Las píldoras anticonceptivas, cuando se lanzaron al mercado, fueron revolucionarias por el empoderamiento sexual que otorgaban al control de la fertilidad. Pero, con el tiempo, muchas personas empezaron a tener dudas sobre si estas pastillas tenían efectos secundarios en su cuerpo. Crónica en primera persona de alguien que las dejó e investigó.


 

Texto: Mailen Britos

Es miércoles. El calendario marca que es 30 de septiembre de 2020. Las agujas del reloj se clavaron en las 20:00 mientras yo camino por las calles de Ciudadela, al oeste del Gran Buenos Aires, con el viento pegándome en la cara.

Tengo que empezar un nuevo blíster de pastillas anticonceptivas en dos horas, – pensé.

¿Y si no las empiezo? –me pregunté.

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Cuando tenía 17 años, los dolores menstruales eran muy fuertes. Una vez me desmayé en el colegio. Otras tantas, vomitaba en la calle.

–“Es normal. La menstruación duele” –me decía todo el mundo.

Probé con diferentes medicamentos, pero nada los calmaba. Dos años después, pedí una consulta ginecológica en un centro médico de Flores.

–Britos Costa, Mailen -interrumpe una voz femenina el silencio de la sala de espera.

Tomé mi bolso. Me peiné el pelo en un acto de nerviosismo e ingresé al consultorio.

–¿No te funcionó con el analgésico? -pregunta la doctora.

–No – le digo rotundamente.

-Hay que probar con las pastillas, entonces -señala ella

Pastillas anticonceptivas. ¡Qué bueno!, me alegro internamente.

Pero… ¿Qué sabía yo de las famosas pastillas? ¿Qué son? ¿Cómo funcionan?

Las respuestas me llegarían años después.

“Los anticonceptivos hormonales son inhibidores de la ovulación. Las pastillas combinadas –que tienen progestágenos- además del proceso inhibitorio, también estimulan la sobre-producción de un fluido cervical seco, denso y ácido impidiendo el paso de los espermatozoides al útero”, explica Carolina Ferreyra, creadora de Somos Uvia y educadora del Método Sintotérmico.

“Las pastillas tienen una hormona (progesterona) o dos (progesterona y estrógeno) que hacen que el ovario no ovule y quede en reposo. De esa manera se evita el embarazo”, sostiene Vilma Rosciszewski, ginecóloga. (@ginecoyvos)

“Las pastillas anulan la ovulación, suplantando las hormonas ováricas por hormonas sintéticas, que inciden en el proceso menstrual y genera una menstruación por deprivación”, agrega Jorgelina Barros, terapeuta menstrual.

Indicación médica

Las cartas estaban sobre la mesa. La mujer de guardapolvo blanco sentada del otro lado del escritorio estaba imprimiendo recetas.

Recetar pastillas anticonceptivas es como un trámite, pensé mientras los dedos de la doctora presionaban las teclas y las recetas se acumulaban en la impresora.

-Le agradezco a la doctora.

Salgo del consultorio en dirección a la farmacia. Miro los papeles:

Isis mini. 21 comprimidos recubiertos activos. 7 comprimidos inactivos.

Esa leyenda se podía leer en las tres recetas, junto a mi nombre, número de afiliada y firma de la médica solicitante.

¿Todas las personas pueden tomar ACO?

Esa pregunta también sería respondida años después por Vilma Rosciszewski (@ginecoyvos), la ginecóloga 3.0.

“Los anticonceptivos hormonales son relativos a cada paciente: es como un traje a medida. Nosotrxs como profesionales recomendamos todos los anticonceptivos, pero quien elige es la paciente. No es algo universal, depende de:

  • La edad de la paciente.
  • Si fuma.
  • Si tiene diabetes con complicaciones.
  • Si sufre de migrañas con aura.
  • Si tiene trastornos en la ovulación.
  • Si padece presión alta y la tiene mal controlada.
  • Si existen antecedentes o cursa cáncer de mama“.

Mitos

Desde los 19 hasta los 22 las consumí de forma ininterrumpida. En el transcurso, escuché muchos mitos.

Las pastillas engordan / Con las pastillas no tenes chances de quedar embarazada / Las pastillas sacan granos

En este punto, hay respuestas encontradas.

“Lo que producen en el cuerpo es un mito y no es nada malo. Hay que sacar el mito de que las hormonas son malas porque no podríamos dar nada que cause daño. El descanso también es un mito. A veces sucede que las mujeres lo hacen, no se cuidan y ahí se dan los embarazos inoportunos”, refuerza Vilma Rosciszewski.

En cambio, Jorgelina Barros, tiene una visión distinta a la de Vilma:  “Está documentado científicamente que a largo plazo las pastillas anticonceptivas pueden ocasionar cáncer de mamas, coágulos y complicar situaciones cardíacas. Pero además tiene muchísimos “efectos secundarios” que son minimizados pero que alteran considerablemente el bienestar de la mujer: la depresión y la falta de deseo sexual”, aporta Jorgelina.

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En el 2013, se realizó la primera encuesta nacional de Salud Sexual y Reproductiva, llevada adelante por el INDEC. Esta encuesta arrojó que del total de entrevistadxs, el 94% mencionó a las pastillas como un método de anticoncepción y el 51% afirmó consumirlas.

¿Es posible que estas estadísticas hayan cambiado o cambie en los próximos años?

“A futuro debería haber una mayor concientización del consumo de las pastillas anticonceptivas, pero también de otros medicamentos. Como dice Ivan Illich: “lo peligroso de la medicina no es lo que medicaliza sino lo que esclaviza”. Necesitamos recuperar la autonomía en la salud”, sostiene Carolina Ferreyra.

“Cuanto más conocimiento tengamos y seamos más conscientes del daño que los anticonceptivos generan, además de romper barreras ideológicas y patriarcales donde el cuerpo de la mujer sigue siendo intervenido pagando las consecuencias físicas y psicológicas, la ciencia y la sociedad irán avanzando en post de una salud integral para todes”, concluye Jorgelina Barros.

En el caso de Vilma, ella aclara que es importante saber que las pastillas anticonceptivas no previenen enfermedades de transmisión sexual (ETS). Por eso, quienes decidan consumirlas, deben tener en cuenta el uso del preservativo, único método en prevenir las ETS.

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En septiembre, dejé las pastillas anticonceptivas pero el proceso comenzó tiempo antes. Investigué durante meses que eran las pastillas, miré mi cuerpo y vi como cambió con el correr de los años.

¿El cambio está ligado con el consumo de ACO? No lo sé. Pero mi cuerpo cambió. Algo dentro de mio también cambió. La chica de pelo largo que a comienzos del 2017 esperaba en un consultorio ya no es la misma.

Antes pensaba a las pastillas como el mejor invento del mundo. Pero por qué tiene que caer todo eso sobre nosotras.

–Cuando te metes a estudiar medicina, te das cuenta que no es lo mejor del mundo- me dice Luciana, mientras se ata los cordones de los botines para entrar a jugar al futbol.

Su frase me quedó resonando en la cabeza. ¿Por qué dice eso?

“Hay que saber que no solo el ciclo es menstrual, sino que es de todo el cuerpo. Las hormonas que producimos a partir del proceso de la ovulación impactan la salud general, modulan el sistema inmunológico, configuran el microbioma vaginal, y son interdependientes de procesos metabólicos más complejos”, aporta Carolina Ferreyra.

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Es miércoles. El calendario marca que es 30 de septiembre de 2020. Las agujas del reloj se clavaron en las 20:00 mientras yo camino por las calles de Ciudadela, al oeste del Gran Buenos Aires, con el viento pegándome en la cara.

Tengo que empezar un nuevo blíster de pastillas anticonceptivas en dos horas, pensé hacia mis adentros.

¿Y si no las empiezo? –me pregunté.

Y no las empecé.

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Estas historias forman parte de Escritura Crónica, sitio de periodismo narrativo autogestionado y feminista de Argentina, especializado en género, derechos humanos y ambiente. Unite a nuestra comunidad: Instagram: @escrituracronica – Sitio web: www.escrituracronica.com.

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