Recién figuraron en los medios cuando se enfrentaron a Colo Colo y le ganaron por goleada. Fue entonces que aparecieron las fotos, los micrófonos y las cámaras. Dos meses antes, en julio de 2006, obtuvieron el tercer lugar en el primer campeonato internacional que jugaban, pero nadie los tomó en cuenta. Cuando volvieron a Chile, en el aeropuerto sólo los esperaban sus familiares y amigos.

Todo esto fue antes de que llegara Marcelo Bielsa. Chile nunca había ganado –y aún no gana- algún campeonato internacional. De hecho, además de Venezuela, es uno de los dos países sudamericanos que nunca ha ganado una Copa América. El mayor triunfo pudo haber sido ese tercer lugar en el Mundial del ’62, cuando jugó de local. Quizás también se pueda incluir entre los “grandes triunfos” la medalla de bronce que obtuvo en los Juegos Olímpicos de Sidney, en 2000. Pero fuera de eso, no hay mucho más que celebrar. En los últimos 20 años, sólo ha participado en dos mundiales (1998 y 2010). Entonces ese tercer lugar obtenido en el Campeonato Sudamericano de Brasil, después de haber perdido sólo un partido con los anfitriones en su primera competencia en el extranjero, debería haber sido motivo de orgullo nacional. Hay algunos que por mucho menos han sido invitados a comer con el Presidente en La Moneda para después asomarse en un balcón y ser ovacionados por la gente que los recibe como si fueran los mejores del mundo. Pero con ellos no ocurrió nada de eso.

A nadie le importó que Eric Díaz corriera rápido, armara jugadas y no soltara la marca en ningún momento cada vez que pisaba la cancha. Tampoco que Elías Panichine, el “Búfalo”, arrasara con quien se le cruzara en el camino, siempre con el balón pegado a sus pies. O que el capitán, Emiliano Ríos, tuviera una habilidad envidiable para recuperar atrás la pelota y salir jugando para meterla en el arco rival prácticamente cada vez que se enfrentaba al arquero. Los tres y sus demás compañeros de equipo eran seleccionados nacionales, pero eran también unos desconocidos. Ese día, el del partido con Colo Colo, dejaron de serlo. Pero fue sólo por un instante. Se acabó el encuentro y volvieron al anonimato.

Ningún futbolista ciego se ha convertido en una superestrella. ¿Por qué iban a ser ellos los primeros?

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Aunque todos son fanáticos del fútbol, a los tres les dijeron cuando niños que no podrían jugar. A Elías porque tuvo problemas con sus animales: a los seis años un gato le arañó el ojo izquierdo y un par de años después un perro le mordió la cara, el lado derecho. Desde entonces que sólo ve algunas sombras. A Emiliano se le escapó un tiro de la escopeta que usaba para cazar conejos cuando tenía 13 años. Se le dañaron los nervios ópticos y a partir de ese día que anda a oscuras. Y Eric recién a los cuatro cayó en la cuenta de que si no podía seguir a sus amigos en sus juegos, era porque había nacido completamente ciego.

Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia tienen ligas competitivas de fútbol de ciegos y han jugado campeonatos mundiales desde hace años, pero Chile no. El grupo capitaneado por Emiliano es el único equipo de no videntes que juega en el país bajo las normas de la International Blind Sport Association (IBSA). Juegan cinco jugadores: cuatro en el campo y un arquero. Entrenan una vez por semana en una pequeña cancha que les prestan en un colegio del centro de Santiago, aunque no les acomoda: como no tiene rejas, suelen salirse de los límites mientras siguen el balón que en su interior tiene un cascabel. Una vez Teddy Araya, uno de los delanteros, se estrelló con uno de los postes de luz que hay junto a la cancha. Quedó lesionado y pasaron al menos un par de semanas que no pudo volver a jugar. Aún tiene la cicatriz en su frente. Luego de cambiarse de ropa y dejar sus bastones en el camarín, salen al campo con los ojos tapados con esos antifaces que entregan en los aviones para dormir. Así equilibran las condiciones: mientras unos pueden distinguir siluetas (como Elías), otros no ven absolutamente nada.

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El día del partido con Colo Colo, el equipo se juntó una hora antes del encuentro en la estación de Metro que está a sólo dos cuadras del Estadio Monumental. Una vez allí, se pusieron en fila y apoyados en los hombros del otro, se pusieron a caminar. Estaban confiados: unos días antes habían retado al equipo que ese mismo año jugó la final de la Copa Sudamericana y les habían asegurado que les ganarían. No les importaba que estuvieran Alexis Sánchez, que ahora suena como el nuevo refuerzo de Barcelona; Matías Fernández, que hoy juega en el Sporting de Lisboa; o Rodrigo “Kalule” Meléndez. Ni siquiera se desanimaron cuando Claudio, el que encabezaba la marcha hacia el estadio, estuvo a punto de reventarse los testículos cuando se topó de frente con un grifo.

Cuando llegaron, la prensa esperaba apoyada en las rejas de la cancha de futsal donde jugarían. Les tomaron algunas fotos, pero el alboroto se desató cuando llegó el equipo que entonces dirigía el actual director técnico de la selección, Claudio Borghi. Minutos después, salieron a la cancha, los jugadores se taparon los ojos y sonó el silbato.

El equipo de los ciegos, sólo unos meses antes, poco o nada sabía de jugar fútbol. Recién cuando supieron que existía la posibilidad de viajar a Brasil se pusieron a entrenar no sólo para poder controlar la pelota y que no se les pasara entremedio de las piernas, sino que también para coordinase y no quitarse el balón mutuamente. El primer partido que tuvieron fue en Mendoza contra Los Murciélagos (la selección argentina de fútbol para no videntes), en abril de 2006. Perdieron 6-0. Tres meses después llegaron a Sao Paulo y ganaron todos los partidos hasta que les tocó enfrentarse en semifinales con Brasil. Aunque perdieron, fue el único encuentro donde Ricardinho, el goleador del campeonato, no logró convertir. Después les tocó jugar con Bolivia. Ganaron con el penal que pateó Elías. Pero al menos en Chile, de eso no se supo nada.

La existencia en Chile de la selección nacional de fútbol para ciegos recién empezó con el partido ante Colo Colo. Mientras los cuatro jugadores colocolinos de campo intentaban orientarse en el terreno de juego bajo las órdenes del portero Alex Varas (sólo los arqueros pueden ver), Elías peleaba el balón junto al área contraria. Él había aprendido a jugar fútbol cuando estudiaba en el instituto para ciegos de donde lo expulsaron a los 16 por fumar marihuana. Pero antes de entrar al equipo había pasado los últimos 12 años sin jugar. Aunque eso en la cancha no se notaba. El “Búfalo”, cuando lo toma, tiene un control del balón que impresiona y un físico que le ha servido tanto como le ha perjudicado. Todos los que chocan con él se caen mientras Elías sigue avanzando con la pelota en sus pies, pero también se cansa muy rápido. Además, tiene una de las patadas más fuertes del equipo. Al rato de empezado el partido, Elías le dio un pase a Luis Valenzuela, quien remató al arco. Fue el primer gol de los ciegos. Elías después intentó hacer varios.  No lo logró, aunque sus pases de taquito sacaron aplausos.

A minutos el partido se volvía errático. Miembros del mismo equipo se intentaban quitar mutuamente la pelota, otros iban a disputar el balón cuando éste estaba quieto a un metro de distancia, se les pasaba por entre las piernas o simplemente no lograban dar con él. Pero Eric corría cada vez que escuchaba el cascabeleo de la pelota acercarse hacia el área de los ciegos. Su marca fue tan fuerte que la única vez que Alexis Sánchez remató al arco, lo hizo después de levantar su antifaz y ver dónde estaba. Antes de eso, los no videntes ya iban dos goles arriba en el marcador y Eric lo había bajado dos veces.

El público y la prensa seguían apelotonados en la reja. El balón muy pocas veces cruzaba la mitad de la cancha. Había estado casi todo el partido en el área colocolina, peleándose al lado de la portería de Alex Varas. Pero cuando lograba pasar, era Emiliano quien lo tomaba y lo llevaba hacia adelante, pasando por cuanto albo se le cruza en el camino. La mayoría de las jugadas de los ciegos partían en sus pies. Casi en el último minuto, el capitán agarró la pelota y la mandó hacia adelante en un pase a Mauricio Muñoz, quien se pasó a la defensa y definió hacia la derecha de Varas. Nada que hacer. Colo Colo perdió en su cancha 3-0 y apenas se movió durante todo el encuentro.

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Una vez acabado el partido, la prensa entró a la cancha y entrevistó a los jugadores. Le preguntaron a los ciegos qué habían sentido al jugar con Colo Colo. Ellos no escondían su emoción. También hubo fotos de rigor. Después los jugadores de Colo Colo se subieron a sus autos y se marcharon. Los ciegos se pusieron nuevamente en fila y apoyados unos con otros, se pusieron a caminar a la estación de metro.

Esa noche aparecieron en todos los noticiarios y el día siguiente los diarios y revistas deportivas armaron notas y sacaron imágenes de lo que había pasado en esa cancha. De eso han pasado cinco años. Nunca más se ha vuelto a publicar algo sobre ellos.