El proyecto del aborto en Argentina, que está a la espera de ser aprobado o rechazado, es una iniciativa histórica en la región, ya que por primera vez el texto usa el término “cuerpos gestantes” para incluir a todas las personas que abortan, no solo a las mujeres y reconoce la atención a quienes tengan capacidad de gestar.


 

Texto: Karla Pérez González (Cuba) y Julieta Núñez Tomas (Uruguay)

El proyecto “Regulación del Acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención postaborto” en Argentina alcanzó, el pasado 10 de diciembre,  media sanción en la Cámara de Diputados y fue dirigido al Senado para su aprobación o rechazo: si se aprueba, el aborto en Argentina será ley. Pero pase lo que pase en los próximos días, el proyecto del aborto en Argentina ya es una iniciativa histórica en la región, ya que por primera vez el texto usa el término “cuerpos gestantes” para incluir a todas las personas que abortan, no solo a las mujeres.

Con el empleo de estas dos palabras se reconoce la atención a quienes tengan capacidad de gestar: hombres trans, personas no binarias, lesbianas y otras identidades de género que pueden embarazarse.

El artículo 5 del proyecto indica: “el personal de salud debe observar un trato digno, respetando las convicciones personales y morales de la paciente, para erradicar prácticas que perpetúan el ejercicio de violencia contra las mujeres y personas con otras identidades de género con capacidad de gestar”.

Tomás Máscolo, activista argentino, quien se ha practicado en dos ocasiones este procedimiento, apoya el proyecto, pues para él comienza a derrumbar el mito de que solo mujeres cisgénero mueren por la clandestinidad de los abortos: 

“Descubrí que la clandestinidad es algo que une a todos los hombres trans con la pelea del derecho al aborto legal”.

Aunque la información sobre el aborto en hombres trans sigue siendo escasa, Máscolo ha notado que la visibilidad sobre el tema aumentó en lo últimos años.

Por otra parte, la abogada y exjueza uruguaya Ana Lima explicó a Distintas Latitudes que “es muy importante” que la “categoría” de cuerpos gestantes esté en la normativa porque la población trans y LGBTIQ+ ha sido históricamente discriminada y lo sigue siendo.

“Tener la posibilidad de una ley en la que ese universo de personas quede comprendida me parece una apuesta interesante en términos de derechos”, afirmó. 

De todas maneras Lima, que también tuvo un rol destacado en el proceso de aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Uruguay, señaló que si bien “es un concepto más abarcativo e inclusivo”, no cree que “dé más protección” que la que da la ley en Uruguay y mencionó que no conoce en Uruguay ningún caso de masculinidades trans que no hayan podido acceder al aborto legal por su identidad.

Más allá del término: ¿se sienten realmente incluidos los hombres trans en esta discusión?

De manera formal y simbólica, el proyecto de ley reconoce la existencia de otras identidades de género que también llevan a cabo este procedimiento en el país sudamericano. Sin embargo, ¿se sienten realmente protegidas en esta discusión?

Según declaró a Distintas Latitudes el académico y filósofo argentino Blas Radi, la justicia reproductiva para los hombres trans no se alcanza con una ley que utilice las palabras “cuerpos gestantes”.

“Lo que está en juego para las personas transmasculinas no es un cambio retórico, sino el reconocimiento de nuestra agenda política, del trabajo intelectual que desarrollamos y la participación en igualdad de condiciones del diseño, implementación y monitoreo de legislación, políticas públicas e iniciativas políticas en materia de salud y derechos reproductivos. Esa participación no se garantiza meramente agregando expresiones como ‘cuerpos con capacidad de gestar’ o ‘personas gestantes’ al texto de una ley pensada por y para mujeres cis”, explicó el también activista.

Radi, quien trabaja hace una década en cuestiones de salud y derechos reproductivos de población trans, considera que incluso durante la elaboración de la ley se ha invisibilizado la labor de años de activistas transmasculinos.

“Hoy distintos medios locales y extranjeros ponen de relieve el carácter inclusivo de la ley argentina, como si fuera el resultado de un proceso espontáneo o, incluso, como si fuera producto de la predisposición y hospitalidad del movimiento feminista. De esta manera, para empezar, se borra el trabajo de quienes estuvimos promoviendo iniciativas de justicia reproductiva durante años. Esa fórmula inclusiva la tuvimos que disputar y si está ahí no es gracias a las compañeras, por el contrario, está ahí a pesar de todos los esfuerzos que muchas de ellas han hecho para evitarlo. Así que esa celebración ingenua borra la genealogía de los términos y borra también las resistencias que muchos espacios feministas por el derecho al aborto opusieron a toda posibilidad de articulación con personas transmasculinas. Y, además, se borra que nuestro esfuerzo de estos últimos 10 años no era solamente para incluir un término sino para cambiar la lógica de participación política. Eso nunca ocurrió. No está ocurriendo ahora tampoco. Y no porque no lo hayamos intentado”, señala.

 

Foto: Nico Avelluto.

Foto: Nico Avelluto.

 

La clandestinidad sigue siendo ley en Latinoamérica

En América Latina, sólo Cuba, Uruguay, Puerto Rico, Guyana, Guayana Francesa y dos estados de México (Oaxaca y Ciudad de México) cuentan con interrupción legal del embarazo sin necesidad de causales. Pero ninguno de los anteriores incluye en su ley la referencia a otros cuerpos gestantes fuera de las mujeres cisgénero.

En el resto de países, las personas no pueden abortar libremente sin riesgo de ir a la cárcel o de fallecer. ¿Abortaste porque no era un embarazo deseado? Las autoridades pueden condenarte a prisión. Para quienes lo hacen clandestinamente, sin supervisión de especialistas, también supone otras complicaciones para la salud.

Costa Rica, el único estado confesional del continente, solo permite el aborto en caso de que la vida de la persona gestante peligre.

“No es punible el aborto practicado con consentimiento de la mujer por un médico o por una obstétrica autorizada, cuando no hubiere sido posible la intervención del primero, si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y éste no ha podido ser evitado por otros medios”, reza el artículo 121 del Código Penal.

Lamentablemente en estos escenarios los hombres trans y otras identidades con capacidad de gestar son más vulnerables aún, como explica el psicólogo y activista costarricense, Tomás Campos.

“El hecho de que no se nos nombre como hombres trans específicamente también es un tema de invisibilización y es un tema de riesgo a la hora de que algún compañero necesite participar en este procedimiento de interrupción terapéutica, porque podemos recibir una serie de violencia institucional y social muy grande”, dijo.

Cuando una persona trans o no binaria aborta en estos contextos hostiles hay que sumarle otras violencias.

“Además de la violencia que ya sufren los cuerpos feminizados de las mujeres cisgénero, está la anulación completa de la identidad. A los hombres trans se les va a tratar como mujeres al llegar a un hospital. He escuchado que a los hombres trans se les dice que son mujeres, que si son tan hombres por qué se embarazaron. En el sistema de salud la violencia es más simbólica, más sistémica, estructural: los insultos, la asignación de camas en espacios de mujeres sin siquiera preguntarnos”, añadió.

 

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Este contenido fue parte de un reto periodístico asignado a la 5ta generación de la #RedLATAM de Jóvenes Periodistas. Aquí puedes leer toda la cobertura relativa al #AbortoLegal2020.

Imagen de portada: Alma Ríos.

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