Texto: Myriam Escalante
Fotos: Myriam Escalante y Raquel Galindo

Llegaste a tiempo a Tlatelolco, aún no no sentías el calor, las arengas y el sentimiento de lucha. Como bien pasaban las horas; civiles, organizaciones estudiantiles, sociales y medios se adentraban en el evento que duraría más de cuatro horas. Tenías lista tus armas: la cámara, el papel,  la pluma, para registrar la marcha que se realizaría para recordar la matanza de estudiantes miembros del Consejo Nacional de Huelga en Tlatelolco a manos del Batallón Olimpia ocurrida hace cinco décadas. De pronto recuerdas la marcha del 7 de julio del año pasado en el Centro de Lima, Perú, tu país.

Un cartel rojo con letras blancas, hace más de un año, exigía: “Perú contra el indulto, por justicia y dignidad, no más traiciones PPK”, y era llevada por familiares de víctimas del conflicto interno; quienes también, cargaban unas fotografías blanco y negro de las víctimas en Barrios Altos y La Cantuta sujetados con palos de madera. En aquel momento en Perú, en julio de 2017, luego de las declaraciones del ex presidente Pedro Pablo Kuczynski sobre un posible indulto a Alberto Fujimori, ciudadanos asistieron a la Plaza San Martín para manifestar su rechazo de cualquier acto que no esté a favor de la justicia y a la defensa de los derechos humanos.

Ahora es octubre de 2018 y estás en la Ciudad de México. Tomas una fotografía de un cartel blanco con letras rojas y negras que reclama “50 años después, la lucha sigue en pie”, llevado por estudiantes que recuerdan a las víctimas de la masacre de Tlatelolco. Miras sus rostros de rabia, sientes su rechazo ante un momento inolvidable y entiendes que todo eso también pasó en tu país; se repite en una marcha donde se recuerda a víctimas olvidados por responsables impunes.

Hace un año, estabas junto a una tupida multitud que comenzaba a marchar, por momentos correr y todo el tiempo no dejar de contestar a las preguntas de interesados periodistas, seguir en forma ordenada el recorrido y gritar: “El indulto es un insulto” o “Si el indulto va, PPK se va” y sin falta el tan repetido “Chino, Chino, Chino, ladrón y asesino”.

Hoy, 2 de octubre, olvidas por un momento que estás en México y escuchas los mismos gritos pero con un diferente mensaje. “2 de octubre, la lucha sigue y sigue” o el “Alerta, alerta, alerta que camina la lucha estudiantil por América latina” y sin faltar el conocido “Goya”. Demostrando la capacidad de movilización de los jóvenes mexicanos que no es indiferente a lo ocurrido hace cincuenta años.

Calles cerradas, muros pintados y gente que sigue llegando al Zócalo, mexicanos que defienden la justicia y quienes están en contra el olvido y la impunidad. Luego recuerdas la entrevista a un profesor que acompañaba la marcha de No al Indulto en Perú que te dijo: “Yo marcho por mi hija porque debo enseñarle a que reclame sus derechos y a lo que es justo”. Eso fue suficiente para que comenzaras a entrevistar.

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Roberto Negrete, estudiante y sobreviviente del 68, te contó con nostalgia su experiencia. “El momento fue terrible, no lo esperábamos. Pensábamos que era una reunión más, pero nos sorprendieron. En ese momento estaba en shock, pero conserve la calma y logré salir”. Además, te expresó con mucho entusiasmo que después de cincuenta años, ahora ganaron libertad de expresión y que ojalá se pueda mantener.

“Exigimos justicia, porque hacen rememoraciones; pero eso no es suficiente. Hasta la fecha no hay culpables”, demandó Selene Laguna quien es docente de Arquitectura de la UAM y forma parte la Brigada Académica Interdisciplinaria. Además, viste en su rostro de indignación y manifestó, como cada año lo vienen haciendo, que es momento de castigar a los responsables.

A metros de ella, junto a su familia está Alejandra Tello, estudiante de Veterinaria en la UNAM te comentó, con gran alegría, la importancia de que su generación se interese más por el movimiento del 68, ya que ahora se refleja más un sentimiento de unión. Tello agregó que cabe la posibilidad de que hechos del pasado vuelvan a suceder, pues las tantas represiones del gobierno les pone en riesgo.

Llegando ya al final de la jornada una cabeza de papel del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz fue quemada a un lado del Antimonumento del 68 acompañado de baile, música y aplausos. Cerca de 70 mil mexicanos defendieron la justicia y, como pasó el año pasado, miles de peruanos marcharon en contra del olvido y la impunidad.

Entre las banderas del Comité del 68, carteles de las universidades y algunos grupos políticos, también se moviliza Eréndira Ibarra, actriz y guionista mexicana, quien lleva muchos años viviendo esta marcha junto a su familia. “Vivimos una repetición constante, hasta el momento en que todos los mexicanos no nos despertemos y nos demos cuenta que no podemos vivir más esta violencia, necesitamos cambiar”, declaró y pensaste en las constantes marchas que se realiza para preservar el recuerdo sea en México o en cualquier otro lugar.

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Las marchas pueden ayudar a que la población aún no olvide la noche de Tlatelolco de 1968, un 3 de noviembre de 1991, donde seis encapuchados y armados del grupo Colina atacaron la vivienda en Barrios Altos muriendo 15 personas y entre ellas Javier Ríos Rojas, niño de 8 años; recuerden un 18 de julio del 1992, donde nueve estudiantes y un profesor fueron desaparecidos en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, conocida como La Cantuta, un año después sus restos fueron encontrados en fosas clandestinas; pero no servirá de nada si el nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador, no castiga a los responsables de estos hechos, si olvida su compromiso de defender los derechos humanos y solo llora conmovido por el apoyo de la juventud.

Se debe castigar a los responsables, así como pasó con el expresidente Alberto Fujimori Fujimori, quien cumplió 10 años de condena, fue indultado en plena cena navideña creando una división total en el país; pero ahora la Justicia peruana le retira el indulto y ordena su retorno a prisión.

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Regresas viendo las paredes escritas, tiendas saqueadas por personas de rostros tapados y personal de limpieza que comienza su labor. En el metro, llegas a comprender esta conexión entre la marcha de México y Perú, ellos no olvidan, ellos estarán ahí, no están muertos, no los pudieron desaparecer, siempre lo van a recordar para repetir una y otra vez: “Ni perdón, ni olvido”.