborado por la Comisión de Política Económica del Congreso de Cuba  y que está próximo a aprobarse por el Partido Comunista Cubano en abril del próximo año.

Un análisis de los puntos del proyecto nos diría que, de aprobarse la reforma, los dirigentes cubanos ajustarán a la baja el gasto público, expandirán el sector privado al ofrecer créditos bancarios y acceso a un mercado mayorista de insumo, incentivarán aún más la inversión extranjera, suprimirán algunos subsidios (carta de racionamiento, por ejemplo) y venderán/liquidarán las empresas estatales ineficientes provocando así el tan temido desempleo hasta ahora desconocido en la isla. En síntesis: Cuba seguiría el camino que muchos países latinoamericanos siguieron a finales de los años ochenta en el sentido de “achicar” al Estado dejando que sea el capital quien cubra los espacios vacios.

Alrededor del Proyecto de lineamiento se han forjado opiniones radicalmente opuestas: la derecha ha querido ver el comienzo del fin del socialismo cubano y profetiza una chinización de la isla. O sea, economía capitalista con partido hegemónico legitimado por un inexistente comunismo. Del otro lado, más a la izquierda, algunos analistas[1] utilizan cualquier tipo de malabares retóricos para defender el proyecto señalando sus virtudes. Habla Ángel Guerra del nuevo proyecto económico:

No cede un ápice en la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción ni en la soberanía nacional sobre los recursos económicos y naturales. Sólo que ahora una parte importante de la propiedad social no sería estatal sino cooperativa, en la agricultura, los servicios y otras actividades, y tanto las cooperativas como las empresas estatales y los gobiernos municipales pasarían a disponer de crecientes prerrogativas, facultades y recursos que fortalecerían extraordinariamente la democracia participativa, la función del Estado en la planificación socialista y las armas para luchar contra el burocratismo.

En otros artículos “pro fidelistas” se recuerda que el sector salud y educativo continúan en manos del Estado asegurando así la continuidad de dos de los grandes triunfos de la revolución cubana.

  1. Posición

La verdad es que el discurso de la derecha me aburre desde hace tiempo. Detrás de su pretendida preocupación por los derechos humanos y la democracia en la isla existe sólo un rechazo al proyecto general forjado en Cuba desde el triunfo de la Revolución. No tomo muy en serio ni a sus editorialistas ni a los que desde el México Balaceado ven en Cuba el infierno mismo. El discurso de las izquierdas, al menos en esta ocasión, me parece fuera de foco y completamente cejado ante la realidad. Es mentira que el Proyecto de lineamiento signifique en sí mismo una herramienta democrática con aspiraciones socialistas. A las cosas hay que llamarlas como son. No se construye socialismo ofreciéndoles a inversionistas extranjeros el funcionamiento de las fábricas; no se edifica socialismo regalando créditos bancarios. No es una Actualización de Modelo, es una renuncia AL modelo. De facto se capitaliza la economía.

Me sitúo pues en una posición crítica. Quienes hemos defendido a la isla lo hacemos porque creemos que los sacrificios asumidos por el pueblo cubano (que vaya que han sido muchos) se han hecho pensando en fines superiores al de conseguir un celular o una caja de aspirinas a precio comercial. Hemos defendido la isla porque sus dirigentes tuvieron desde 1959 la pretensión de fundar una sociedad igualitaria que rechazaba la ganancia como única aspiración. Esa palabra es importante: pretensión. Pretensión porque desde hace mucho sabíamos de la dificultad de construir al hombre nuevo y de formar ese mundo ideal a noventa millas de Miami. Y sin embargo, durante más de cincuenta años esa pretensión llevó a Cuba a ejercer como Estado estratégico en la distribución internacional de poder, a cultivar logros admirables en lo cultural, social y deportivo y a sembrar la certeza, en millones de personas alrededor del mundo, de que sí es posible mantenerse firmes ante la propaganda distribuida desde Estados Unidos.

El proyecto de lineamiento supondrá, sin duda, mayor eficacia al momento de distribuir recursos y números macroeconómicos más estables. También generará aquello que la derecha llama “espíritu empresarial”, “liderazgo emprendedor” pero a cambio habrá olvidado la pretensión de construir nuevas pretensiones.

De dientes para afuera la élite política se seguirá llamando heredera de la revolución y los analistas de izquierda continuarán concentrándose en las virtudes y soslayando los defectos. En lo personal seguiré del lado de la isla y, en tanto que entiendo el debate de ideas también como una lucha de hegemonía cultural, no me uniré a los cantos de sirena que vociferan mueras al régimen cubano.

Por el contrario, comunista como soy, desplegaré todas mis armas intelectuales para rechazar la reforma en los términos en que la Comisión de Política Cubana la propone. Otra cosa me parecería darle, de verdad, la espalda a lo que significa la isla para sus habitantes y para los que admiramos su fortaleza tras casi cincuenta años de embargo. En resumen: Ser eficiente está bien pero no a costa de perder la pretensión de victoria.


[1] Véase Ángel Guerra, “Cuba: cambios y más democracia” en La Jornada, 18 de noviembre de 2010.