Hay dos sucesos en materia de vivienda sustentable que pusieron a Uruguay en primera plana en los últimos meses. Aquí un recuento.

Primero. El famoso arquitecto estadounidense Michael Reynolds y su equipo está construyendo la primera escuela pública autosustentable de América Latina en Uruguay, y la noticia dio la vuelta al mundo.

Hace 45 años que Reynolds fundó la Earthship Biotecture para construir viviendas con materiales reciclables, que aprovechen los recursos naturales y respeten el medio ambiente. La construcción de la escuela uruguaya comenzó en enero del 2016, en un pequeño balneario al sur del país, y con el apoyo de 100 voluntarios de los cinco continentes -quienes pagan por colaborar, porque también es una instancia de formación.

El costo de la obra es de 300.000 dólares y el 60% de los materiales que utilizan son reciclables -neumáticos, botellas de vidrio, plástico, cartón, aluminio-, el resto son tradicionales. Las características más sobresalientes de la escuela uruguaya es que producirá su propia energía y mantendrá el ambiente cálido del edificio por un sistema de aislamiento. También producirá su propia agua potable a través de la recolección de agua de lluvia, y una huerta dará la mayor cantidad de alimentos posible.

El camino hacia la sustentabilidad de las viviendas uruguayas no termina ahí. En diciembre de 2015, la Universidad ORT (una institución privada) ganó el primer premio en el Solar Decathlon en Colombia -primera vez que se hace en Latinoamérica-, la competencia internacional más importante de arquitectura, diseño e ingeniería sustentable. “La casa uruguaya”, como le llamaron al proyecto, fue evaluada en diferentes áreas, y se llevó los mejores puntajes en sostenibilidad e innovación. Compitió con otras 14 casas de todas partes del mundo.

“La casa uruguaya” es de madera, la energía que consume es 100% solar, y es de interés social: su construcción no excede los 50 mil dólares. Cuenta con 10 centímetros de aislación térmica en todas las paredes, pisos y techos, por lo que se mantiene cálida en invierno, y fresca en verano. También es inteligente, avisa si es necesario apagar las luces, o cierra sus ventanas si comenzó a llover.

Foto tomada de http://lacasauruguaya.com.uy/es/index.php/media/

Todo lo propuesto por los creadores es posible de hacer en Uruguay. Falta que la experiencia se replique, y efectivamente llegue a los habitantes del país. ¿Será posible?