Texto: Florencia Luján
Fotos: Lizbeth Hernández

Las nuevas voces y las nuevas plumas de la literatura en América Latina suenan nostálgicas y rigurosas. Y es a través de diversos géneros (y mezclas) como la crónica, el ensayo, la dramaturgia y la novela como estas voces cuentan una región que, pese a los golpes, aún sigue de pie. La octava edición el Foro Centroamericano de Periodismo (ForoCAP), que se realiza todos los años en El Salvador, integró en su programación un conversatorio sobre literatura, para entender su relación, interacción y convivencia con el periodismo.

Carlos Manuel Álvarez (Cuba), Valeria Luiselli (México), Horacio Castellanos Moya (El Salvador)  y Jorgelina Cerritos (El Salvador), expusieron sus miradas y experiencias respecto a la pregunta “¿Qué Latinoamérica cuenta la literatura joven?” en una de las mesas finales del encuentro. Emiliano Monge ━autor de Arrastrar esa sombra y Morirse de memoria━ moderó una mesa literaria sobre la que dejó varias preguntas, y de la que sobre el final recogió varias respuestas de autores y autoras que están contando América Latina.

La pregunta que rompió el hielo fue por qué es importante la relación entre el periodismo y la literatura, a lo que Carlos Manuel Álvarez respondió que es un sitio fronterizo y ambiguo, que le permitió concretar su libro La tribu: retratos de Cuba. El cubano expresó que es un espacio por donde los escritores y escritoras pueden canalizar el odio, la rabia y la incertidumbre de sus contextos sociales, de manera tal que finalmente puedan comprenderlos y abordarlos de la forma más clara posible.

Valeria Luiselli, autora de Los niños perdidos, un libro que habla de los miles de infantes que llegan solos desde Centroamérica a Estados Unidos, coincidió con la respuesta de Carlos Manuel Álvarez, sobre la relación del periodismo y la no ficción. La mexicana confesó que dicho ensayo que partió desde una práctica periodística, como tomar notas de lo que transmitían en las radios y coleccionar periódicos locales que anunciaban la crisis, le resultó para volver a la ficción con mucha más claridad.

Antes de responder a la pregunta de Emiliano Monge, la dramaturga salvadoreña Jorgelina Cerritos comentó que cuando se habla de literatura casi nunca se habla de literatura dramática, relegando este género a espacios como el teatro. A partir de esa observación que dejó pensando a varias personas presentes en el auditorio, la escritora propuso una reformulación de dicho cuestionamiento: “¿qué une a los escritores con los periodistas?, ¿qué une a la literatura con el periodismo?”.

Jorgelina Cerritos resumió la relación de los géneros con el verbo documentar: “Documentamos desde otro territorio, aunque pareciera que no estamos documentando, en verdad lo que hacemos es una traducción estética de la realidad”. Horacio Castellanos Moya, autor de la Diáspora, comentó que él nunca estableció un contacto directo entre el periodismo y la literatura, pero reconoció que quizás eso se debe a que nunca tuvo conciencia de cómo el periodismo influyó en su ficción.

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Carlos Manuel Álvarez.

Después de escuchar todas las respuestas Emiliano Monge pensó durante unos segundos y consultó al panel a qué se debe la necesidad de recuperar momentos de nuestro pasado, a través de los diversos géneros periodísticos y también literarios. Las contestaciones fueron breves pero profundas. Por su parte, Carlos Manuel Álvarez precisó que hacerse preguntas es la mejor decisión para un escritor o un periodista, mientras que Valeria Luiselli dijo que todas sus miradas son la memoria prestada.

Hasta el hueso fue Jorgelina Cerritos, quien se desnudó ante el público analizando su obra la cual expresa que tiene “esa sensación de querer entender”, y por su parte Horacio Castellanos Moya sentenció que su literatura es todo preguntas. “Hay una preocupación permanente por la memoria, sobre todo en los países que están en conflicto como El Salvador, pero la literatura siempre ha sido memoria social y personal: como resolver eso de manera concreta es el reto del escritor”.

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