Texto: Laura Cerón

Hace un par décadas, el conflicto armado colombiano obligó a que cientos de familias se desplazaran del lugar donde vivían a otro en busca de seguridad y refugio. Esto, por supuesto, trajo como consecuencia la búsqueda de nuevas formas de empleo que en su gran mayoría se dieron de una manera informal.

La recolección de residuos se convirtió así en uno de los trabajos más recurrentes. Con costal en mano, hombres, mujeres y niños recorrían las calles de la ciudad recogiendo materiales que encontraban en la basura y que podrían intercambiar por dinero. Sin embargo, bajo estas condiciones, lograr las cualidades necesarias para tener una vida digna se hacían más difíciles.

Como éste, los casos en América Latina se multiplican. A pesar de la diferencia en sus contextos, la recolección de material reciclable responde a las necesidades de poblaciones que están en condiciones de vulnerabilidad. Sumado a esto, la desventaja es mayor dado el estigma con el que cuenta este oficio.

Con el tiempo las circunstancias bajo las cuales se desarrolla esta labor han tenido que transformarse. ¿De qué formas se ha fortalecido el gremio? Para dar luces frente al tema se reunieron Exequiel Estay, representante de la Red Lacre de Chile; Laura Guanoluisa, representante de la Red Nacional de Recicladores del Ecuador; Sergio Sánchez, de la Federación Nacional de Cartoneros de Buenos Aires;  Roselaine Mendes Ferreira, lideresa del Movimiento Nacional de Recicladores de Brasil; Zilda Veloso del Ministerio Nacional de Medio Ambiente de Brasil; Federico Parra, representante de WIEGO y Jadira Vivanco, Asesora de Dirección de Desarrollo Sectorial del Ministerio de Vivienda de Colombia.

Los panelistas hicieron parte del taller  “Estrategias de Fortalecimiento y formalización de Organizaciones de Recicladores” que se realizó en el primer día de la Cumbre Latinoamérica Recicla, una iniciativa que promueve la creación de espacios conjuntos de discusión entre los recicladores de la región, así como las empresas privadas y el sector público.

Federico Parra dijo que el fortalecimiento de los recicladores se debe en gran parte al reconocimiento que se hace de ellos y de los procesos organizativos que adelantan desde sus familias, los territorios donde viven, los territorios de recolección y las relaciones que han creado con otros actores de la cadena.

“Tenemos voz y sabemos cómo hacer nuestro trabajo”, afirmó Exequiel Estay. Esto es fundamental, pues sólo desde el reconocimiento activo de los y las recicladoras se han podido lograr acuerdos de base para la formalización de las cooperativas recicladoras.

La normatividad que existe en Latinoamérica frente al tema de la recolección de residuos es tan singular como los países mismos. El sector público enfrenta varios retos, pues no solo debe garantizar su reconocimiento sino brindar las condiciones  necesarias para que esta labor se desarrolle plenamente.

¿Qué se debe garantizar? El acceso cierto y seguro al reciclaje, la permanencia y crecimiento de las personas que ejercen esta labor, la promoción de la separación de residuos en la fuente, la remuneración por el servicio que prestan y una gradualidad que apunte de la informalidad a la asociación y reconocimiento como proveedores de un servicio en las ciudades.

Sin embargo, el reto es grande. Tan solo en Bogotá las cifras de informalidad alcanzan el 70% entre los 20 mil recicladores que trabajan diariamente. Para lograr que la formalidad sea la base, al menos en el caso Colombia, el Ministerio de Vivienda lanzó durante 2016 el Decreto 596 de carácter transitorio, el cual obliga a que los municipios y distritos que cuentan con esquemas operativos de aprovechamiento, realicen los ajustes necesarios.

Casos como Brasil y Argentina también han hecho avances en la normatividad. Zilda Veloso recordó que la reglamentación de los recicladores se dio desde  2003 en Brasil. Allí a pesar de la diferencia entre los casos se lograron acciones concretas de gobierno para la construcción de cooperativas y redes.

Todo esto se dio en parte gracias a que los recicladores exigieron el reconocimiento del trabajo de su organización con una postura económica y política de forma sólida. Hoy en día, lugares como Curitiba a través de su prefactura contratan a 23 organizaciones de base que proveen el servicio de recolección de servicios.

Sin embargo, el gran desafío de la formalización reside en que este concepto tiene diferentes significados entre los actores que participan. Los requisitos se cumplen de diferente forma de acuerdo al grado de formalidad en el que se encuentran los recicladores. Además, la libre competencia se da de diferentes formas en otros países, lo que pone en tensión la cooperatividad que supone la formalización de los recicladores versus las  empresas que empiezan a competir con ellos.

Los desafíos en materia de formalización son múltiples, pero es en el diálogo conjunto que se han abierto las puertas para la formalización del sector. “Exigir y promover que el pago por servicios se dé en América Latina no es un simple homenaje a que somos buenos. Es decir que los gobiernos y las empresas reconozcan que nosotros existimos, y qué mejor forma que pagándonos por nuestro trabajo”, afirmó Exequiel.  

Distintas Latitudes realiza la cobertura de los paneles y conferencias de Latinoamérica Recicla 2018.

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