Imagen principal: marcha en el marco de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto de las Mujeres de América Latina y el Caribe en Buenos Aires el 28 de setiembre. Autora: Gala Abramovich. 

La que aborta sola, la que ayudó a una amiga de una amiga, la que el novio la dejó cuando se enteró del embarazo, la que no sabía si salía con vida, la que acompañó sin conocer a la otra, la que dio indicaciones por teléfono, la que la familia la discriminó, la que abortó con amigas en su casa. A cada situación personal se le suma la ausencia del Estado, la hipocresía de la sociedad, la soledad o la compañía de amigas.

Durante el 28 de setiembre, el Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito, el medio de comunicación feminista Latfem y la Asociación Civil Red de Mujeres, lanzaron en Argentina la campaña #JuntasAbortamos en redes sociales.

Todos conocemos al menos una persona que haya interrumpido un embarazo no deseado, aunque no seamos conscientes porque no lo cuente. En Argentina, entre 46 mil y 600 mil mujeres abortan clandestinamente cada año, siendo esta la primera causa de muerte materna en el país. El proyecto de ley para despenalizar el aborto entró seis veces seguidas al Congreso, aunque desde 1921 ya sea legal (solo) para las causales de riesgo de vida de la mujer y violación.

Como forma de visibilizar y concientizar sobre esta situación, las impulsoras de #JuntasAbortamos dieron el contexto para que miles de mujeres sacaran sus abortos del closet. Para esto tuvieron la ayuda de Catalina Ruiz Navarro, periodista feminista colombiana y una de las impulsoras de la campaña con características similares del 24 de abril de 2016: #MiPrimerAcoso.

El #JuntasAbortamos duró todo el 28 de septiembre a través de Facebook y Twitter. El hashtag fue trending topic regional, alcanzando 778 tuits de 631 cuentas en las primeras dos horas. “Queríamos llegar a aquellas mujeres que están pasando por una interrupción voluntaria de embarazo no deseado para que sepan que no están solas. Enfatizar el mensaje de los feminismos del último tiempo”, dijo a Distintas Latitudes, la periodista feminista e integrante de Latfem, María Florencia Alcaraz.

Su hipótesis de que las mujeres “buscamos la manera de abortar más segura posible y entre nosotras, más allá de los contextos restrictivos y los Estados que penalizan la práctica”, quedó confirmada a través de los relatos. La solidaridad y el acompañamiento entre mujeres son un pilar fundamental de esta práctica. Quedó registrado que es muy común la ayuda de una mujer a otra que quiera abortar sin conocerla personalmente: “principalmente ayudamos a perfectas desconocidas”, dijo Alcaraz. También ha sucedido que personas que no están de acuerdo con el aborto, después de acompañar a una amiga o vecina, cambiaron de parecer; o dos mujeres que estaban enemistadas se acompañaron y recuperaron la amistad.

Para la periodista es interesante reparar en el rol del varón y de los profesionales del sistema de salud. “En los relatos que leímos el varón cumple un rol secundario, incluso hay algunos muy fuertes en los que el varón lo único que hizo fue dar plata para abortar y no acompañó la situación, o algunas mujeres que prefieren que no esté presente. Los profesionales de salud también aparecen en lugares secundarios, y eso llama la atención”. En fin, “cuando hablamos de la autonomía de nuestros cuerpos, también hablamos de la autonomía de nuestras prácticas, de cómo elegimos interrumpir nuestros embarazos”. 

En cuanto a las dificultades, notaron que muchas veces no se hace fácil encontrar Misoprostol (droga para abortar) en farmacias, y que algunos de los acompañamientos tienen que ver con recorrer farmacias hasta dar con las pastillas. O pasar el dato para poder conseguirlas. Si bien el aborto es legal para dos causales en Argentina, el Misoprostol “no está designado para interrupción de embarazo”. Alcaraz agregó que los relatos muestran “lo peor y más sórdido que uno puede imaginar de una clínica clandestina”, pero también muestran lo lindo de “abortar en casa con amigas mirando una película y comiendo una comida rica”, o la solidaridad de mujeres que organizan una fiesta para cubrir los gastos del aborto de una de ellas.

“Esta acción sirvió para narrar que hay miles de formas de interrumpir un embarazo. Que a veces puede ser muy traumático, pero otras, cuando estas acompañada, las contracciones dolorosas que provocan las pastillas pueden pasar con menos dolor”, concluyó la periodista.

A la vista está que es un problema de salud pública y derechos humanos. Que los Estados deben legislar para que no más mujeres sean obligadas a maternidades forzadas o a que corra peligro su salud. Mientras tanto, queda la solidaridad entre mujeres, la compañía.

#JuntasAbortamos