Este texto forma parte de Nada es basura, una serie sobre cómo es, qué pasa y quiénes están en el ecosistema del reciclaje en América Latina. ¿Qué posibilidades existen para personas, gobiernos, empresas y organizaciones en la basura? Distintas Latitudes te lo cuenta en este especial quincenal.


Texto: Tania Chacón

Portada: Alma Ríos

Cuando Héctor Ortiz era un estudiante de ingeniería mecánica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) descubrió que podía reciclar envases desechables de una manera eficiente y amigable con el ambiente. Entonces, a sus 28 años, notó que en su país muchos residuos se separaban para darles un buen manejo y reciclarlos, pero que eso no ocurría con el poliestireno expandido, es decir, con los envases de plástico color blanco de textura rígida y espumada que suelen ser utilizados para llevar comida y bebidas. Hasta entonces nadie había desarrollado una tecnología para reciclar el material de manera eficaz, rentable y sin altos impactos ambientales.

Desde niño, Héctor se interesó en temáticas medioambientales. “Soy fanático de los animalitos, siempre he tenido perros, siempre he rescatado perritos. Y pues también uno de mis hobbies es sembrar las semillas de las frutas que me como”, contó a Distintas Latitudes. Ese interés lo siguió hasta sus estudios universitarios. Dentro de su facultad pertenecía a un grupo estudiantil llamado Sociedad de Energía y Medio Ambiente que vinculaba temas medioambientales con ingeniería.

Parte de este trabajo lo llevó, junto con su compañero Jorge Luis Hinojosa, a estudiar a profundidad el poliestireno expandido hasta que finalmente “desarrollamos un prototipo que posteriormente empezó a escalar a una versión final. Terminamos ahorita ya con la tercera versión de una tecnología 100% mexicana dedicada al reciclaje de este material, en el cual podemos mitigar la huella de carbono asociada al manejo de este material hasta en un 78%”, relató.

El poliestireno expandido es un plástico que recibe un nombre diferente prácticamente en cada uno de los países de América Latina. Se le llama plastoformo en Bolivia, icopor en Colombia, estereofón en Costa Rica, plumavit o aislapol en Chile, poliespuma en Cuba, durapax en El Salvador y Honduras, duropor en Guatemala, porplás en Nicaragua, espumaplast en Uruguay, y anime en Venezuela. En el argot científico también recibe el nombre de EPS. Es fácilmente identificable porque lleva grabado el número seis dentro del triángulo con las flechas de reciclaje.

El trabajo que hace Héctor al reciclar poliestireno expandido cobra relevancia porque se presenta como una opción eficiente para hacer frente a la crisis de contaminación por plásticos en México, pero podría trasladarse a otros lugares de América Latina. No olvidemos que durante los últimos años se han viralizado imágenes de tortugas, aves costeras y diferentes especies marinas muriendo a causa de las grandes cantidades de plástico en los océanos. Por ello, en todo el mundo se han hecho campañas, documentales y políticas gubernamentales para combatir el problema. Incluso el tema se ha convertido en una de las principales conversación para  la organización Greenpeace y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. La mayoría de éstas iniciativas hacen énfasis en rechazar los plásticos de un sólo uso, como lo son los envases de poliestireno expandido, para reemplazarlos por utensilios reutilizables. Pero, ¿qué va a pasar con todo el plástico que ya se ha utilizado?

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Foto: Tania Chacón

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Héctor no considera al unicel, como se le llama en México al poliestireno expandido, un material contaminante. “En realidad los productos contaminan por su mal manejo. El unicel no tiene otro tipo de contaminación como por ejemplo otros productos que causan daño directo a la atmósfera por su composición o que liberan elementos al medio ambiente. El unicel y en general todos los plásticos no presentan este tipo de contaminación, sino que la contaminación es debida al mal manejo de residuos”, reflexiona.

Cabe decir que el poliestireno expandido está catalogado por la Agencia de Protección del Medio Ambiente como el quinto producto que más desechos peligrosos genera en su producción y tarda hasta 800 años en degradarse. Una vez que es desechado comienza a descomponerse hasta convertirse en pequeñas esferas y luego en partículas minúsculas que reciben el nombre de microplásticos. Muchas veces es incinerado, lo cual emite gases y vapores que dañan la capa de ozono. Si llega al mar, las tortugas, cetáceos, peces, y aves costeras suelen confundirlo con comida e ingerirlo les ocasiona bloqueos a su sistema gástrico que posteriormente les provoca la muerte. Incluso, la Agencia de Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de Estados Unidos de América lo ha catalogado como un material cancerígeno.

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Foto: Tania Chacón

Es en este contexto que han surgido iniciativas como HAZla por tu playa, una campaña peruana dedicada a motivar a las personas a realizar limpiezas de playas y promover el reciclaje, especialmente de plásticos. Marysol Naveda, coordinadora nacional de HAZla por tu playa, hizo para Distintas Latitudes un recuento de los materiales que les resultan más difíciles de recolectar y manejar en las playas: “En general se encuentran plásticos. De lo más difícil de manejar son las bolsas, sobre todo las que son biodegradables porque se empiezan a partir, entonces es muy difícil de recoger. También el tecnopor, que es súper difícil porque también vuela en pedacitos y es complicada la recolección”.

Tecnopor es como se le conoce al poliestireno expandido en Perú. Desde 2015, HAZla por tu playa ha recuperado 26,964 envases de tecnopor durante sus limpiezas, lo cual lo convierte en el octavo residuo que más han encontrado en las playas. “Es muy difícil en recolectar porque se parte en pequeños pedacitos chiquititos. Entonces estas bolitas se expanden en la playa y con el aire es más difícil recolectarlo. O se mezcla en la arena y no es tan fácil de percibir. Prácticamente hay que estar buscando entre la arena, no es tan fácil como caminar y lo vas a ver inmediatamente”. Marysol ha notado que en Perú la gente utiliza estos envases desechables para su comida rápida cuando van a veranear.  

Tras recolectar el tecnopor, HAZla por tu playa lo coloca con la basura inorgánica no reciclable, lo entrega al sistema de recolección municipal y se envía a un relleno sanitario.

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Foto: Cortesía de HAZla por tu playa

El reciclaje de EPS está asociado con una alta huella de carbono. Las formas comunes de reciclaje de poliestireno expandido utilizan métodos químicos y solventes orgánicos que emiten contaminantes hacia la atmósfera. Por eso el método diseñado por Héctor Ortiz es mucho más amigable con el medio ambiente, porque no utiliza procesos químicos sino totalmente mecánicos, lo cual permite índices más altos de mitigación de la huella de carbono.

El reciclaje plástico y su potencial sustentable

Tras el desarrollo de su tecnología de reciclaje, Héctor Ortiz, junto con su socio Jorge Luis Hinojosa, fundó la empresa Rennueva. “Decidimos buscar diferentes alternativas para tener la mayor cantidad de personas posibles que pudieran reciclar su material y hacer del reciclaje de unicel una realidad en el país. Así es que nosotros, después de que desarrollamos la segunda etapa de esta tecnología, aperturamos un centro de acopio en noviembre de 2016 y a la fecha lo seguimos operando”, explica.

Rennueva tiene su centro de operaciones en la zona centro de la Ciudad de México. El unicel que ahí se recicla lo llevan personas que lo guardan en sus hogares y después lo entregan en Rennueva. En menor medida reciben residuos industriales de poliestireno. También trabajan con EPS del centro de acopio de la empresa Dart.

Dart es una empresa que produce desechables de poliestireno expandido y desde 2010 abrió un centro de acopio en Atlacomulco, un municipio del Estado de México, ubicado cerca de la Ciudad de México, donde se canalizan para reciclar más de 4 mil toneladas de unicel. En América Latina la empresa también tiene un centro de acopio en Panamá, donde al poliestireno expandido se le llama foam; otro en Argentina, donde recibe el nombre teglopor; y uno más en Brasil, donde se le dice isopor. En cada uno de estos países Dart tiene convenios con recicladores particulares que tienen la infraestructura para darle una nueva vida a éstos residuos. En Argentina trabajan con cinco empresas para llevar a cabo reciclaje y en Brasil con 10 empresas. En México uno de sus aliados es precisamente Rennueva.

Distintas Latitudes habló con el vocero de Dart México, Gerardo Pedra, quien explicó que emprendieron las labores de reciclaje porque para ellos es un asunto de responsabilidad empresarial y “un compromiso social, ecológico y ambiental que tenemos para que parte de los residuos que nosotros generamos tengamos la oportunidad de recuperarlos y darles esa segunda vida útil. Es precisamente de tener una corresponsabilidad del producto que fabricamos”.

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En la búsqueda de crear negocios sin impactos graves al medio ambiente, algunas empresas latinoamericanas han explorado la fabricación de desechables hechos de materiales biodegradables y más amigables con el ambiente. Un ejemplo es Ecoshell en México, una empresa que fabrica desechables a base de plantas, los cuales tardan de 90 a 240 días en biodegradarse. En Argentina existe la iniciativa Soroui, una máquina que fabrica vasos biodegradables a base de extractos de algas.

Sin embargo, para Dart, de acuerdo con Gerardo Pedra, los materiales biodegradables son más caros de producir. “El unicel en particular es un producto que tiene un arraigo o un nicho de mercado muy específico. La gente los pide. Ya existe una demanda por la comodidad y por el uso que existe del producto”.

De todas formas, Dart cuenta con una línea de productos desechables biodegradables elaborados con fécula de maíz y caña de azúcar.

Para Héctor Ortiz el reciclaje de unicel se convirtió en un negocio rentable gracias a que el material reciclado que produce no sólo es más sustentable sino también más económico que la materia prima virgen. Adquirir poliestireno expandido reciclado genera ganancias para él, para su empresa y beneficia a otros negocios.

Con el EPS reciclado se pueden elaborar productos como útiles escolares, ganchos de ropa, e incluso marcos para fotografías. De hecho, otro aliado de Dart y Rennueva es la empresa Marcos & Marcos, la cual se dedica a fabricar y comercializar marcos para fotografías y cuenta con una línea de productos fabricados con poliestireno reciclado.

Marcos & Marcos también ha encontrado un negocio lucrativo en el reciclaje de unicel. El vocero de Marcos & Marcos, Policarpio Rodríguez, contó a Distintas Latitudes que antes ellos importaban las molduras de poliestireno desde China, “hasta una ocasión que estuvimos ahí y vimos que llegó un contenedor de México que era poliestireno expandido. Me llamó la atención y vimos la posibilidad de poder fabricarlos en México. Hace aproximadamente cuatro años y medio comenzamos a hacerlos aquí en México”. Marcos & Marcos realizó una inversión de poco más de 2 mil dólares en infraestructura para fabricar marcos de manera local. “En lugar de hacer una importación en salida de divisas estamos exportando y estamos recibiendo divisas en dólares por hacer este producto ahora aquí en México. Otra de las cosas es que cuando abrimos la planta aumentó un 40% nuestra planta laboral. Y bueno, al utilizar este tipo de materiales naturalmente tenemos un mejor costo, controlamos mejor la calidad, controlamos mejor nuestros propios materiales. Eso nos da una versatilidad que antes no teníamos”.

Los gobiernos también pueden ayudar a reciclar plástico

Héctor, Jorge Luis y sus nuevos socios en Rennueva, junto con Dart y Marcos & Marcos participaron en la creación de un Plan Nacional de Manejo de Residuos de EPS que fue revisado y aprobado por la Secretaría de Medio Ambiente de México. En el documento plantean cómo debe ser el manejo adecuado del poliestireno expandido para un reciclaje eficiente y cómo pueden sumarse a la tarea empresas, gobiernos y personas de a pie.

En el caso de la industria, el plan sugiere elaborar estrategias de manejo de residuos y colectas para que el poliestireno expandido pueda llevarse a los lugares donde exista la infraestructura para reciclarlo. Para pequeñas empresas y restaurantes plantea la opción de colaborar con infraestructura que apoye la cadena de reciclaje de EPS. Héctor Ortiz añadió que “como industrias la afiliación al plan de manejo es un abanico muy grande, desde integrar un centro de acopio, la parte de aportar al programa por medio de donaciones para el desarrollo tecnológico, en fin. Todo depende de qué esté en nuestras posibilidades”.

En cuanto a las acciones que podrían tomar los gobiernos, Héctor Ortiz explicó a Distintas Latitudes que “pueden ser acciones como la difusión de programas de reciclaje, hasta la participación activa como en cuestiones de políticas públicas que fomentan la valorización de estos residuos en los propios municipios o estados”.

Un claro ejemplo de las acciones que se pueden tomar en este sentido es la alianza que han formado Héctor y Rennueva con el gobierno de la alcaldía de Cuauhtémoc, el municipio donde está ubicado su centro de reciclaje. “Buscamos aliarnos con los gobiernos locales para apoyar también al desarrollo de la educación desde etapas tempranas como es la educación básica. De esta forma con la delegación Cuauhtémoc nosotros hemos podido desarrollar sinergias en las que hemos podido ir a diferentes escuelas a dar pláticas de por qué debemos reciclar este tipo de materiales y la importancia de hacerlo”. La experiencia que ha tenido Héctor con los niños y las niñas ha sido muy positiva, “los chicos [y las chicas] se impactan mucho de saber que se puede reciclar este material. La verdad es que se emocionan mucho. De hecho, en eventos que hemos hecho nos han tocado personas que han ido a reciclar su material en estas ferias de reciclaje y que van porque sus hijos escucharon la plática en sus escuelas”.

Como otra alternativa para combatir la contaminación por plásticos, algunos gobiernos latinoamericanos han implementado medidas de prohibición de envases desechables de poliestireno expandido. Esto se ha hecho, por ejemplo, en las islas Galápagos, donde a finales de 2014 se prohibió el uso de plásticos y envases de espumaflex, como ellos le llaman al EPS. De manera paralela comenzaron a promover el uso de bolsas de tela, recipientes reutilizables y materiales más amigables con el medio ambiente. Lamentablemente, a las costas de las islas siguen llegando decenas de toneladas de basura plástica proveniente de lugares lejanos como Filipinas.

Héctor no está del todo convencido de éstas medidas. “En el caso de nuestro país y de muchos países de Latinoamérica, muchas veces acciones de este tipo de prohibición, más allá de beneficiar al medio ambiente se convierten en una cuestión que perjudica al desarrollo sustentable. Debemos recordar que el desarrollo sustentable tiene tres pilares, la parte económica, la parte social y la parte ambiental. Éstas alternativas de prohibición afectan al sector económico y algunas veces hasta el social. A través de esquemas de valorización se pueden fomentar acciones productivas y aparte mitigar la huella ambiental”.

Sin embargo, cada vez más gobiernos siguen han adoptado este tipo de medidas. Solamente del 12 al 17 de septiembre de 2018 dos municipios mexicanos, Oaxaca de Juárez y Zacatelco, anunciaron que prohibirán el uso de unicel para vender y empacar alimentos y bebidas. El gobierno de Zacatelco emitió un comunicado donde afirmaba que los vendedores de comida están totalmente de acuerdo con la medida y tras la viralización de fotografías donde se les mostraba sirviendo comida en hojas de maíz sus ventas habían mejorado.

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Foto: Prensa Gobierno Municipal de Zacatelco

Para que las personas de a pie se sumen a combatir los problemas de contaminación que trae consigo el mal manejo de desechables de poliestireno expandido, Héctor Ortiz plantea que la mejor manera es llevar el unicel a centros de acopio. “Nosotros estamos buscando que los gobiernos locales también nos apoyen con la infraestructura para hacer que el material sea lo más sencillo para reciclar para las personas comunes.”

El gobierno de la alcaldía de Cuauhtémoc tiene otro programa que sirve para ejemplificar cómo el reciclaje puede volverse accesible para las personas. En colaboración con la Asociación Nacional de la Industria Química de México, organizan la feria llamada Plastianguis, en la cual también participan Rennueva, Dart y Marcos & Marcos. En Plastianguis las personas pueden llevar diferentes tipos de plástico y a cambio de ellos se reciben monedas de juguete que se pueden intercambiar por productos de la canasta básica.

En la última edición de Plastianguis, realizada el 11 de agosto de 2018, el 18% de los residuos recolectados se trató de unicel, en su mayoría envases, charolas y vasos. En promedio cada asistente recicló siete kilogramos y medio de residuos plásticos.

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Añadido a otras opciones como reducir los plásticos de un sólo uso, buscar materiales amigables con el ambiente, e incluso la prohibición de plásticos, Héctor Ortiz y su empresa Rennueva han decidido apostar por el reciclaje eficiente, ecológico y rentable.

Aunque la tecnología que desarrolló Héctor se presenta como una opción competitiva para aportar a la solución de la contaminación por plásticos, aún puede perfeccionarse. Actualmente, Héctor se encuentra en la búsqueda de una manera de mitigar más la huella de carbono de y hacer el proceso aún más eficiente. Además del desarrollo tecnológico, Héctor también trabaja en fortalecer las campañas de difusión para que las personas sepan que el poliestireno expandido se puede reciclar, junten el material y lo lleven a los centros de acopio.

“No sólo se trata de un desarrollo tecnológico de la máquina en sí, sino también a un desarrollo de la logística y de diferentes herramientas que permitan, primero que nada informar que el unicel se puede reciclar y cuáles son las formas de hacerlo”.