Texto: Tania Chacón

Fotos: ECOador International Film Festival

Cuando Gustavo Crespo fue despedido de su trabajo en una agencia de publicidad se dijo a sí mismo: “No vuelvo a trabajar en una oficina”. Entonces, tomó una cámara de video y, junto con sus hermanas y el novio de una de ellas, se trepó en el carro que había pertenecido a su abuelo. Se fueron una semana a recorrer la Ruta del Sol, una zona turística de la costa de Ecuador entre las islas Salinas y Manta. El objetivo era nadar, surfear y divertirse. Pero comenzaron a entablar conversaciones con la gente del lugar. El resultado de estos encuentros fue Pescador de Altamar, un documental sobre el impacto socioambiental que ha causado en el área la explotación turística y el calentamiento global.

Pescador de Altamar es una de las 13 historias que se proyectaron en la pantalla del ECOador International Film Festival. La tercera edición de este evento se llevó a cabo del 4 al 8 de julio de 2018 en Quito, específicamente en la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, donde se proyectaron cintas cuyas temáticas giraron alrededor de la conservación y la protección del medio ambiente.

Otra película exhibida fue Albatross. La pantalla mostraba imágenes de pájaros albatros sobrevolando las Islas Midway del Pacífico Norte estadounidense, alimentado a sus polluelos con plástico y muriendo a causa de estómagos llenos de desechos humanos. Gustavo Crespo vio a su alrededor, los asistentes lloraban conmovidos.

Detonar ese tipo de emociones es uno de los objetivos de la fundadora y directora del ECOador International Film Festival, Maribel Guevara. Ella eligió el cine como herramienta porque considera que tiene “poder de educación, de inspiración y de creación de diálogo enorme. Tú ves una película de 60 minutos de un tema del que no sabes nada, y después de 60 minutos tienes muchas preguntas, o puede ser que si la película fue súper buena sabes qué hacer”, dijo a Distintas Latitudes la ecuatoriana residente en Estados Unidos.

A la misma Maribel el cine documental le cambió la vida. “Había muchísimas cosas que no sabía y que las aprendí a través de los documentales […], yo cambié como ser humano, como persona, mis hábitos cambiaron, mis preocupaciones, mis metas personales cambiaron”.

Maribel ha notado que tras ver una película de las que se exhiben en el  ECOador International Film Festival, los espectadores tienen la mente llena de preguntas, tales como ¿qué puedo hacer?, ¿cómo puedo contribuir a la solución de este problema? Por ello, después de cada una de las funciones del festival hay conversatorios con la presencia del director del filme, si es posible, y con expertos en las problemáticas que plantea cada cinta. El objetivo es encauzar las inquietudes y emociones del público hacia la acción.

Sobre estas charlas, Gustavo Crespo celebra el perfil de los actores participantes, “todos muy alineados a lo que se trataban las películas. Vinieron especialistas en primates y el día de sostenibilidad había gente que hablaba sobre plásticos”. Sin embargo, el joven documentalista ecuatoriano piensa que “el momento de los conversatorios fue muy reducido. Creo que también hubo problemas de tiempos. Creo que eso podrían planearlo mejor para que sea mejor direccionado”, según contó a Distintas Latitudes.

El nacimiento lejos de Ecuador

Maribel Guevara salió de Ecuador y se fue a vivir a Estados Unidos cuando tenía 24 años. Dejó de vivir en la selva amazónica para sentarse largas jornadas laborales frente al monitor de una computadora perteneciente a una empresa ambientalista. “Yo estaba muy interesada en continuar mi tendencia medioambientalista, estaba muy interesada en ecoturismo en el Ecuador. Golpeé las puertas de varias organizaciones ambientales, en Washington hay varias, tuve una pasantía y la verdad fue desalentador”.

Pero poco tiempo después conoció a Flo Stone, su mentora, la fundadora del Environmental Film Festival in the Nation’s Capital de Washington DC en Estados Unidos. “Me entrevistó, yo ya hablaba muy bien inglés en esa época. Me dijo: ¿Por qué no nos ayudas? Es una organización medioambiental pero usamos cine, básicamente. El mundo de las artes es algo en lo que me he desenvuelto y es importante para mí. La mezcla de arte y medio ambiente fue muy atractiva. Empecé como voluntaria, pero al segundo día Flo me dijo: ¿Sabes qué? Tenemos un poquito de presupuesto, te podemos pagar por lo menos lo básico. Y me quedé con ellos por 10 años.”

Tras su experiencia en el festival de cine ambiental de Washington DC y de posteriormente trabajar por su cuenta en otros festivales, Maribel se obsesionó con la idea de hacer lo mismo que había hecho Flo Stone, pero en Ecuador, el país de nacimiento de Maribel. “Para mí era muy importante, primero compartir mi experiencia por lo menos con mis amigos y mi familia. Pero también con mi ciudad, con mi gente. Así fue como empezó el festival”.

Y así fue también como Maribel empezó a llamar a las puertas de embajadas, centros culturales, y prácticamente de todo aquel quien pudiera convertirse en aliado para alcanzar su meta. Gracias a los contactos de su trabajo en festivales consiguió los derechos de exhibición de algunos documentales internacionales. Maribel buscaba, en sus propias palabras, “lo mejor, lo más reciente, lo que está ahora mismo en los mejores festivales del mundo. Eso es lo que yo estoy trayendo al Ecuador”.

Maribel Guevara buscaba hacer de su festival un evento accesible. Su meta era que la gente pudiera ver materiales audiovisuales que quizás no podrían conocer de ninguna otra manera. La primera edición del ECOador International Film Festival se llevó a cabo en un cine privado, “cobramos la entrada lo más barato que pudimos, no nos lo dejaron hacer gratuitamente”, relató Maribel. Ese primer año asistieron alrededor de 400 personas. El año siguiente, en 2017, encontraron un espacio en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Por primera vez la entrada fue gratuita y asistieron más de mil 600 personas.

ECOador International Film Festival es prácticamente autofinanciado por dinero de la bolsa de Maribel. Además de los ingresos de su directora, el evento recibe algunos apoyos en especie. Por ejemplo, en la edición de 2018 la tienda Cazahuate distribuyó algunos bocadillos y el restaurante Flora también tuvo espacio para vender sus productos.

El futuro ecuatoriano y latinoamericano

La mayoría de los documentales exhibidos en ECOador son internacionales. “El año anterior [2017] tuve un súper buen programa, del que estuve muy orgullosa, pero también sentí la necesidad de involucrar algo ecuatoriano. Entonces este año [2018] decidí abrir una convocatoria para trabajos ecuatorianos, de la cual recibí casi 300 entradas, 10 de ellas ecuatorianas”, contó Maribel Guevara en entrevista con Distintas Latitudes.

De hecho, así fue como llegó Gustavo Crespo al festival. “Un día en Facebook encontré un anuncio del ECOador International Film Festival, que era un festival de cine medioambiental. Tenían creo que 250 películas inscritas y ninguna era ecuatoriana. Hacían un llamado a los cineastas ecuatorianos a participar. Decidí inscribir Pescador de Altamar y al final quedó elegida para proyectar”.

Pescador de Altamar nunca había sido exhibida al público en general, sólo había tenido una función privada para los amigos y familiares de Gustavo. Sobre su experiencia en ECOador, el ex publicista dijo a Distintas Latitudes que “[La organización] fue sumamente buena. Muy buena la gestión, todos los días la sala estuvo llena”. Aunque a Crespo le gustaría que el evento no fuera únicamente cinematográfico, sino que contara con otras actividades culturales paralelas. “Lo otro que intentaría es que se comience a llevar a otras ciudades. En Quito se ha demostrado una buena acogida, sería genial poder tener este mismo festival en Guayaquil, en Cuenca, en Manta, ciudades que es importante que tengan eventos como este”, agregó.

El deseo de Gustavo también da vueltas en la cabeza de Maribel. Sin embargo, su siguiente meta es otra: “Me muero por llevar este festival a las Islas Galápagos. Es una comunidad que necesita dramáticamente enterarse de estos asuntos. Y luego en general llevarlo a todas las provincias del Ecuador, es un país muy grande pero hay lugares a donde se podría llevar. Y lo de Latinoamérica realmente es mi sueño. Si yo pudiera armaría un festival para mandarlo a todas las capitales de los países [de América Latina] que no tienen su propio festival. Pero eso es un sueño a largo plazo. Ojalá algún día conozca a alguien que me ayude a realizarlo”.