Texto: Diego Pérez Damasco

Fotos: Lizbeth Hernández

Las marchas del Orgullo LGBTI+ se están convirtiendo en eventos cada vez más masivos en múltiples ciudades de América Latina. Esto los va transformando en un espacio atractivo para el posicionamiento de marca de empresas, las cuales cada vez tienen mayor presencia en estos eventos, generando tensiones entre activistas y organizadores, así como gritos de alerta de “pinkwashing”.

Se conoce como ‘pinkwashing’, en el marco de las luchas LGBTI+, a las estrategias de mercadeo empleadas por empresas u organizaciones que buscan mostrarse progresistas, modernas y tolerantes por apoyar la diversidad sexual, aunque en sus prácticas cotidianas vulneran otros derechos humanos. Este es un término que cada vez más grupos críticos dentro de los movimientos LGBTI+ utilizan para describir prácticas que se dan durante los desfiles del Orgullo.

Para algunos sectores, la participación cada vez mayor de marcas y empresas en estos espacios, vacía de contenido político —o minimiza las reivindicaciones de las poblaciones LGBTI+, por las cuales se manifiestan en las marchas del Orgullo LGBTI+ realizadas en el mes de junio, mientras que puede dejar a otras luchas por fuera, como las causas de los trabajadores, las mujeres y las personas migrantes, entre otras.. Entendiendo estas tensiones, ¿existe un lugar para las empresas en los desfiles del Orgullo?, ¿cómo se dan y cómo podrían darse estas alianzas?

Más visibilidad

Cada mes de junio, en conmemoración de los Disturbios de Stonewall en 1969, se realizan las marchas del orgullo LGBTI+ en ciudades de todo el mundo. En ciudades latinoamericanas como São Paulo, Ciudad de México y Santiago estos eventos han crecido al punto de convertirse inclusive en un atractivo turístico. En otras, va emergiendo en esa dirección.

Javier Umaña es el principal organizador de la Marcha de la Diversidad en San José, Costa Rica, un evento que ha venido creciendo aceleradamente y que ya es el mayor desfile de Orgullo en Centroamérica; tan sólo en 2017 contó con la participación de alrededor de 80 mil personas. Este año la marcha será el próximo domingo 1 de julio, y tendrá la mayor participación de empresas desde que inició: más de 50 empresas estarán presentes, en comparación con las cuatro o cinco que apoyaban al inicio, de acuerdo con Umaña. Esto aviva la discusión sobre el tema entre el equipo organizador del evento y algunos sectores del activismo.

Para Umaña existen dos factores importantes a tener en cuenta a la hora de discutir la participación de las empresas en la Marcha de la Diversidad: primero, el papel económico que juegan y, en segundo lugar, el que se genere un compromiso real por parte de las compañías en el respeto a la diversidad a lo interno de sus estructuras.

“Dicen que es un desfile de marcas y de empresas. Estas empresas son las que están detrás de la marcha, porque todo esto implica un gasto económico enorme, el cual tiene que salir de algún lado, y desgraciadamente las organizaciones no tenemos recursos para sufragar toda esta cantidad de gastos”, dijo Umaña a Distintas Latitudes.

“La Municipalidad de San José, los distintos ministerios, Casa Presidencial y todas las empresas son los encargados de sufragar todos estos gastos [la tarima, el sonido, alimentación de colaboradores, seguridad privada, ambulancias, cabinas sanitarias, camisetas, papelería, entre otros], y yo, como organizador de la marcha, no podría darles la espalda y decirles que no participen. Porque, además, la Marcha de la Diversidad tiene que ser diversa en todos sus sentidos, y es maravilloso esto”, agregó.

Para el activista y consultor LGBTI+ mexicano, Enrique Torre Molina, en principio, la participación de cada vez más marcas y empresas en las marchas o desfiles del Orgullo es una buena señal.

“Lo que esto significa es que esas empresas, muchas de ellas muy conservadoras, muy familiares, de mucha tradición, en el caso de algunas aquí en México, están posicionándose del lado correcto, de apoyar los derechos LGBT, de apoyar la inclusión laboral, la inclusión social, pero yo sí lamenté un poquito que este año su presencia fuera tan grande [en la Ciudad de México]”, dijo Torre Molina a Distintas Latitudes, con respecto a la marcha del pasado sábado 23 de junio.

“Este año, la presencia de las marcas fue tan grande que un poco como que ‘se comieron’ u opacaron a otros grupos. El dato oficial fueron cerca de 60 empresas que participaron de la marcha […], y su presencia no estaba solo en los contingentes de cada empresa y sus carros alegóricos, sino que estuvieron presentes desde días antes en campañas a lo largo de la ciudad”, agregó.

Para Torre Molina, el reto ahora es, para la organizaciones y organizadores de estas marchas, trazar una línea que delimite de forma adecuada cómo y dónde participarán las compañías en estos espacios de visibilidad.

“Creo que es complicado decir hasta dónde está bien, cuál es la medida justa, y también es complicado decir a quién le toca poner ese límite. En principio pueden ser los organizadores de la marcha quienes definan o quienes delimitan qué tipo de presencia y en qué orden incluso marchan”, dijo el activista.

“Buscamos durante muchos años que el sector privado tuviera el interés de participar en nuestra marcha, y se logró eso, pero ahora qué sigue. Qué les queremos pedir, qué necesitamos de ellas, cuál es el tipo de participación que queremos que tengan. ¿Queremos pedirles para participar en una marcha y tener ese escaparate que tengan que cumplir o demostrar antes ciertas condiciones en sus espacios de trabajo?, ¿tienen que demostrar que apoyan de alguna manera a alguna organización?”, agregó.

De acuerdo con Umaña, este ha sido uno de los procesos que están tratando de llevar a cabo con las empresas que participan de la Marcha de la Diversidad en Costa Rica, para que sean realmente “empresas inclusivas”.

“Les preguntamos, ¿qué están haciendo para incentivar el respeto dentro de sus empresas?, ¿hay una oficina de diversidad?, ¿tienen chicas trans trabajando para ellos?, ¿personas con discapacidad? Ese son el tipo de temas que se han venido trabajando”, dijo Umaña.

¿Tiene un precio esa la visibilidad?

Como en años anteriores, sectores más críticos dentro del activismo LGBTI+ costarricense organizan un “bloque disidente” dentro de la Marcha de la Diversidad del próximo 1 de julio, en donde se cantarán consignas incluso contra la propia marcha. Este fenómeno de contramarchas o bloques disidentes se observa en conmemoraciones del Orgullo en todo el mundo. En Madrid, inclusive se realiza una marcha “crítica” el día antes a la “marcha oficial”.

“La marcha del orgullo se ha vaciado de contenido político, olvidando incluso el origen de ésta y convirtiéndose en un desfile elitista, que perpetúa las dinámicas patriarcales y pretende incluso imponer una moral. Además de que se convirtió en una marca registrada. Nosotrxs queremos un espacio disidente, crítico, inclusivo, queremos ponerle contenido político e incomodar a la élite gay”, dice la descripción del evento en Facebook del Bloque Disidente para la Marcha de la Diversidad en San José.

En esta línea, la artivista brasileña Ana Luisa Santos, del colectivo ‘O que você queer?’, considera que estas dinámicas y tensiones entorno a la participación de empresas implican una serie de contradicciones y desafíos para los movimientos LGBTI+.

“Existe el desafío de cómo articularse, cómo viabilizar proyectos. Muchas veces hay posibilidades de asociaciones con empresas, con gobiernos, con políticos, con instituciones, organizaciones, del Estado o del mercado, pero que tienen en su amplia y flexible trayectoria, actuaciones, o intereses o intenciones prácticamente contrarias a la lucha por los derechos humanos”, dijo Santos a Distintas Latitudes.

“Creo que esa es una contradicción en la que hoy está colocado el mundo. Especialmente en estos casos de actuación política, del arte, de la militancia, de grandes eventos de gran visibilidad, lo veo como un gran desafío. Me pregunto, ¿de cuáles contradicciones quieres habitar?”, agregó.

Para Santos, si bien la estrategia de los desfiles o marchas del Orgullo está centrada en la ocupación del espacio urbano y la visibilidad, mediante la movilización de miles, y a veces hasta millones de personas, es importantes preguntarse cuál es el costo de esa visibilidad.

“Pero claro, que estos espacios no dan cuenta, a veces, para debatir algunos temas que son urgentes, pero que demandan otra temporalidad, otro tipo de encuentro, pero que no tienen tanta visibilidad”, dijo Santos.

En la opinión de la artivista, quien no participa de la Marcha del Orgullo en São Paulo por decisión política, justamente otro punto clave es comprender la verdadera intención de las empresas y marcas en su participación.

“La visibilidad por sí sola no es suficiente, y esa visibilidad, ¿qué precio tiene? Creo que deben hacerse algunas preguntas respecto a esto. En la articulación con empresas y marcas, hay otro elemento que evaluar cómo estas organizaciones de mercado quieren abordar este tema, o si solo lo utilizan para agregar valor, aprovechar un tipo de ola de un movimiento y un evento que tiene gran visibilidad, pero que en el día a día de la empresa, en el resto del año, no se interesa en pensar en otras posibilidad de articulación política de esta causa”, dijo Santos.

De manera similar opina la académica mexicana Gabriela Cano, quien ha estudiado la historia de los movimientos LGBTI+ en su país. Para ella, la participación de estos grupos económicos está bien, bajo la condición de que exista un compromiso real.

“La participación de las transnacionales en la marcha me parece bien, siempre y cuando vaya de la mano de políticas laborales consecuentes con la inclusión a la población LGBTI+ y con una cultura en la que se respete la diversidad.  Que se reconozca, por ejemplo, la protección médica a la pareja del mismo sexo, igual que a la/el esposa/o heterosexual; que se fomente una cultura laboral respetuosa de las familias diversas y que se permita a las personas trans usar los baños del género autoadscrito, entre otros”, dijo Cano a Distintas Latitudes.

Aunque sin duda, esta no es una discusión resuelta, para Enrique Torre Molina estas tensiones son más bien intrínsecas y constituyentes de los movimientos LGBTI+, y lejos de ser negativas, fortalecen las luchas.

“Siempre han existido distintas opiniones, ahora las hay por este tema. Creo que estas diferencias son sanas, porque los movimientos LGBT en el mundo han avanzado no sólo a pesar de esas divergencias, sino muchas veces gracias a ellas. Esas discrepancias, que a veces a lo interno se ven como indeseables, o que entorpecen el trabajo, con el tiempo he llegado a ver que pueden ser muy sanas, muy necesarias y que nos convienen. Y además, son inevitables”, concluyó Torre Molina.