#EntrevistasLATAM, conversaciones a partir de 10 preguntas con personas que están transformando la región.


Texto: Lizbeth Hernández
Ilustración: Alma Ríos

A Libia Brenda (México, 1974) le gusta decir que hace libros. También ha hecho fanzines y revistas. Ha escrito cuentos y distintos artículos. Desde 1996 se dedica a la literatura de la imaginación, una forma de ir más allá de la ciencia ficción.

Una también podría decir que Libia es una mujer que imagina. Y ahí, en ese acto de imaginar, cabe todo. Libia ha colaborado en distintos proyectos: desde talleres hasta festivales.

Este 2019, Libia ha sido nominada a los Premios Hugo, los reconocimientos más importantes que se otorgan a obras de ciencia ficción en el mundo. Es la primera mexicana que contiende en este reconocimiento.

El trabajo que llevó a Libia a esta nominación fue el que hizo como editora de Una realidad más amplia. Historias de la periferia bicultural que contiene 13 historias escritas por personas mexicanas y mexicoamericanas. Esta antología tiene como inspiración a The Mexicanx Initiative de John Picacio, un proyecto que llevó a creadores mexicanos que trabajan con la ciencia ficción y la fantasía al evento cumbre de este género, la Worldcon 2018.

Para acudir a Dublín, donde se llevará a cabo la premiación de los Hugo, Libia lanzó una campaña de crowdfunding. Logró llegar a su meta en dos días. Uno de los donadores fue el director de cine Guillermo del Toro. Tras el resultado, Libia se puso una nueva meta y amplió su campaña de fondeo para realizar la antología Una realidad más amplia 2.0/A Larger Reality 2.0.

Conversamos con Libia Brenda para saber, entre otras cosas, qué la hace imaginar.

¿Qué es la literatura de ciencia ficción para ti?

Es mi casa. Es un espacio de mucha libertad y creatividad y, por lo mismo, de mucha responsabilidad. Es uno de los lugares en los que más me divierto y que me hace preguntarme cosas que no observo en otras partes. Es también una etiqueta fluida, no solo es “ciencia ficción”, sino literatura fantástica, especulativa, que no se ciñe a los límites del realismo. Es la literatura que más me sorprende; es la que más tengo ganas de leer (sobre todo de unos años acá) y la que más quiero escribir, la que más retos me plantea.

Describe el momento en que te diste cuenta de que querías dedicarte a escribir.

No sé si me di cuenta, pero cuando iba en segundo de secundaria empecé a inventar historias que eran como peliculitas de acción en las que Blancanieves era la jefa de una banda de motociclistas (los enanos, obvio) y mis compañeritos de salón eran los coprotagonistas. Me divertía mucho escribiendo esas tonterías en una máquina de escribir que nunca fue mía, y creo que desde ahí nunca he dejado de escribir, incluso cuando no estoy escribiendo de manera “activa”, porque en realidad soy muy lenta y muy miedosa, así que escribir no ha sido fácil. Paradójicamente, siempre me he considerado esa persona que “quiere ser escritora”. Pf, ¿cuál es la puerta de la oficina de la terapeuta, por favor?

Si te dijeran que puedes diseñar una ciudad, ¿qué no faltaría en ella?

Ay, ojalá fuera más original mi respuesta, pero mi ciudad tendría por fuerza un sistema eficiente de servicios para todas y todos sus habitantes: transporte público barato y eficiente, agua corriente y potable, recolección y reciclado eficiente de desechos, recolección pluvial y reúso de agua, sistema de baños secos en lugar de excusados; las calles serían transitables, seguras para las mujeres y poblaciones vulnerables, y con banquetas lo suficientemente anchas para caminar de dos o tres en fondo, sin baches ni irregularidades; tampoco faltarían áreas verdes y huertos urbanos […] No faltarían librerías, claro, y los precios serían justos (y no existiría el sistema pinchísimo de la “mesa de novedades”, en que los libros tienen fecha de caducidad, como los yogurt). Y también habría límites: límite para el número de automóviles por número de personas, límite de construcción y explotación inmobiliaria; no faltaría espacio y tendría que ser una ciudad no demasiado grande. Habría trueque para muchas cosas, sobre todo las más cotidianas como reparación de objetos que pueden perdurar, algunos alimentos y algunos servicios. Tampoco faltarían decretos como el de cambiar los centros comerciales como son ahora: no serían un cubo de cemento en el que no se ve la luz del día. Habría también muchas áreas de ocio y de descanso en todos lados, con bancas, espacios sombreados, buenos baños públicos gratuitos y sin escándalo. El comercio no tendría que ser feroz, porque el sistema de vida lo permitiría, y cómo podríamos transportarnos y comer sin que eso nos llevara demasiado tiempo, energía ni dinero, estaríamos en una mejor situación […] ¿Será una utopía? Espero que no, porque las utopías no son del todo satisfactorias, pero sobre todo, porque quisiera que pudiéramos alcanzar a vivir así pronto (no así de modo literal, así en cuanto a bienestar). Y algo importante que no faltaría sería silencio, silencio de quietud, silencio de tranquilidad, de descanso, de paz.

¿A qué novelas, cuentos o poemas recurres cuando necesitas recobrar fuerza y/o imaginación?

Hasta hace pocos años, recurría muchísimo a Cortázar y a Tolkien luego fui cambiando y ahora recurro mucho al blog de Úrsula K. Le Guin (que se actualizaba irregularmente mientras ella estuvo viva) y a sus ensayos y artículos; también de ella recurro mucho a la saga de Terramar, en especial el libro uno, Un mango de Terramar y el cuatro, Tehanu. Recurro mucho desde hace años a Kalpa Imperial de Angélica Gorodischer, en especial a “Retrato de la emperatriz” y a “El fin de una dinastía o Historia Natural de los hurones”. Acabo de releer por tercera vez The Ocean at the End of the Lane, de Neil Gaiman. Y Terry Pratchett y Jorge Ibargüengoitia nunca me fallan cuando necesito reírme mucho para recuperarme de algo. Lorca también es un bálsamo, y cachitos del Quijote, que nunca he leído de un tirón. Hay un álbum ilustrado que siempre me devuelve la maravilla, Los misterios del señor Burdick, de Chris Van Allsburg, es un detonador genial. Y seguramente, si me preguntas lo mismo en diez años, al menos la mitad de mis respuestas habrá cambiado.

¿Tienes un meme favorito? ¿Cuál es?

El que más me gusta ver es el del chico que va con su supuesta novia y voltea a ver a otra chica que acaba de pasar, es inagotable, y no importa para qué se use, siempre funciona. Los que más me gusta usar (soy rebásica) son de bailar de gusto, de estar hasta la madre o de estar muy conmovida.

¿Tienes alguna expectativa sobre el Hugo Award?

En realidad no. No quiero hacerme expectativas porque es un asunto que me sobrepasa. Ganar está difícil, por los muchísimos factores que influyen en la decisión, uno de los cuales es que las cuatro personas que compartimos esta nominación (Julia Rios, John Picacio, Pablo Defendini y yo) somos “las más morenas” de lxs seis contendientes en la categoría de Best Related Work, eso lo dijo John en Twitter (creo, y de manera más articulada, seguro) hace poco, y creo que políticamente, en este momento, eso puede significar que o mucha gente se inclina por votar por “lo de siempre” (señores blancos, medio viejones, haciendo lo que se viene haciendo en la CF desde los años 30) o que la balanza se puede inclinar a nuestro favor, si la gente que vota decide que nos va a dar su apoyo; pero para eso también intervienen muchos factores, así que… si alguna expectativa tuviera, prefiero que sea la de pasarla muy bien en la Worldcon y en la ceremonia de entrega de los Hugo (tengo que ir vestida para “alfombra roja”, lo bueno es que es alfombra roja nerd), hacer lo mejor que pueda.

¿Qué te gustaría que pasara con Una realidad más amplia 2.0/A Larger Reality 2.0?

Que genere movimiento y contribuya a que mucha gente, de muchos países, lea y vea ese material. Y quiero que eso sirva como plataforma, no solo para que se conozca nuestro trabajo en países de habla inglesa (o que lean en inglés), sino que también sirva para que nos conozcamos entre nosotrxs; en México no conocemos tanto el trabajo de la gente mexicoamericana y viceversa; incluso en México mismo podemos leernos más. También necesitamos abrir más el diálogo en toda Latinoamérica, al menos en cuanto a literatura de la imaginación se refiere; y obvio queremos dialogar con España. Entonces, publicar un proyecto gratuito, para compartir, accesible y descargable, puede significar que ese sea un buen punto de partida y un punto de referencia; obvio no es el único, pero la lista de colaboradoras(es) está superchida, y eso siempre ayuda a atraer la atención. Ya sé que sueno muy ingenua, pero la verdad ya no me importa, creo que por vías como esta nos pueden leer agentes, editoras, publishers, otros(as) escritores(as), lectoras(es) (por supuesto), es decir, creo que puede servir para tender puentes y abrir puertas, además de que, en sí mismo, quiero que sea un proyecto atractivo y que plantee formas de publicación que no se ciñen al mercado que conocemos. Insisto, no es algo que yo esté inventando, pero quiero contribuir y esta es mi forma de hacerlo.

¿Qué nos dice la literatura de ciencia ficción del mundo que vivimos?

Que lo hemos estado haciendo mal, la verdad. Pero también que podemos hacerlo mejor y que además ya estamos tardándonos. No es que nos regañe o nos dé órdenes, pero un buen ejemplo es que desde hace un tiempo, es muy común que se hagan infografías o artículos en los que se comparan las supuestas predicciones de la ciencia ficción con eso que llamamos realidad. A ver, desde siempre ha habido una retroalimentación entre la literatura especulativa y los avances tecnológicos y científicos, pero eso no quiere decir que tengan que anunciarse entre sí, solo que a veces van en paralelo. La manera que tiene la ciencia ficción de observar el mundo tiene la ventaja de que no se queda en una descripción, sino que va más allá, por eso casi siempre la asociamos con hechos por venir. Pero justo por ese análisis y ese horizonte de posibilidades es que nos sirve para examinar y para reflexionar. Ahora mismo hay asuntos urgentes como el desastre climático, el racismo, las injusticias y desigualdades (que han sido urgentes desde hace mucho, pero nos sigue faltando mucho) y la ciencia ficción lleva décadas hablando de eso, a veces muy notoriamente y otras, por lo bajo, a su ritmo. Lo bueno es que incluso leer esa literatura nos pone en perspectiva, porque el solo hecho de que se publique y se popularice, es un buen indicador. Por ejemplo, todavía hace unos años una autora como Joanne Rowling tenía que ocultar su nombre para que la aceptara el mercado; ahora, N. K. Jemisin es cada vez más Nora, su nombre, y ganó tres Hugos al hilo, por una trilogía, es una mujer de color que plantea en sus libros asuntos muy contemporáneos por medio de una literatura hermosa, compleja y muy comprometida con su causa; creo que ese es un buen indicador de que ahí la llevamos. Otro ejemplo es el cuento de Gabriela Damián “Soñarán en el jardín”, que ganó un premio feminista de ciencia ficción en Estados Unidos, el James Tiptree, Jr. (una autora que se ponía nombre de hombre, por cierto, en un mundo de señores blancos que juraban que las mujeres no podíamos escribir chido), la autora nos dice que miremos lo que está pasando, sí, pero que podemos encontrar vías para cambiarlo, y nos da esperanza de que podemos vivir en un mundo mejor.

¿A qué escritora te gustaría entrevistar? ¿Por qué?

Me encantaría viajar en el tiempo y entrevistar a Ursula K. Le Guin, quien falleció en 2018, (nada original mi respuesta, sobre todo ahora que todo mundo la ha leído), porque me parece una mujer fascinante y porque la gente anciana es, en sí misma, un tesoro de sabiduría y experiencias; también porque le tengo mucho amor como lectora y como alguien que quiere tener una voz así de contundente y un oficio así de acabado. A Angélica Gorodischer, por razones parecidas, además de que ella es argentina y mi relación literaria con ese país es fortísima.

¿Qué olores te gustaría llevarte al espacio?

El olor a pan recién horneado. El olor a lugar recién llovido. El olor de manzanas crujientes y de bergamota. El olor a bosque (que son muchos olores combinados). El olor de aire que sopla y que parece no oler a nada, pero que tiene su propia esencia cuando está limpio.