Una mujer se sienta en una mesa y pide un capuchino italiano y dos medialunas, el mozo asiente y se dirige a una imponente barra: registra el pedido, mira al pasar la televisión y sigue con su labor. Cuatro hombres discuten en voz alta, un grupo de amigas ríe a carcajadas, una niña juega con sus muñecas y dos jóvenes observan inmóviles sus notebooks, dentro de todo café cada mesa es un mundo.

Detrás de los dos grandes ventanales con vista hacia dos importantes avenidas de Buenos Aires, se observa una mañana lluviosa: las personas van y vienen con prisa, pero adentro todo transcurre lento. Las Violetas es un clásico porteño que recibió el reconocimiento al mejor café notable de la ciudad, con 3 mil 706 votos en el marco de un concurso público a través de las redes sociales de BA Capital Gastronómica.

“Un capuchino italiano y dos medialunas, que lo disfrute señorita”, dice Luciano Correa (60) y deposita sobre la mesa el pedido que realizó su clienta apenas dos minutos atrás, quien le agradece con una sonrisa. “Desde los veinte años que trabajo de mozo en diversas confiterías de la ciudad, pero mi favorita es Las Violetas”, dice el hombre y recuerda con admirable precisión sus primeros años en el circuito gastronómico.

La confitería inauguró el 21 de septiembre de 1884 y desde entonces es un ícono de la cultura porteña, en donde se refugiaron grandes celebridades argentinas, una de ellas fue Alfonsina Storni. Esquina Homero Manzi, Café Roma, La Biela, Café Tortoni y Los Galgos, fueron otros lugares que se disputaron el reconocimiento a mejor café notable de la ciudad, todos hacen a la identidad de la capital.

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+

Foto: Fernando de la Orden.

Las Violetas es uno de los espacios declarados Bares Notables, por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías, por su importancia en la historia cultural de Buenos Aires. “Como tantos otros es un lugar especial pero hay algo que lo diferencia del resto, no sé si será su impronta arquitectónica o sus productos gastronómicos que ya son una tradición en el barrio”, expresa Correa.

Éste clásico porteño se divide en dos partes, por un lado está el sector cafetería y por otro el sector confitería, sin embargo es su esencia de barrio lo que vuelve único a este patrimonio histórico. Una característica constante en estos sitios que resisten a cualquier cambio, ya sea desde político a económico, aún así siempre están abiertos desde temprano inundando las calles con un exquisito aroma a café.

Luciano Correa recorre mesa por mesa con su bandeja, de las diez que están ocupadas en este momento, cinco de ellas eligieron del menú la famosa María Cala, que es realmente un banquete victoriano. El mismo consta de diversas tortas, budines, pan dulce, masas finas, scons, sándwich varios, tostados, fosforito, chip, café, café con leche, té, té con leche, chocolate, copa de jugo de naranja y copa de champagne.

La mujer tomó un último sorbo de su capuchino italiano, los cuatro hombres que discutía en voz alta ahora se dirigen al baño y el grupo de mujer que reía a carcajadas ahora se toma varias fotografías. Los jóvenes que observaban inmóviles sus notebooks hace rato partieron del lugar y la niña que juagaba con sus muñecas en este momento le entrega a Luciano un dibujo de unas hermosas flores violetas.