Entiendo el pesar de Polifemo: nadie me engaña, pero yerro; nadie me mata, pero muero. Hay una incertidumbre, un pesar y una duda en su situación, hay un engaño de las apariencias.

Igual piensa Raymundo Ramos de Polifemo cuando titula a su poemario El ojo de Polifemo (Parentalia, 2010). Esto podemos verlo desde el momento en que abrimos la plaquette y leemos el primer epígrafe de la Odisea de Homero: “-¡Oh, amigos! Nadie me mata con engaño, no con fuerza”. Además el segundo epígrafe de Pablo Neruda, de su “Partenogénesis” habla sobre la duda: “yo no sé si salir o entrar, / si caminar o detenerme, / si comprar gatos o tomates”. El engaño y la duda son el tema del poemario.

Antes de seguir con el poemario, he de decir que no comprendo perfectamente la poesía moderna o por lo menos no toda. A Raymundo Ramos lo puedo comprender porque aún siendo moderno, él está consciente de la base sobre la que se levanta la poesía hoy en día. No hablo de que su poesía haga referencia a la antigüedad (que sí lo hace), hablo de otra cosa; no sé si él nació poeta o se hizo poeta, pero sí sé que ha dedicado su vida al oficio de escritor y así como Alfonso Reyes en su momento, él entiende que nuestra cultura procede de la cultura clásica. En sus poemas podemos ver como se afirma en unos cimientos sólidos provenientes de su educación y oficio.

Ahora, sobre los poemas incluidos en la plaquette, no podría decir que son la cúspide de la obra poética de Raymundo Ramos, sin embargo, la selección tiene, en la independencia de cada poema, un sentido en conjunto. Hay poemas que son maravillosos por cuenta propia, y los poemas que no lo parecen tanto toman fuerza por la continuidad del sentido del poemario.

El poemario abre con “Carreta cojitranca”, poema que reflexiona sobre un desasosiego provocado por la tristeza de cuando algo falta en la vida. Con la imagen de una carreta cojitranca, con una rueda cuadrada difícil de remolcar, compara el sentimiento que marca la vida en ese momento donde no todo está bien y se la voz poética se pregunta si vale la pena seguir remolcando esa existencia sin balance.

En el siguiente poema, “Cabeza frenológica”, el yo poético siente ese mismo desbalance pero no en su persona misma, sino en el universo que le rodea. En el poema “Cicatriz” el pesar se convierte en una marca perpetua persistente después de la sanación; las posibilidades pasadas que se perdieron en el transcurso de una vida pesan como un costal de piedras en el presente del enunciador.

Uno de los poemas mejor logrados del poemario está justo al centro y se llama “Tigre”. En ese poema el deseo es el tema, el deseo se compara a un tigre encerrado en la jaula que es el alma humana. Este deseo es otra fuente más de angustia, el que habla no puede realizar su deseo de un tú que no especifica. El poema tiene mucha fuerza, tal como el deseo del enunciador, lo que hace más terrible la escisión con el objeto del deseo. Transcribo la primera estrofa:

 

“La yema de mi alma

es el tacto de voces que te nombran

y mis palabras callan,

tu dulce, tu secreto nombre,

tu impronunciable nombre

hasta que se destape la caja de Pandora

(de bienes y de males)

que a tu nombre me atan”

 

Otro poema maravilloso -el mejor para mi gusto muy personal- es “Bukowski al cien por ciento” que empieza con un verso muy interesante: “Nadie mira las causas del efecto”. Sobre eso mismo versa el poema y utiliza a Bokowski como personaje y ejemplo de ese hecho, además habla de cómo la historia se repite en cualquier cantidad de casos. Aunque me gustaría transcribir el poema completo (y no habría mejor manera de recomendar esta plaquette) me limitaré a transcribir un pedazo solamente:

 

“[…] El 97% de los divorcios y las guerras

tienen los mismos antecedentes

(el petróleo, el gasto y la cama)

y conducen a los mismos resultados.

 

¿Y el otro tres por ciento?

Asuntos de amor fracturado,

desgarrado, molido, hecho pedazos,

igual que pellejos para el gato.”

 

Se podría decir mucho más sobre esos dos poemas y también de los otros. Otros poemas remarcables son “Blanco de plomo”, que habla de las apariencias (el título refiere al maquillaje), “Los relojes de Auden”, sobre el paso del tiempo y  la percepción de este en diferentes etapas de la vida (y hay que notar la referencia del bellísimo poema “Parad los relojes” de W. H. Auden –“He was my North, my South, my East and West, / my working week and my Sunday rest”), “Finísimo fantasma”, que habla de un amor ausente de una manera especialmente agradable, y el poema que le da nombre al poemario, “Ojo de Polifemo”. Ése poema de Polifemo es el que relaciona a todos los poemas con su tema, es un poema un tanto complicado en comparación con los otros, pero es así precisamente porque se construye a partir de la lectura de sus coevos.

La poesía de Raymundo Ramos es siempre sencilla de entender pero sin perder fuerza u originalidad. Siempre será un buen poeta para los no iniciados que no creen en la poesía, pero también para quienes gustan de encontrar y seguir el hilo de influencias, y para los que gustan de reflexionar profundamente. Éste poemario tiene unidad y es consistente y por eso mismo es altamente recomendable.

El usuario –Sísifo Moderno

El usuario nació en la Ciudad de México en 1989, es casi egresado de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas en la FES Acatlán. Es el último aprendiz de Faderio, el diablo de Pancrode.