Luisa Almaguer es una mujer trans mexicana que hace música, actúa y que en 2018 creó La Hora Trans, el primer podcast latinoamericano que cuenta historias de personas trans por personas trans.

 


 

A Luisa Almaguer (Ciudad de México, 1991) le arropan muchas cosas, una de ellas es La Hora Trans, otras son la música, el cine, sus amigas trans, la comida sin sufrimiento animal y sus perros. 

Luisa vive en Azcapotzalco, un barrio y alcaldía al norte de la Ciudad de México, junto a su hermano Rocko, su mamá, sus dos perros, su roomie Farid, el gato de Rocko, el perro de su mamá y el perro de Farid. “Somos ocho viviendo en una casa, ese es el desmadrito de mi familia”.

Luisa es una de las voces trans más potentes de los últimos años en México. Ahí a donde va asume su privilegio de ser una mujer trans de clase media y usa su voz para hablar de lo que le cruza, pero también de las desigualdades y la violencia que históricamente se ha ejercido contra la mayoría de las personas trans. 

El 6 de septiembre de 2018 la voz de Luisa Almaguer se escuchó por primera vez en Radio Nopal, una radio comunitaria. Ese día fue la primera transmisión en vivo de La Hora Trans, el único podcast latinoamericano hecho por una mujer trans donde personas trans cuentan sus historias.

La primera temporada de La Hora Trans es un repositorio de 10 episodios, 10 registros de la historia oral de personas trans contemporáneas de México. Para celebrar el fin de temporada en agosto de 2019 se llevó a cabo un encuentro con las diez personas que formaron parte de esa apuesta. A la distancia Luisa sostiene que ese “fue uno de los momentos más bellos de ese año”. 

Conversando con Luisa noté que algo en su voz es particular y es que cuando habla su ritmo oscila entre lo pausado y lo desenfadado. En ese vaivén me habló sobre su podcast, la vejez, comida vegana y mucho más. 

¿Cómo defines La Hora Trans? ¿Cuándo nace y cuál fue la motivación de su existencia?

La Hora Trans lo defino como un espacio separatista para personas trans y sus historias. Es muy simple y explica muy bien lo que hacemos. Yo tenía una necesidad —a parte de cantar y de lo que hago—, de hacer y hablar de otros temas y de entrevistar personas. En ese momento no existía ninguna referencia o un programa solo de personas trans. Me pareció entonces que fue una buena idea, que no había ese espacio y que había que hacerlo.

Desde tu perspectiva, ¿quiénes tienen derecho a contar historias de las identidades trans?

Las personas trans nomás. Porque ya es suficiente. No nos han dejado contar nuestras propias historias, nuestras historias han estado contadas a través de otras miradas, de otras experiencias que no son la trans y eso pasa por un filtro cis y hetero [cisgénero y heterosexual] que en realidad no te asegura que lo que te están contando es real o tiene cierta empatía o sensibilidad con las personas que lo viven. 

Ya es momento que empecemos a escribir nuestras propias historias, a tener nuestros podcast, a hacer nuestros discos, a hacer nuestras propias narrativas. Entonces por eso es importante que lo hagamos nosotres, quién mejor. Además, lo hacemos muy bien. 

¿A qué persona trans de América Latina te gustaría tener en La Hora Trans?

A mucha gente. Sería un lujo tener a Linn da Quebrada, esta brasileña increíble, aunque yo no hablo portugués ni ella español pero me encantaría, ¡sería cabrón, imagínate! También a Daniela Vega, sería padrísimo. Si en México todavía hay mucha gente que le estoy siguiendo la pista y que estoy detrás de elles, en América Latina también hay bastante bandita [gente] con la que me gustaría contactar, pero bueno, ojalá un día se arme [se concrete]. 

¿Cómo llegó a ti la palabra trans? ¿Qué sentiste y qué significa hoy para ti?

Recuerdo la primera vez que la gugleé tendría como 20 años y ya tenía esta inquietud, intuición. Pero cuando se desdobló el internet fue increíble. Fue como ver un espectro de posibilidades que yo no me había imaginado. 

Lo trans en mi vida estaba representado como la trans de estética, de barrio porque mi tía tenía una estética y la chica que le ayudaba era una mujer trans, entonces ese fue mi primer acercamiento desde niña, de verla en algunas comidas. Y ese era mi único referente, el de ser una persona marginada, molestada, que sí te aceptamos pero no del todo. 

Lo trans es mi vida. Yo creo que no hay día que pase donde no diga la palabra trans. Pero está bien y cada que lo digo, es hermoso, güey. Me encantan las personas trans, amo lo trans, obviamente sin dejar de ser crítica u observadora de muchas cosas. Pero en general la palabra significa mi vida, mi nacimiento y mi muerte supongo que también lo será. 

¿Qué te motiva?

Una cosa que me motiva mucho es cuando la banda [gente] se me acerca y me dice: “gracias por tu podcast, me acompaña, por el podcast he aprendido, he entendido” y eso es justo lo que a mí más me gusta, que acompañe a la banda [gente] en sus procesos. Porque de por sí el mundo se está yendo a la chingada pues eso lo hace un poco más amable, el sabernos no soles. 

Las personas trans me motivan mucho a hacer esto porque además soy consciente que soy una persona trans privilegiada y que con eso tengo que hacer algo. Eso me motiva. Me motiva saber que entre personas trans nos podemos apapachar, conjurar algo y protegernos. Eso quisiera seguir haciendo desde la música.

Y hay otras motivaciones que son más vanidosas, más pretenciosas, más personales. Me cruza que quiero la validación, me cruza que quiero estar activa, seguir haciendo cosas, que hay que llevar las croquetas cada quince días a la casa. 

Hay un verso en un poema de Ollie Schminkey que dice: “¡Nací en un mundo que no sabe lo que significa mi cuerpo!”, ¿cómo interpretas eso, qué te hace sentir?

Me identifica. Nací en un mundo donde la banda [la gente] no sabe muy bien cómo o en dónde ubicarme, qué decirme. Antes me daba mucha ansiedad que por ejemplo un taxista me dijera “joven” [en México es una forma de llamarle a los hombres jóvenes] o que alguien me dijera “carnal” [hermano, amigo]. Pero me daba más ansiedad por vanidad, por disforia, y yo quería hacer saber que: “No, veme estoy bien guapa, estoy bien mujer, estoy bien femme, estoy bien acá”. 

Y ahora no, ahora ya me cansa enojarme, angustiarme o ponerme ansiosa cuando me dicen eso. A veces lo disfruto como un juego pero todo bajo su dimensión, claro. Si es en un espacio de trabajo pues pongo el grito en el cielo o me lo madreo [lo golpeo] o algo. 

Y este verso también me remite a los afectos porque creo que es algo que compartimos mucho las personas trans —y es muy fuerte— es el sentirse incogible, imposibilitade para ser amade, ser entendide, ser deseade. Ahí también me orilla esa frase, a esa sensación y es de lo más culero [feo] que puede haber y no nos pasa nada más a nosotres, nos pasa un poco a todes. Y también es como una ola, viene y va. No es siempre y no siempre con la misma intensidad. Es muy complejo, es bien fuerte ese pedo [asunto].

Es muy complejo y es muy doloroso, pero es menos cuando hay alrededor de ti personas trans, lo comparten y hablamos de esto. 

¿Cuál es tu top 3 para comer vegano en la Ciudad de México? ¿Los tacos van con todo?

¡Uta! Pus me encanta Por siempre vegana, es la mejor taquería del mundo porque a quince pesos el taco, es una taquería popular como debe ser: con un chingo de complementos, salsas, limones y que cierra tarde. También me encanta ir a Pandemonium, las pizzas me vuelan, los pizza rolls me maman [me gustan muchísimo]. Y también me gusta el ramen en VRamen, ¡me muero! podría comer ahí diario. 

Los tacos sí, van con todo: salsa, cilantro, cebolla y ya. Y la salsa siempre prefiero la que pique más, pero claro que van con todo, menos carne, menos sufrimiento. 

¿Qué consejos le darías a Luisa de 8, 15 y 22 años?

¡Uta! De 8 años que… me diría que no tuviera tanto miedo. Me diría: Mi papá no es dios, güey. Y está bien pendejo, tú tranqui. Ni te asustes por lo que dice, perro que ladra no muerde. 

De 15 me diría que… ay, no sé. Últimamente he pensado en cuando era adolescente. Yo creo que me diría que me relajara, que disfrutara un poco más, que dejara el amor romántico y que nada significa nada. Me dejaría por ahí unos textos feministas, yo creo. Me diría: Acércate al feminismo, pendeja. 

A los 22 me habría dicho que tomara más agua, para empezar. Y no sé, porque creo que a los 22 las cosas ya estaban en su rumbo y acomodándose de cierta manera para estar más conciliada conmigo misma. Creo que me dejaría ser, pero quizá me diría que no me preocupara por la disforia, por mi voz, que es un proceso y será necesario. 

¿Cómo imaginas tu vejez?

Siempre he tenido una intuición, como una cierta premonición de que yo voy a acabar en una casa  muy sencilla, una especie de granja en el desierto, sola. 

No sé por qué siempre he tenido esa imagen y yo no había ido al desierto hasta este año. No lo conocía. No tenía ninguna conexión pero algo siempre me ha parecido extraordinario del desierto, como que me llama. Y siempre que pienso en mi vejez pienso en un sol cabrón [fuerte]. Y en mí vieja con algún perro, eso quisiera. 

Pero por otra parte también me imagino haciendo cosas por obtener agua, comida o plantando mi propia comida. Y es que ahora siempre estoy pensando en la autosuficiencia por el pedo [problema] ambiental. Siempre estoy con este pensamiento paranoico, intrusivo y culero [feo] de que me tengo que preparar para lo peor. Ahora a mis 28 el paso del tiempo lo veo de forma distinta y te das cuenta que sí pasa.

No me imagino para nada con hijos, nietos. Va a ser una vejez un poco solitaria pero eso no me angustia, me angustia no tener agua o comida. Pero eso vislumbro, un sol cabrón [fuerte], lo plano. No sé por qué. De lo único que estoy segura es que en mi vejez habrá un perro.

¿Quién es Luisa hoy?

¡Ay, no sé! O sea, estoy intentando hacer más cosas, más proyectos. Ahorita estoy en una etapa donde quiero actuar, quiero ser actriz. Acabo de hacer una película, quiero hacer más. Me encanta contar y escuchar historias. Me encanta el cine. 

Quiero estar bien de salud, quisiera estar bien en general. De salud mental estoy mejor porque también es un pedo estar lidiando con eso, con ser TLP [Trastorno Límite de la Personalidad]. 

Pero ahorita estoy tranquila, estoy contenta. Creo que fue un año maravilloso pero también estoy en la incertidumbre —como todes, creocon lo que va a pasar en el mundo. Pero por lo pronto, acabando el 2019 estoy tranquila y ojalá así siga el resto de mi vida, por favor.

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Ilustración: Alma Ríos
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Georgina González

México (1991). Periodista independiente egresada de Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Le interesa escribir sobre las infinitas posibilidades de habitar el género y la identidad, así mismo sobre las resistencias de los movimientos sociales. Ha publicado en varios medios digitales como Kaja Negra, El Beisman, Revista Hysteria. Colaboró en Desastre MX.

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