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Helix Libera, la apuesta clown en las fronteras

Helix Libera es una asociación sin ánimo de lucro que realiza trabajos de intervención social comunitaria por medio del clown, el arte y la terapia junto a migrantes y mujeres.

 


 

Noelia Entrena y Gemma Sabat forman Helix Libera que en latín significa “espiral libertaria”, una asociación sin ánimo de lucro que atiende a migrantes, mujeres y cualquier grupo vulnerable desde la atención social comunitaria usando la terapia, la educación y el arte como herramientas de transformación emocional y espiritual. 

Noelia, psicóloga y Gemma, educadora, son dos mujeres jóvenes de Barcelona. Hace más de dos años dejaron sus empleos en el continente europeo. Una búsqueda por ayudar humanitariamente en el contexto migratorio europeo les generó una crisis existencial y un reconocimiento de sus privilegios. Y esa crisis las llevó a Melilla.

Melilla es una ciudad española ubicada al norte de África. Entre esa ciudad y Marruecos se extiende una barrera fronteriza de 12 kilómetros, es una de las dos fronteras terrestres entre la Unión Europea y África. El muro de doble valla de Melilla se levanta 6 metros al frente de las personas migrantes y su objetivo es impedir su tránsito. La valla está compuesta de acero, alambre de espino, cuchillas, enrejados anti trepante. Además, está electrificada, tiene sensores térmicos y es vigilada por cuerpos policiales.

En 2018 ACNUR documentó que a España ingresaron 65 mil 400 personas; 58 mil 600 lo hicieron por vía marítima y 6 mil 800 por tierra. De ese total el 78% son hombres y hay un 22% de niñas, niños y mujeres procedentes, en su mayoría, de Marruecos, Guinea, Malí, Argelia y Costa de Marfil. En el informe se señala que cuatro personas murieron durante o después de intentar saltar la valla.

En Melilla nació Helix Libera. Noelia y Gemma decidieron incidir con educación, terapia y payasería en esa frontera y también al otro lado del mundo. En 2018 iniciaron un viaje con pausas en albergues para migrantes en México. Desde Tijuana hasta el sur del país viajan en una casa rodante trabajando sobre todo con migrantes, pero su apuesta es un cruce que implica también trabajar temas de género. Hoy están en Costa Rica.

En su viaje, Noelia y Gemma se han dado cuenta cómo las personas migrantes en tránsito tienen un motivo para levantarse todos los días, y ellas, desde su lugar, intentan aligerar ese camino con la sonrisa.

Sobre el poder de la nariz roja, la importancia de quebrar fronteras y algo más, Noelia y Gemma conversaron con Distintas Latitudes. 

¿Cuál es la apuesta de Helix Libera?

Noelia: Es una apuesta hacia la liberación. Hacia la liberación de diferentes maneras y en diferentes caminos. La liberación externa, la liberación interna. Dentro de la liberación interna, la liberación emocional en colectivos vulnerables, o como nos gusta llamarlo a nosotras, colectivos vulnerados. 

¿Cuándo, por qué y desde dónde encaminaron su proyecto a migraciones?

Noelia: Decidimos empezar con migración cuando estamos en Barcelona, y empieza a haber una situación muy fuerte en Europa con migración. Entonces intentamos ir a Grecia a hacer ayuda humanitaria pero nos encontramos con que hay una burocracia muy fuerte. Necesitamos enviar muchos papeles para poder ayudar, como si fueran fronteras a la hora de ayudar. Era muy difícil entrar en el tejido porque además ya había muchas organizaciones grandes ahí. Entonces dijimos, tenemos una frontera sur aquí, muy cerca de casa. Está habiendo una problemática muy fuerte y no hace falta que nos vayamos a otra punta de Europa, podemos empezar desde nuestro hogar. Y ahí fue que agarramos un carro, lo cargamos de material artístico y del material que necesitamos para realizar nuestras intervenciones de arte, la terapia y la educación. Y nos fuimos a la frontera sur de España. 

Trabajamos en Almería con refugiados, la gran mayoría de población subsahariana, pero también había otras poblaciones de Palestina, Cuba, Centroamérica. Y de ahí cruzamos en ferry hacia Melilla (una ciudad fronteriza que políticamente es territorio español pero está situada al norte de África), una ciudad amurallada de 14 kilómetros cuadrados que tiene una interculturalidad y también un problema migratorio muy fuerte por toda la población marroquí y subsahariana en su mayoría que trata de cruzar a Europa para poder sobrevivir y tener una vida con dignidad. Es una frontera a nivel visual muy impactante y va acompañada de un impacto emocional por el tipo de políticas que hay y qué hacen esas políticas con las personas que intentan tener una vida más digna y algunas incluso sobrevivir. 

Ahí fue cuando nos cambió todo. Tuvimos una crisis existencial muy fuerte, eran nuestras vacaciones laborales en un verano y ahí decidimos dejar nuestros respectivos trabajos “normales” de psicóloga y educadora para dedicarnos por completo a Helix Libera. 

¿Qué herramientas artísticas utilizan?

Noelia: Lo que más utilizamos y en dónde estamos más especializadas es en el clown, la payasería. Nosotras entendemos el clown como una vía de transformación social, comunitaria y terapeútica. Hay muchas maneras de ver el clown y nuestra perspectiva es siempre así. Las herramientas artísticas que utilizamos dependen mucho de la población con la que trabajamos. Por ejemplo, en África cuando estábamos trabajando con población subsahariana utilizamos mucho la danza con tambores para liberar y aquí, con la población centroamericana estamos viendo que tiene más efecto otro tipo de arte como la plástica. Es todo un abanico dependiendo de la situación en la que estamos y el colectivo o grupo que estamos trabajando.

¿Qué poder transformador tiene la sonrisa?

Noelia: Claramente tiene un poder de transformación ya que es una manera de liberar emociones, de vaciar ese vaso que tenemos lleno de emociones. El colectivo migrante vive episodios estresantes muy fuertes después de los cuales las personas no tienen un espacio como para liberarse o no tienen un acompañamiento emocional. Eso se va enquistando y con la metáfora del vaso se va llenando y si se rebosa pues se enferma.

Ahí para mí la sonrisa es como un bálsamo, es poder vaciar poquito ese vaso de una forma además muy amorosa y muy ligera, sin esfuerzo. Además, que a nivel biológico segregas una química cerebral que ayuda al bienestar emocional y mental. A parte tiene un poder político muy fuerte porque se puede hablar de temas tabú, temas muy difícil de abordar desde un lugar serio; en cambio, la risa o la nariz de la payasa permite abordarlos de una forma ligera y muy amorosa.

¿Qué similitudes y diferencias han encontrado entre las personas migrantes que van de África a España y con quienes cruzan hasta llegar a la frontera entre México y Estados Unidos?

Noelia: Las similitudes son muchísimas. Para nosotras es siempre lo mismo, un colectivo, un grupo de personas que está en la posición de opresora y otro grupo de personas que está en la posición de oprimidos o vulnerables. Y bueno, eso es así. El que manda está arriba, el otro está al sur. Hay una relación de xenofobia y racismo en un alto porcentaje de la población. Son rutas muy difíciles en donde se juegan la vida, en ambos casos. Son migraciones por necesidad; difícilmente te encuentras a alguien que diga: yo estoy genial en mi país pero voy a mejorar mi calidad de vida. No, son migraciones que vienen pulsadas desde una necesidad real y creo que este es un punto muy importante  a mencionar. Y las políticas son muy estrictas y muy difíciles de afrontar para estas personas. Creo que todas esas similitudes están y son muy obvias. 

Y de diferencias, pues a nivel cultural hay muchas diferencias y obviamente al trabajar en intervención social comunitaria tienes que tenerlas en cuenta. Y de otro tipo de diferencias yo no me atrevería a hablar mucho sobre esto porque debería llevar muchísimos años en ambas poblaciones como para poder hablar de diferencias. No me atrevo a generalizar. 

Pueden compartir alguna experiencia memorable —hasta ahora— que hayan vivido en alguna frontera.

Noelia: Una que me viene ahora es en la frontera de Tijuana (México) y San Diego (Estados Unidos) donde hicimos una performance a través del clown. Fue un espectáculo callejero, sin convocatoria pero empezó a llegar mucha mucha gente y acabó siendo algo muy bonito. La performance se llama “Buscando Magia” y bueno, una situación muy tensa que había se convirtió en muchas personas riendo incluso llorando, con mucha emoción. Para nosotras ese día fue un claro ejemplo de cómo el clown puede transformar cualquier ambiente. Incluso ahí, en la frontera donde había personas intentando cruzar.  Incluso ahí la nariz roja puede transformar el aire. 

Y en esa misma frontera en otra ocasión tuvimos la oportunidad de hacer un taller y una performance que se llama “Tras la máscara todas somos lo mismo”. Las personas tenían que hacer una máscara y colgarla. Era algo simbólico sobre la máscara que traemos todas y todos ya sea la nacionalidad, el género, la clase social o económica se quedaban en la frontera. Eso es la frontera humana, existe simplemente dentro de la mente. Si no existiera dentro de nosotras no existiría afuera. Fue un ritual simbólico de dejar la máscara en la frontera para poder traspasarla y ese día también fue realmente muy mágico. 

Y experiencias con personas. Nuestros talleres son siempre como de 20-30 personas donde nos llevamos de cada una de ellas mil historias y mil aprendizajes. Porque realmente son personas con experiencias vitales, que desde nuestro punto de vista tendrían que tener más voz porque si les escucháramos, aprenderíamos mucho de ellas y ellos. 

¿Consideran que la salud mental, emocional y espiritual de la población migrante es atendida en su paso por México?

Gemma: La verdad es que no. Lo únicamente atendido son sobre todo las cosas materiales que es comida y cobijas, las cosas que socialmente se arman de primera necesidad. Ahí viene nuestro conflicto, de que creemos que la salud mental, emocional y espiritual también es una primera necesidad que debería ser atendida desde las organizaciones como en la sociedad en general. Y no es así. Hemos visto que somos de las pocas que trabajamos desde este enfoque y los pocos psicólogos y psicólogas que nos hemos encontrado siempre trabajan a través de formularios cuyo método nosotras no somo partidarias y menos en situaciones de extrema vulnerabilidad. 

Tenemos la frase de que “si no se atiende la salud emocional no hay cobija que caliente el alma ni medicina que sane”. Creemos que es una parte fundamental y en la realización de nuestros talleres pues hemos visto, hemos podido vivir y sentir los resultados de la liberación y sanación que es poder sentirse en un espacio seguro para poder liberar la rabia, la frustración, el miedo, sentimientos y emociones que se tienen tan reprimidas por ese sobrevivir y esta sociedad que te las encarcela.

De hecho gran parte de nuestra lucha en este sentido es que se valore la importancia de la salud emocional y espiritual en colectivos de extrema vulnerabilidad y en la sociedad en general. 

¿Cómo definen la locura, la depresión y la felicidad? 

Para nosotras la locura es algo necesario. Es necesario porque precisamente siempre hemos vivido, desde la educación, el sistema capitalista y el sistema patriarcal, reprimiéndola. Por eso es que nos volvemos locas disfuncionalmente y socialmente hablando, locas desde la sombra de la palabra, con violencia, con individualismo. La locura para nosotras es algo que todas y todos tenemos y que es necesaria para poder conectarnos con nuestro instinto. Hay que tener espacios donde poder liberarla de una forma contenida y acompañada. Y cuando se estigmatiza, se critica, reprime y señala es cuando se vuelve una locura psiquiatrizada. 

Nosotras de hecho trabajamos legitimando esa locura. Porque gracias a esa locura se pueden liberar muchos quistes emocionales, se pueden liberar muchas obsesiones, muchos miedos y una después de liberar su locura, de aceptarla y abrazarla se puede llegar a sentir mucho más ligera y con mucho más amor propio.

La depresión es para nosotras una desenergización. También está muy atado a la locura cuando no nos dejan ser quien somos, o no nos dejamos ser quienes somos. La energía empieza a bajar y ocurre una falta del sentido a nuestra existencia humana. Esto en el colectivo migrante se ve mucho cuando están atorados, cuando están en tránsito los migrantes se levantan cada día con una sonrisa eso es algo muy fuerte que hemos vivido. Cuando llegan a Tijuana y llevan tres meses atorados, esperando porque les deportaron o son retornados, ahí está la depresión. El sentido de su existencia que en ese momento era cruzar al otro lado para llegar a tener una vida diga o llegar a sobrevivir en muchos casos, no existe. 

Y la felicidad es tener un motivo para vivir, un motivo por el cual levantarse. La felicidad para nosotras no es estar alegre, todas las emociones son igual de válidas y necesarias en el camino de la existencia pero sí que la felicidad está atada a un concepto más existencial de tener un para qué. 

¿Cómo es el mundo con el que sueñan?

Noelia: Es un mundo sin fronteras. Y sí, un mundo sin fronteras no sólo hablando de los muros que levantan nuestros políticos y que son obvios. Un mundo sin fronteras también internas donde primero no las tengamos con nosotras mismas, no nos estemos juzgando. Porque todo eso nos hacemos a nosotras mismas lo estamos haciendo también con el mundo y ahí es donde se convierte en el maltrato hacia el otro. Hacia la otra desde el racismo, el clasismo, la discriminación hacia afuera.

Para nosotras el mundo utópico es donde cada quien se trabaja la relación con uno mismo y estuviera llena de amor propio para así compartirlo con los demás y no tener que reprimir u oprimir al de a lado para yo poder sentirme bien. También un mundo donde la educación consciente y humanista fuera realmente accesible y libre a todas las personas. No tan basada en conceptos y tipo de economía capitalista individualista que nos está llevando a estar en el momento social en el que estamos y en esta crisis existencial.

Gemma: Es una pregunta compleja. Últimamente nos pasa que soñamos mucho nuestro presente y eso nos hace felices pensando que realmente estamos viviendo y construyendo un presente que nos llena. Pero en relación al mundo, desde una mirada más global pues te diría un mundo más consciente, un mundo con personas más consientes y la conciencia empieza por este trabajo personal de una misma y uno mismo. Y ojalá pues cada une pudiera tener el espacio para esta sanación con su niña y niño interior y de ahí estoy y estamos convencidas que creemos plenamente y sinceramente en la transformación humana y social que eso conllevaría. Si todas podríamos y optáramos por endulzarnos en el camino de la sanación de nuestra niña y niño interior sí que sería un mundo con más compasión y más amor.   

La frase “ningún ser humano es ilegal”, ¿qué significa para ustedes?

Noelia: Significa que todas y todos venimos de la misma fuente. Que todas y todos pertenecemos a un mismo lugar sea cual sea el lugar. Para algunos es dios, para otros el universo, para otros es simple azar. Pero esa primera fuente a través de la cual todas y todos compartimos un territorio no entiende de diferencias. Entonces toda la diferencia, la discriminación, la ilegalidad que marcamos ahora es un concepto mental desde el antropocentrismo y el egoísmo del ser humano. Pero que carece de sentido en una perspectiva humana.

Y sí, creo que es una frase que no tiene ningún sentido si la escuchas y la ves desde el corazón. No tiene ningún sentido si esa frase que lees a través de la mente la bajas hacia el corazón te das cuenta que es completamente incongruente, no se entiende. Entonces para mí esa frase es algo que es muy fuerte que tengamos que reclamar. No se tendría que reclamar, no tendría que existir. Pero ahí existe como lema para algunos cerebros que están demasiado activos con corazones totalmente dormidos, despierten.

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Ilustración: Alma Ríos
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Georgina González

México (1991). Periodista independiente egresada de Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Le interesa escribir sobre las infinitas posibilidades de habitar el género y la identidad, así mismo sobre las resistencias de los movimientos sociales. Ha publicado en varios medios digitales como Kaja Negra, El Beisman, Revista Hysteria. Colaboró en Desastre MX.

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