“Si quieren matar al presidente, aquí está, mátenme” dice Rafael Correa desde una ventana mientras se suelta la corbata, exaltado. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué el presidente de Ecuador parece estar atrincherado en un hospital de la policía de Quito?

Todo es un caos y no se explica nada. De repente las palabras Intento de golpe de Estado empiezan a sonar en los medios de comunicación a través de las bocas de altos funcionarios del gobierno, e incluso del mismo presidente. La situación es confusa y luce bastante peligrosa; al menos es así como se presenta al mundo a través de los medios.

Lo que se sabe es que la policía estaba manifestándose en contra de la Ley Orgánica de Servicio Público. Pero no es la policía como institución la que protesta; sino la  tropa, y de ésta, sólo ciertos sectores; parece insubordinación.  Rafael Correa (¿qué estaría pensando en el momento de tomar tal decisión?) opta por ir en persona al regimiento No. 1 en Quito.

A partir de ese momento todo se vuelve caótico. Los ánimos se calientan, hay confrontación, la policía arroja bombas de gas lacrimógeno y Correa (con la rodilla convaleciente de una reciente operación y apoyandose en una muleta) se las arregla para entrar al hospital que se encuentra en dicho regimiento, donde le dan asistencia.

La versión oficial maneja que la salida del hospital es condicionada por los policías, que Correa debe ceder ante las peticiones; él, por supuesto se niega. Está “secuestrado” y desde una de las ventanas del lugar da un discurso eufórico, provocativo, excesivo. Se empieza a hablar de un intento fallido de golpe de Estado, de conspiración.

Con esas circunstancias, se declara un estado de excepción y el ejército sale a las calles a “garantizar la seguridad”. Los medios de comunicación son obligados a retransmitir la señal oficial  que se empeña en hablar de intento fallido  de golpe de Estado.

Funcionarios del gabinete de Correa, de la “revolución ciudadana”, catalogan de “desadaptados” a los policías que participan de la protesta y los convocan a deponer la actitud. Pero también convocan al pueblo ecuatoriano a salir a la calle y rescatar a su presidente. La gente hace eco de la petición; principalmente las clases populares, que son las que más apoyan a Correa, y se congregan frente al hospital,  enfrentándose a la policía.

Mientras tanto la OEA (valiente, eficaz y útil organismo) discute sin cesar la situación para llegar a la conclusión de ofrecer apoyo al gobierno de Correa, cosa que la mayoría de los gobiernos ya habían hecho; como Evo Morales y Hugo Chávez que dan sentidos discursos condenando enérgicamente el golpe de Estado que atenta contra otro de los gobiernos de izquierda, anti imperialista y de corte popular de la regíón.

La situación (y el día) termina con el ejército realizando un operativo para rescatar al presidente. Un enfrentamiento, balazos y, por supuesto, reporteros y camarógrafos. Correa es liberado y llevado al Palacio de Carondelet, en donde da un nuevo discurso. Víctima y vencedor.

Habla  de resistencia, de intento fallido de golpe de Estado (otra vez, aunque  después agregará, también, intento de asesinato), de conspiración, de traición, de desadaptados que quieren desestabilizar al gobierno, de policía manipulada, de valentía de los leales, de retomar el control. Reitera que su gobierno ha apoyado siempre a la policía; que los insubordinados no conocían la ley. Insiste en que no claudicará, que su proyecto de gobierno seguira pase lo que pase, que todo es por el pueblo ecuatoriano.

Y de todo lo acontecido ¿qué se puede decir? ¿Fue intento de golpe de Estado? ¿Manipulación? ¿Auto atentado? Las interpretaciones saldrán al por mayor debido a la ambigüedad e indefinición que ha rodeado la situación. La versión oficial insiste en algo de gran magnitud, mientras que opiniones más moderadas ofrecen otra óptica.

Para que Correa y su gobierno puedan hablar de un golpe de Estado lo primero es definir al enemigo  y definir la situación. El enemigo en este caso es el enemigo de siempre para un gobierno de izquierda latinoamericano: la oligarquía y la derecha nacional, materializadas en la figura del expresidente (expulsado del gobierno por una rebelión) Lucio Gutiérrez; sumando a esto  los intereses del capital extranjero, identificado en la figura Estados Unidos.

La situación, según la versión oficial, es el resultado de la conspiración de los grupos arriba mencionados para desestabilizar al gobierno, para quitarlo del poder a traves de la manipulación de fracciones descontentas y desinformadas de la policía; y cuando esto ha fallado, un intento de asesinato que parezca resultado del fuego cruzado al momento de su liberación.

Sin embargo hay incosistencias en esta versión, pues nunca se hizo manifiesto el deseo de deponer a Correa; nadie reclamó el poder para sí.

El levantamiento de la policía (la insubordinación de ciertos sectores, si se prefiere), aparece como el momento  coyuntural en el que cada fracción del escenario político nacional e internacional aprovecha para voltear hacia sus propios intereses y sacar la mayor ventaja.  Lucio Gutiérrez propone la disolución del parlamento y llamar a elecciones anticipadas; E.U.A condena lo sucedido sin ser más contundente en las declaraciones mientras que Chávez y Evo Morales hablan de unidad sudamericana y la lucha contra el imperialismo y la revolución bolivariana.

Correa  habla de golpe de Estado y maneja el discurso para que se vea como tal. Se hace tangible el cariño que gran parte de la población le tiene, eso es bastante significativo. Momentáneamente parece que Correa es el triunfador, que ha salido fortalecido de esto, pues se ha desarmado la conspiración que ya tenía mucho tiempo denunciándose. El actual presidente ecuatoriano está en el centro de la mira y cuenta con el apoyo de la opinión internacional y de su gente que ha salido a enfrentarse a la policía por él.

Sin embargo esta situación puede cambiar, el escepticismo de parte de los analistas seguramente aumentará y se empezarán a buscar los motivos para apoyar una u otra tesis. Golpe o manipulación desde el Estado; o tal vez sólo aprovechamiento de las circunstancias. Lo que es innegable es la tensión que atraviesa al país.

En mi opinión el punto central está en ver que hará Correa con esta situación, con su “triunfo”. El estado de excepción, la constitución que él promulgó, el parlamento controlado por su facción política, las instituciones internacionales y los ecuatorianos (en su mayoría) están a su favor. ¿Qué logrará con esto?

Lo que pasó deja, ciertamente, más preguntas que respuestas; pero todas se reducen a los motivos de los actores políticos y económicos (conscientes de su papel como táles o no). Entonces tenemos que preguntarnos: ¿Qué se defiende cuando los ecuatorianos salen o no a las calles, cuando hablan, cuando se conectan al internet a dar su opinión, cuando buscan y transmiten información? ¿Qué defienden los policías? ¿Se defiende a Ecuador? ¿Se defienden las instituciones? ¿La democracia? ¿La “revolución ciudadana” como proyecto del Estado? ¿Se defienden los intereses de ciertas oligarquías? ¿Se defiende a Correa? ¿Acaso se defiende una mezcla de lo anterior, o nada? Y ¿De qué o quienes se definde? Los 8 muertos y 274 heridos (según información oficial) ¿Qué estaban defendiendo?

Las respuestas que se ofrezcan  a lo anterior nos indicarán el rumbo que tomará Ecuador después de este 30 de septiembre.

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Las imágenes fueron tomadas de la galería en Flickr de Globovisión.

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